Pokémon Go o las mil facetas de un fenómeno social

Está hasta en la sopa, y esta vez no es una metáfora. Pokémon Go, la criatura de la compañía californiana Niantic, Inc., es líder de descargas en su género y arrasa en todo el mundo. Los que crecieron con toda la parafernalia los han recibido con los brazos abiertos, y los que los conocen ahora son parte de una generación que acoge las novedades sin despeinarse. El resto se suma al órdago porque sí, porque está de moda, o resiste como buenamente puede el embate de estos simpáticos bichitos.

Pokemon Go
In principio erat Pokémon, et Pokémon erat apud Hominem, et Hominem erat obsessum.

 

A favor y en contra

Y es que todo fenómeno social que se precie cuenta con sus defensores y sus detractores. Unos y otros se disputan la razón con las armas del mundo moderno: memes, tweets y virales. James Roy, harto de las hordas de veinteañeros que rondaban su jardín móvil en mano, conquistó la fama efímera de Twitter con su cartel instando a los pokefans a dejar de hacer el idiota y reflexionar en el bar de la esquina sobre el rumbo de sus vidas. La réplica vino del comediante irlandés Joe Heenan y su llamamiento a ignorar a los aguafiestas, Donald Trump y otros elementos sociales.

Pokemon Go
Las dos caras de la moneda

Que todo culto requiere de sus seguidores características sospechosamente parecidas a las de un rebaño de ovejas, es ya cosa sabida. Sin embargo, estos días de Pokémon Go y rosas están dejando anécdotas que demuestran que no todo son accidentes estrambóticos y frikis sin vida social. La burla de unos es la fortuna de otros, la capacidad de conectar con el entorno que los rodea o, simplemente, la posibilidad de echar un buen rato.

Pokémon en Asia del Este

Cuando una app como Pokémon Go llega a las vidas de los occidentales, la parada previa en muchas ocasiones es Asia. O tal vez no. La dependencia absoluta del juego de la tecnología de Google Maps hizo que fuese automáticamente censurado en China, que por otra parte cuenta ya con su clon: City Spirits Go.

Pero los chinos no son los únicos que no pueden cazar Pokémon por su barrio. Corea del Sur, para sorpresa de muchos, es otra gran excluida de la fiebre Pokémon. Las restricciones en materia de cartografía y la falta de acceso de Google, como compañía extranjera, a la información geográfica del país únicamente conocen una excepción en todo el territorio surcoreano: Sokcho. Cercana a la frontera norcoreana y conocida hasta ahora por enclaves turísticos como la montaña Seoraksan o el templo budista Sinheungsa, es su condición de enclave Pokémon único la que ha ayudado a la ciudad a hacer su agosto.

El alcalde de Sokcho con sus nuevos socios comerciales - Pokemon Go
El alcalde de Sokcho con sus nuevos socios comerciales

 La sonrisa de un niño

Puede que todos esos Pokémon no sean más que realidad aumentada en la pantalla del móvil, pero ya hay testimonio de las sonrisas que han provocado. A principios de julio, la estadounidense Lenore Koppelman escribió unas palabras de agradecimiento a la app que ya han dado la vuelta al mundo: Pokémon Go había ayudado a su hijo autista a relacionarse con otros niños de su edad, romper con la rigidez de las rutinas que le ayudan a sentirse seguro y pasarlo bien.

No es el único caso. Un hospital infantil de Michigan ha comenzado a utilizar el juego como parte de las sesiones de terapia física de sus pacientes. Adultos con agorafobia y ansiedad han visto en el juego una ayuda inesperada para salir a la calle y relacionarse con otros. Gente que nunca se hubiese conocido de otro modo forma quedadas o se reúne espontáneamente a la caza de un Pikachu salvaje. Y mientras tanto, una niña se está forrando con su iniciativa empresarial en una de las famosas Pokeparadas.

Así que está claro. No, Pokémon Go no proporciona a sus jugadores el sofisticado regocijo intelectual de una novela de Dostoievski, un lienzo de Rembrandt o el descubrimiento de la cuadratura del círculo. Pero da igual. Hay que dejar que la gente disfrute con las cosas.

Pokemon Go
Mantra personal número uno: no ser un aguafiestas

 

Ana Padilla Fornieles

Haciendo camino desde 1989. Traductora e intérprete, miembro del equipo de moderación de Our Shared Shelf. Mis pasiones son los idiomas, la literatura, viajar, la cultura en general. Soy un proyecto de escritora.