Se ha vuelto una noble faena el tratar de preservar el uso de la lengua madre a cualquier costo que la gente suele olvidarse de cómo su idioma nativo se conformó. Se podría decir que el clasicismo en las lenguas se ha vuelto una obsesión muy poco verídica, ya que la participación de los préstamos lingüísticos es muy presente en todos los idiomas del mundo.

Arquitectura típica y un hombre

Anciano observando puertas adentro. || pexels.com

¿Qué son los préstamos en los idiomas?

Los préstamos lingüísticos son términos que se adaptan de un idioma a otro. Normalmente resultan de la influencia cultural de los hablantes del primero sobre los del segundo. Estás palabras se encuentran agrupadas en diferentes categorías, pero pese a su categorización, la aceptación de ciertas “personas clásicas” devotas a una raíz superficial es difícil de obtener. Estos extranjerismos se dividen en dos principales: los adaptados gramaticalmente y los no adaptados.

Por ejemplo, las palabras como pizza, hardware, holding, eau de toilette, etc. Conservan la forma gramatical y fonética de la palabra extranjera y, sin embargo, se suelen utilizar como si fueran parte de nuestro vocablo nativo. Por otro lado, los extranjerismos adaptados tales como fútbol, chalé, yogur, gol, cofia, etc. Son ciertamente aceptados porque fueron cambiados para la comodidad del hablante en español. No obstante, Ambas categorías siguen perteneciendo a los extranjerismos.

Cabe destacar que estas palabras tomadas directamente de otros idiomas también, a su vez, forman parte de nuestro idioma sin importar si el término fue adaptado a nuestro sistema fonético o no, porque en caso de ser adaptado, la raíz de esa palabra sigue siendo puramente extranjera. Un claro ejemplo es la palabra perro/perrito caliente que fue brutalmente adaptada al haberla traducido del inglés al español hot dog. Socialmente está aceptado decir “perro/perrito caliente” y no hot dog, mientras que pizza o software, cuyas morfologías son exclusivamente extranjeras, son aceptadas.

Este conflicto lingüístico recae no sólo en un problema cultural, sino que también social. El idioma es una convención de la sociedad. Por tanto se declara, sin norma escrita, qué términos se deben usar y cuáles no.

Este conflicto regente se ha convertido en una paradoja sin fin. Miren Usunáriz Iribertegui, a través de las Cartas al Director de El País, declaró su postura con respecto a este tema. Dijo que “si se cuenta con vocabulario autóctono abundante, ¿para qué recurrir constantemente a extranjerismos”. También habló de que “no desestima otras lenguas ya que bastaría con no dejarnos colonizar excesivamente”. El concepto de estar perdiendo nuestro idioma hinca profundamente en las personas cuyos significados sobre la lengua están muy naturalizados con el sentido del patriotismo.

pagina en francés

Libro y lenguaje. || pexels.com

“Si se empobrece el idioma, entonces se empobrece el pensamiento”

Este concepto se viene acarreando desde hace bastantes años en los países de habla hispana, por lo que ya se ha convertido en un asunto meramente cultural. Según Javier Rodríguez Marcos, en la entrevista con Fernando Lázaro Carreter en El País, hace hincapié en el mayor problema lingüístico: la creatividad popular. Menciona que la pasión por “deformar” el lenguaje mediante la creatividad técnica dentro de un campo cerrado de terminología es el causante de que se vaya perdiendo la precisión y los matices de ciertas palabras mal usadas.

 Además, en el artículo de José Antonio Sierra  Lumbreras en Periodistas en Español, Víctor García de la Concha aclara que las causas del uso empobrecido del español se debe tanto a la escasa lectura como también a la deficiente educación, entre otras. Finalmente queda una tercera opinión de José Montero Reguera, catedrático de la Universidad de Vigo. Menciona que las formas de comunicación digital entorpecen severamente el uso de la lengua.

Estas perspectivas determinan con claridad el pensamiento lingüístico arraigado a lo cultural. En otras palabras, el pensar que la “pérdida” del idioma es un gran problema para la juventud es un miedo inexistente. Esto se debe a que, en términos generales, el idioma es multiforme y heteróclito, como afirmó Ferdinand Saussure. Por consiguiente, la concepción de creer que la lengua madre se “empobrece” es meramente una ilusión nacionalista para defender los canales de comunicación y pensamiento prístinos de un pueblo.

Hombre mirando al Sol

Hombre mirando hacia el horizonte. || pexels.com

Un eterno mutar

El lenguaje es como la energía, siempre está en constante cambio. No obstante, esto no determina que dicho cambio sea para bien o para mal. Si no sería un argumento subjetivo dependiendo de la necesidad de quien lo aclare.  Por otro lado, hay quienes defienden esta idea.

Un ejemplo más preciso es el caso de Monika Schmid, investigadora en la Universidad de Essex. Aclara que en el momento en que uno comienza a aprender otra lengua, los dos sistemas empiezan a competir entre sí. Esto quiere decir que el hablante puede presentar dificultades a la hora de hallar la palabra correcta en su discurso.

Dicho fenómeno no representa la pérdida del idioma per se, sino más bien la pérdida de las estructuras dialectales originarias. La persona amplía su capacidad de pensamiento intercultural. En el lugar de recurrir al uso de una palabra de la lengua madre, se hace uso de la del idioma con más estímulo, porque lo que se pretende expresar es parte del lenguaje en sí.

“La pérdida de la lengua” se ha vuelto un conocimiento popular adjudicado a la falta de lectura o educación de las masas. Sin embargo, el lenguaje no es más que el método tangible del ser humano para transmitir lo que siente o piensa. De esta forma, a medida que transcurre el tiempo no siempre se tendrá el mismo pensamiento sobre la vida.

En conclusión, un concepto acarreado por costumbre repetitiva puede llegar a conformar parte de la realidad actual. Con todo, eso no adjudica a que realmente sea verdad. Este concepto ha convencido a la mayoría de la población hispana y, por ende, la percepción de nacionalismo ha trascendido a través de la globalización.

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