La música es libertad, compañía, lenguaje y silencio. Es guerra, paz y consuelo. Un hombre muy sabio dijo un día que la música es el idioma que todos entienden. Es el mínimo común múltiplo en la vida de todas las personas. Es igualitaria, democrática, es de todos y para todos. Quizá esa sea la razón por la que las calles de tantas ciudades están llenas de ella. De música callejera.

Pasear y moverse por Madrid es estar en contacto constante con la música, ya que muchos artistas se lanzan a las calles para regalar su arte a los oídos de la gente. Hay muchos tipos de músicos, algunos tocan para vivir, y otros viven para tocar. Pero a todos les une una característica común: la calle.

Música callejera

Benjamín es violinista y director de un coro en su país natal, Rumanía. Entre los más jóvenes él es conocido como “el violinista de Ciudad Universitaria”, aquel que alegra las mañanas a los estudiantes de la capital a la salida del metro con la intensidad de sus partituras. “En mi país soy profesor de música y director de coro, pero con esta profesión es muy difícil vivir en mi país, porque un profesor gana menos de unos 300 euros”, explica.

Cada día, y desde las 7 de la mañana, Benjamín comienza su ruta, la cual se prolonga durante siete u ocho horas, por algunas paradas de metro del centro de Madrid con su violín y sus partituras en mano. Su preferida es Ciudad Universitaria, pues confiesa que “hay muchos jóvenes, y les gusta mi música”. Para Benjamín, además, “la música no es todo en el mundo. Sin Dios no hay nada; pero la música es una cosa que te hace feliz cuando estás triste”. Su filosofía es que la música que se escucha hace y define la personalidad de cada uno.

Benjamín Ciudad universitaria CIU madrid Le Miau Noir

Benjamín, “el violinista de CIU” || Laura Odene

Sin embargo ser músico de calle no está bien visto socialmente, ya que se suele asociar este concepto con la mendicidad. Por ello esta profesión resulta todo un reto para quienes la ejercen. De este modo, se pueden encontrar a aquellos músicos que tocan para vivir, a los que viven para tocar, y a los que, como Benjamín, hacen las dos cosas.

Mendigos musicales

Muchos de los que se dedican a la música callejera, conscientes de la situación, critican la falta de profesionalidad de algunos compañeros. Es el caso de Carlos del Río, quien refuerza la opinión de que los músicos callejeros no son mendigos, aunque en la capital sí que hay lo que él considera “mendigos musicales”. Explica que “realmente no hacen música, lo que hacen es pedir.”

Carlos del Río música callejera Le miau Noir

Carlos del Río || Laura Odene

Carlos es guitarrista profesional desde hace casi 30 años. Su historia podría ser la de un Casimiro Parker cualquiera, ya que tiene un largo currículum y una gran trayectoria profesional a su espalda. Toca en la calle porque le gusta, y prefiere tocar en la calle en lugar de otros lados, pues esta tiene “libertad”. Carlos es de Sevilla y toca flamenco. Vino a probar suerte en la capital aunque, explica, “Madrid se ha convertido en el imperio del acordeón”.

Para él la música callejera es su trabajo. Gana alrededor de cinco euros la hora. Carlos critica la política de la capital con respecto a la música callejera, ya que está prohibido tocar con amplificación. “Por eso hay que bajarse al metro”, argumenta.

“Aquí en Madrid no da para vivir del todo, así que me voy a tener que ir; porque no se puede tocar amplificado en la vía pública, y no es lo mismo tocar con que sin amplificador. En Sevilla se puede en algunos sitios, con permiso del ayuntamiento para amplificar. Además, aquí en Madrid hay poco nivel, en Sevilla hay mucho más nivel”, explica Carlos sobre su situación profesional, y sobre la música callejera.

Otra realidad

Y es que la realidad es muy distinta, ya que la gran mayoría de todos estos artistas de calle lo que pretenden es mostrarse al público y darse a conocer. Así lo cuenta Annie, llena de energía y al ritmo de un pequeño yembe, quien revive el espíritu de la música africana en la calle Arenal.

“Si canto en mi casa nadie me va a oír, no voy a tener oportunidades. Así que yo decidí venir a la calle porque era la única forma en la que iba a poder hacerme entender”, explica sonriente. Ella es de Camerún, y lleva más de 10 años en España en busca de su sueño: sacar un disco y poder regalar su talento a la gente.

Annie música callejera Le Miau Noir

Annie || Laura Odene

Ha tocado en otros lugares como Barcelona o Tenerife. Asegura que el reto más difícil de esta profesión es enfrentarse al frío, la vergüenza y las dificultades con las que se encuentran los artistas de calle. “El Gobierno, la policía, a veces no dejan a la gente ganarse la vida…a veces nos llaman la atención y nos dicen que no podemos tocar. Pero si no podemos tocar aquí (en la calle), ¿dónde nos vamos a poder hacer oír?”, argumenta Annie.

Así, la calle es, para ellos, la caja de resonancia que proyecta su talento. Decía Kurt Cobain que “la música es sinónimo de libertad”, y E.T.A Hoffmann que “la música empieza donde se acaba el lenguaje”. La música es eso, expresarse con libertad y la libertad de expresarse. Tocar para vivir, y vivir para tocar.

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