Año 1989. Pekín. Plaza de Tiananmén. Todavía se discute sobre lo que allí ocurrió exactamente. Lo que está claro es que si hay que identificar aquellos sucesos con una imagen, todo el mundo escogería la misma: la fotografía del joven manifestante de pie y firme bloqueando el camino de una columna de tanques. Más desconocida es la banda sonora vinculada a dichas protestas. Una canción que hablaba sobre un muchacho rechazado debido a su pobreza se convirtió en un verdadero himno aquellos días. “Nothing to my name” de Cui Jian. Su propio autor se trasladó al lugar en apoyo a las protestas antes de que fueran disueltas.
“El viejo Cui”, padrino del rock chino
Cui Jian había nacido en el mismo Pekín en 1961. Desde 1981 formaba parte de la Orquesta Filarmónica de la misma ciudad como trompetista. A la vez fundó diversos grupos como Seven-Ply Board o ADO. Comenzaba así una extensa carrera que llega hasta la actualidad. A lo largo de su trayectoria su estilo ha ido variando. Al rock y la tradicional música popular china le ha añadido influencias que van desde el jazz al punk. Cui Jian ha sido capaz de componer desde música para espectáculos de danza moderna hasta canciones cercanas al rap-metal de grupos como Rage Against the Machine.
Que se fijase en un grupo tan combativo como RATM no es casualidad. Sus canciones y actuaciones han estado siempre llenas de mensajes políticos. Asumía, conscientemente o no, aquella frase de Mao: “No existe en realidad arte por el arte, ni arte que se desarrolle al margen de la política.” Por lo tanto, su carrera ha estado plagada inevitablemente de enfrentamientos con las autoridades chinas. Sirva de ejemplo paradigmático su gira de 1990, suspendida por un funcionario del gobierno indignado con su interpretación de “A Piece of Red Cloth” con una venda en los ojos. A partir de este momento fue vetado en radios y grandes locales.
El apelativo con el que se conoce a Cui Jian lo dice todo: “El padrino del rock chino”. Fue el primero. El padre fundador. Nadie antes de él había hecho rock en mandarín. Él fue quien popularizó la guitarra eléctrica en aquel país. Ningún rockero chino ha podido mover masas como él. Ni sobrepasar la línea de simple artista para convertirse en un auténtico símbolo. Y ninguno ha llegado a tener el prestigio internacional que él tiene. Fue el primero pero, desde luego, no el único.
China cambia, su música también
El ambiente de apertura posmaoísta era el idóneo para la aparición de nuevas formas musicales. “En 1982, una banda filipina de surf-rock dio un concierto en un parque. Todo eran versiones, Beach Boys y cosas así. Nos quedamos hipnotizados. No teníamos ni idea de que una guitarra pudiera hacer aquellos sonidos”. Así relataba Guo Chuanlin como había descubierto el rock. Cinco años después de aquello formaba una banda: Black Panther, Hai Bao en su idioma. Publicaban su primer disco en 1991, el cual incluía los que serían sus mayores hits, “Don’t Break my Heart” y “Ashamed”.
La formación de Black Panther ha estado en constante transformación. Cinco cantantes y cinco guitarristas distintos han pasado por el grupo desde entonces. El mismo Guo Chuanlin dejaba los escenarios para transformarse en su manager. Más interesante es la deserción de Ding Wu en 1988 para constituir la primera banda de hevy metal china: Tang Dinasty. Además de los mencionados, aparecerían otros grupos que no llegaron a tener tanta trascendencia. Destaca entre ellos Cobra, integrado exclusivamente por mujeres y que tuvo un enorme éxito en sus inicios.
China hacía suya la música más occidental existente: el rock. Se creaba una interesante escena a finales de los ochenta y principios de los noventa. La explosión musical que los países anglosajones venían viviendo y exportando al resto del mundo desde los años cincuenta llegaba a China ahora. Con los tics propios de un país que respeta al máximo sus propias tradiciones. Sumándole a ello las características inherentes de un estado como la República Popular de China, basado en unas concepciones completamente diferentes al resto de países donde el rock había desembarcado. Pero llegaba. Y no fue algo pasajero.


