El lingüista norteamericano Benjamin Lee-Whorf formuló en los años cuarenta del siglo pasado la teoría del determinismo lingüístico, también llamada hipótesis Sapir-Whorf, que planteaba la relación entre el lenguaje y la manera de comprender la realidad de las personas. En su acepción más radical, la teoría proponía que la estructura de la lengua materna determina totalmente la forma de percibir el mundo del hablante. Así, si la palabra para un concepto dado no existe en un idioma, sus hablantes serían incapaces de comprender este concepto.

Esta versión radical de la teoría levantó gran controversia y fue rebatida. No contar con palabras concretas para, por ejemplo, un animal, un tipo específico de color y consistencia de nieve o una emoción, no implica que estos no sean percibidos, experimentados, identificados en su singularidad por el hablante de otra lengua. Simplemente, no se cuenta con la palabra concreta  para identificarlos, y se habrá de echar mano de perífrasis o circunloquios.

Lo que no se nombra…

Sin embargo, la versión débil de la teoría, también conocida como teoría del relativismo lingüístico, sí fue tomada en consideración. Si bien la lengua no determina nuestra percepción de manera directa, sí influye en ella y la mediatiza. Dando la vuelta a la cita de George Steiner, aquello que se nombra denota una importancia, afirma su existencia en la cultura de los hablantes de una lengua; transmite un valor, un uso y una actualidad. Las palabras intraducibles de otros idiomas demuestran esta diversidad de intereses y visiones y hete aquí algunas especialmente interesantes.

De relaciones y emociones

Con el lenguaje se marcan las relaciones sociales. Hay palabras que categorizan a los miembros del grupo, que definen su posición en él o que caracterizan sus comunicaciones. Los Kiriwina de Nueva Guinea llaman mokita a esa verdad que todos saben, pero nadie dice en voz alta: La devota criada del cura en el pueblo, el pariente que abusa de la botella… Todos son mokita.

Siguiendo en los terrenos de lo latente, los Yagan, una tribu nómada de Tierra de Fuego, tienen la maravillosa mamihlapinatapei : Una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar.

In the mood for love | Fuente: Giphy.com vía http://juliette-binoches.tumblr.com/

En el otro extremo de al amor anticipado, está el amor perdido. En ruso, razbliuto es el sentimiento de afecto y cariño a una persona a la que un día se amó, pero ya no.

Una sensación probablemente teñida de saudade, la conocidísima palabra intraducible portuguesa que es suma de nostalgia, melancolía y anhelo, fuente de corrientes literarias y filosóficas, y núcleo de obras como Libro del desasosiego de Fernando Pessoa.

Más que una experiencia estética

Siguiendo la estela de las emociones ambivalentes, los japoneses cuentan con mono-no-aware o aware, un concepto que introduce la variable de la experiencia estética: un estado engendrado ante la contemplación de la belleza efímera de las cosas; un paisaje otoñal, los cerezos en flor… Una conciencia de la impermanencia o transitoriedad de la vida acompañada de una sensación de melancolía y tristeza.

Hay vocablos que describen un hecho tan común como la contemplación de la belleza. | Fuente: Pixabay.com , @Pezibear

En sánscrito rasa describe la emoción o sentimiento generado ante el placer estético, una resonancia de gran poder emocional que se siente cuando una persona experimenta una obra de arte.

Un nombre para todo

Muchas palabras intraducibles resumen emociones y sensaciones, aunque no todas son positivas. Es el caso del Schaudenfreude alemán, la alegría producida por el sufrimiento o la infelicidad del otro.

Estos nuevos vocablos también se refieren a temas más concretos y propios de su entorno y pueden ser realmente pintorescos e incomprensibles para los forasteros. como el Koro japonés, que describe el miedo irracional al encogimiento del pene.

La demostración de este relativismo pone también en evidencia la insuficiencia de las palabras para ayudarnos describir eso que llamamos realidad (sea interna, en cuanto a lo emocional) sea externa en cuanto a lo fenomenológico. Por eso el intercambio con otras lenguas, al contrario que el supuesto desencuentro preconizado en la maldición de la torre de Babel es una gran oportunidad de enriquecimiento.

Pieter Bruegel the Elder – La torre de Babel (Vienna) | Fuente: Google Art Project. Wikipedia.

A veces estas palabras se toman prestadas (como la global Zeitgeist, del alemán: el alma o sentido de un periodo particular en la historia, como reflejo de las ideas y creencias del momento) y entran a formar parte del discurso de la lengua propia. En otros casos, su valor está demasiado ligado a experiencias que se desconocen y que resultan demasiado lejanas. Aun así, el ejercicio de cambio de perspectiva que supone adentrarse en ellas resulta igualmente apasionante, un buen ejercicio de μετανοῖεν.

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