Las dos caras del tiempo: Aion y Cronos

escrito por

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Share on telegram

Aunque Foucault diga en Los espacios otros que la obsesión del siglo XX es el espacio, el tiempo, desde que dejó de estar al servicio del ser, no ha dejado de ser un problema. Donde “problema” no quiere decir algo que haya que resolver, sino algo que hay que pensar. Dice Foucault: “Nadie ignora que la gran obsesión del siglo XIX, su idea fija, fue la historia (…) Nuestra época sería más bien la época del espacio. Vivimos en el tiempo de la simultaneidad, de la yuxtaposición, de la proximidad y la distancia, de la contigüidad, de la dispersión”. Curiosamente Foucault, al decir que la obsesión del siglo pasado y el presente es el espacio, no puede hacerlo sin recurrir al tiempo.

fresas-salvajes-reloj aion

Fotograma de Fresas salvajes, Bergman

Hubo un tiempo en que al tiempo no había que dedicarle tiempo

No hace falta retrotraerse excesivamente en la historia para encontrar sistemas de pensamiento donde el tiempo sólo era una mala excusa del ser. El mismo Heidegger, antes de alzar el tiempo al nivel del ser como indica el título de su obra más conocida, Ser y tiempo, consideró éste, el tiempo, como algo ya fundado por el ser. Si no hay nada, apoyaría el joven Heidegger, no hay tiempo.

Ésta etapa del pensador alemán está fuertemente condicionada por el Catolicismo, ya que quiso ser sacerdote primero y teólogo después. Muy distinto se mostrará el primer Heidegger, el de Ser y tiempo, al acercar peligrosamente el tiempo a la nada. La ruptura definitiva con el Catolicismo y la caída intelectual hacia la extra-temporalidad del tiempo no lo marca tanto su renuncia física, a través de una carta, como el salto conceptual que provoca el dejar de considerar lo fundado, el hombre, a imagen y semejanza de lo que funda, el ser. Este es el salto en el que la preocupación por el tiempo comienza a resonar.

Así se expresaba Heidegger en una carta recogida por Safranski a unos de sus maestros de juventud, el padre Krebs: epistemológicas que atañen a la teoría del conocimiento histórico han provocado que el sistema del Catolicismo se convierta para mí en problemático e inaceptable -pero no el Cristianismo y la metafísica, aunque a ésta la tomo en un nuevo sentido”.

Éste nuevo sentido del que habla Heidegger, no es otro que el de introducir el tiempo, la historia intempestiva, como parte esencial de su filosofía. Ahora, la pregunta por el ser, la pregunta por la cosa del pensar, será siempre desarrollada a través del Dasein. Un Dasein que al preguntarse nunca podrá dejar de lado la historia, su historia.

Aion y Cronos: una estructura compleja

Se puede diferenciar entre dos lecturas del tiempo. O más bien entre un tiempo, el que quita tiempo, y todos los demás, que posibilitan el estar en el tiempo.

aion

La persistencia de la memoria (1931) | Salvador Dalí

Del primer tiempo, el que cuenta, ya se sabe demasiado. Es el tiempo de la agenda, las horas, el tiempo que hace que no haya tiempo. Es así como se construye este tiempo. Primero se debe considerar que el tiempo se da en una sola línea temporal. En segundo lugar se deben trazar cortes cada cierto espacio, haciendo de esta manera subdivisiones interminables en esta misma línea. Por último, se reúnen las divisiones reduciéndolas a una unidad: el tiempo. Así es como se posibilita la medida del tiempo.

No obstante, como muestra la paradoja de Zenón Aquiles y la tortuga, el tiempo es más complejo. De la otra cara del tiempo se encuentra un tiempo indivisible, infinito. Un tiempo más pequeño que la porción de tiempo más pequeña pensable y más grande que la porción más grande que se pueda imaginar. Es un tiempo que es demasiado. Y por ser justamente demasiado es demasiado poco.

El filósofo francés, Deleuze,  en su obra Lógica del sentido llamará al tiempo de las horas Cronos y al tiempo indivisible Aion. Aion será el “espacio” donde el ser subsiste, donde aflora el sentido a través del acontecimiento. Ésta diferencia la explica en la “Vigésimo tercera serie: del Aion”: “Desde el principio, hemos visto cómo se oponían dos lecturas del tiempo, la de Cronos y la de Aión: 1:°) Según Cronos, sólo existe el presente en el tiempo. Pasado, presente y futuro no son tres dimensiones del tiempo; sólo el presente llena el tiempo, el pasado y el futuro son dos dimensiones relativas al presente en el tiempo. (…) Un encajonamiento, un enrollamiento de presentes relativos, con Dios como círculo extremo o envoltura exterior, éste es Cronos”.

Aion en cambio es el espacio donde siempre se da el pensamiento, el arte, el amor y la poesía. Es en este presente eterno instante fantasmagórico, descanso infinito, dónde tienen lugar todas las experiencias del sujeto. Una vez se mira el reloj se trae Cronos a la presencia, reduciendo así la experiencia a unos pocos minutos, días, meses o años. No importa cuánto tiempo marque Cronos, siempre será suficiente o insuficiente, pero nunca demasiado o demasiado poco.

Éste “mirar el reloj” no es sólo literal. Cronos se presenta al acabar de leer un poema o al terminar un cigarrillo. Es el momento en el que, terminado o no, se tiene consciencia de que se está leyendo o se está fumando. Momento en el que el presente deja de ser instante para situarse de nuevo en una sola línea divisible, controlable y paradójicamente improductiva. No se habla aquí, no obstante, del “tiempo libre”. El tiempo libre es sólo otro “espacio” más de Cronos, divisible y controlable. No se trata de tener tiempo sino de pasear con el tiempo. A Cronos se puede ir, en Aion sólo se puede estar. Cronos se puede explicar pero Aion, en cambio, sólo mostrar.

Suscríbete a nuestra newsletter

¿QUIERES APOYAR A LE MIAU NOIR?

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email
Share on telegram
Telegram

CONTINÚA LA LECTURA...

Miedo inducido
Carlo Levi (1902-1975) era un hombre que abrigaba una gran confianza en sus escritos y una considerable...
Quiero ser escritor. Tres lecciones de los grandes maestros
La generación de los escritores que aprendieron a escribir bebiendo, por suerte, se ha extinguido y,...
Poletti, Aleramo y Duse. Revolución homosexual y amor entre mujeres
Lina Poletti, la poetisa que enamoró a Sibilla Aleramo y a Eleonora Duse. Su obra ha caído en el olvido...

EL AUTOR DEL TEXTO

Dejar un comentario

Al utilizar este formulario, acepta que este sitio web almacene y maneje sus datos.

El mundo no es fácil y aunque estamos en contra de ponerle puertas al campo nos vienen obligando a avisarte de que utilizamos cookies (no de las de comer, aunque nos pese) de las propias y de las de terceros con el objetivo de recopilar datos para después poder mostrar publicidad. Si quieres, puedes leer el resto de texto, aunque te recomendamos que mejor leas un artículo. Acepto Leer más

Política de cookies