Fernando Pessoa

Fernando Pessoa y el Libro del desasosiego: la lectura desdoblada

De Libro del desasosiego escribió uno de sus primeros y esforzados editores, Richard Zenith, que es un libro en ruinas, un libro en potencia, un anti-libro. Para empezar, porque a nivel formal es una obra inacabada, compendio póstumo de las notas y borradores del autor. Y para seguir, porque precisamente el carácter improvisado de las anotaciones, así como la diversidad y cariz de los temas que tratan, genera múltiples e inspiradas lecturas .

Fernando Pessoa
Fernando Pessoa

La fuente de Libro del desasosiego es un conjunto de más de quinientos fragmentos, muchos inconclusos, que el escritor luso Fernando Pessoa escribió entre 1913 y su fallecimiento en 1935. No obstante, no fue hasta 1982 cuando se publicó la primera compilación. Desde entonces  cada nueva edición reclama un nuevo orden, más  fidedigno que el anterior, sea a la cronología o a la intención del autor, elimina algún pedazo o consigue descifrar las palabras ilegibles de los manuscritos originales.

Un Pessoa sin sosiego

Pese a ser una obra inédita en vida de Pessoa, este sí tuvo presente el libro como proyecto creativo, al cual dotó del título que ahora tiene y de autoría. Bernardo Soares, uno entre las decenas de heterónimos que construyen la obra pessoana.

Fernando Pessoa || Wikimedia Commons

Soares es un alter-ego oficinista, un gris auxiliar contable que escribe una suerte de dietario, un diverso espectro de notas, disquisiciones y sentencias, en torno a la vida, Dios, la muerte, el amor o la literatura.

Libro del Desasosiego no tiene estructura determinada ni unidad temática.  Se pueden señalar en él, sin embargo, algunos temas recurrentes.

Por ejemplo, un cuestionamiento del valor de la realidad física confrontada con el mundo interior. La primera es retratada como algo ajeno y tedioso.  Así, Soares desprecia las aspiraciones mundanas, la mediocridad de la vida diaria e incluso las reivindicaciones sociales.

En su lugar la imaginación y los sueños son el verdadero espacio de desarrollo para el hombre. La vida, si es que se vive, ha de ser en pensamientos.

Fernando Pessoa
La calle de la oficina de Bernardo Soares.|| JB55 en Flickr

La visión de Pessoa

No se trata de promulgar un idealismo, al contrario, es el escepticismo la nota predominante. Por ello, el amor no es más que la realización de un acto egoísta: “nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien. Es un concepto nuestro – es, en suma, a nosotros mismos – lo que amamos”.

La sospecha alcanza, incluso, al valor del propio Yo. Hay una duda constante sobre la propia conciencia, que se advierte cambiante y huidiza: “soy como alguien que busca al azar, no sabiendo dónde se ocultó el objeto que nunca le dijeron lo que era. Jugamos al escondite con nadie”.

Esta falta de sentido, tanto en la vida como en la validez del propio sujeto, lleva a una  melancolía lúcida. La obra carga con una tristeza omnipresente, fruto de las ilusiones perdidas y la nostalgia por lo que nunca llegó a suceder: “estoy triste mucho más abajo de la conciencia”. Lo dice Bernardo Soares desde un hastío que supera el “spleen” baudeleriano. El libro es el  relato de una derrota, a veces descarnado, en las relaciones con los otros, con Dios o con el amor.

Fernando Pessoa
Lisboa- Angel Escartin Casas flickr

Sólo la literatura parece ofrecer un cierto punto de agarre, pues es en la creación literaria donde se atisba una posible fuente de verdad. En efecto, son comunes las reflexiones sobre el arte literario,  el placer de la lectura de los clásicos o incluso las reflexiones prácticas sobre la composición, inolvidable la construcción de la metáfora de una espiral.  

Libro del Desasosiego recuerda a uno de esos cuentos infantiles que al abrirse, despliega en el cartón figuras tridimensionales. De cada página surgen las formas y de cada forma las historias. En Libro del Desasosiego la capacidad de evocación de un par de frases se eleva, interpela al lector, le llama al subrayado o a marcar la punta de la página. Le mueve, tal vez sin un fin conocido, a desdoblarse hacia la nada.

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