Ernest Hemingway, una revisión de su biografía

Ernest Hemingway, el célebre escritor canoso que lucía una camisa desgastada en muchas de sus fotos y que gustaba de beber alcohol en sus ratos muertos, ha dejado el mundo con una imagen que se aleja bastante de su verdadera personalidad. La idea visual más cercana es la de un hombre romántico y solitario alejado del mundo, un hombre que va a contracorriente buscando esos resquicios de la historia a los que asistir. Sitios en los que nadie quería ser partícipe, la Guerra Civil Española fue uno de ellos.

A esta imagen de hombre sureño no ayudan películas como Midnight in Paris, la aclamada película de Woody Allen. Hemingway, aquí, es un hombre poco amigable que suelta frases lapidarias, desde una postura seria y taciturna, alguien que esconde más de lo que dice. En una frase perteneciente a la producción de Allen, Hemingway recuerda con cariño a esos hombres del pasado: «Aquellos hombres valientes y verdaderos que escriben con honestidad y mueren con gracia».

Ernest Hemingway interpretado en Medianoche en París
Ernest Hemingway interpretado en Midnight in Paris

El mismo Hemingway aparece situado en el relato de Paul Hendrickson titulado Hemingways’Boat. En él se describe al autor a través de la interacción entre él y el barco al que amaba. Igual ocurre con las cartas sacadas a la luz por la Cambridge University Press. En ellas se ofrece una nueva forma de comprender, de la propia mano de Hemingway, las aventuras y hazañas que a lo largo de su vida realizó el autor.

Hemingway fue una imagen a seguir para muchos

Pero, dejando de lado esta imagen, que poco importa en lo que se refiere a su narrativa, hay que resaltar la obra de Hemingway. Poseía un estilo único en la prosa, vestido en su mayoría de artículo periodístico. Sin embargo, los textos que el autor enviaba poco o nada tenían que ver con el periodismo. Desarrollando así, un estilo literario dentro de la prensa, lo que, muy probablemente, no hacía más que enfadar a sus superiores.

Sin embargo, fue tan genial en su trabajo que consiguió crear escuela. Norman Mailer, por ejemplo, redactó su primera novela titulada The Naked and the Dead, en la que se utilizó  algunas de las frases de Hemingway como inspiración, además de intentar imitar su estilo al escribir. También, Joan Didion, escritora norteamericana, afirma que aprendió a escribir copiando párrafos de las obras de Hemingway. J.D. Salinger, conocido por su obra El guardián entre el centeno, quedó embelesado con la prosa de Hemingway, tanto, que hizo todo lo posible por encontrarse con el gran escritor. Dicho encuentro se produjo en el hotel Ritz, Salinger le encontró degustando un whisky y se unió a él. En aquel hotel parisino estuvieron charlando durante toda la tarde, al más puro estilo profesor-pupilo.

Hemingway escribe en su habitación de hotel después de haber visitado el frente. Teruel. 1937. || Magnum Photo
Hemingway escribe en su habitación de hotel después de haber visitado el frente. Teruel. 1937. || Magnum Photo

Sin embargo, lejos de esta estigmatización y de todo este aura misteriosa que genera la vida de Hemingway, existe un error que tiende a atribuirse a la hora de hablar de su forma de escribir. Ese error no es otro que el hecho de que era una persona muy cuidadosa con el estilo de su prosa. Nada más lejos de la realidad, exceptuando al final de su vida, cuando sí se mostrará más preocupado por la forma en que relatará sus creaciones, la magia del autor norteamericano reside en la sencillez y la despreocupación que se destila en toda su obra.

El camino de Hemingway hacia el Nobel

El verdadero Hemingway reside en las frases por acabar, en lo absurdamente sencillo que es en ocasiones su obra. Véase como ejemplo esta frase de Adiós a las armas: “La ciudad era bonita y nuestra casa muy agradable”. O, en la que utilizó para cerrar su discurso tras recibir el Premio Nobel de Literatura: “Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo”.

El genio de Hemingway se encuentra en el hombre que usaba el lenguaje para capturar algún retazo de experiencia. Intentaba con su obra a encontrar el orden o al menos hallar la forma de gobernar el desorden que regía su vida. Por supuesto, Ernest Hemingway no pasó de la noche a la mañana a ser un reconocido escritor. Existió un largo proceso hasta que sus escritos fueron reconocidos. Sus primeros artículos los envió tras regresar de la Primera Guerra Mundial a diferentes revistas, las cuales rechazaron todos los envíos del Nobel.

Posteriormente, en diciembre de 1921, Hemingway y su esposa, Hadley, llegaron a París. Durante ese año el escritor se dedicó, en los ratos que le permitía su trabajo como corresponsal, a escribir ficción. Estos esfuerzos resultaron en vano cuando en uno de sus viajes perdió la valija que contenía todo su trabajo. Pasó después una temporada en Toronto, tuvo un hijo y decidió volver a París. En esta etapa se comenzará a publicar su trabajo, primero en revistas y después en diferentes colecciones.

Una mala vida en lo personal, un éxito en lo profesional

Esta nueva temporada parisina llevará a Hemingway a una etapa más anárquica en sus costumbres. Su vida personal comienza a derrochar la imagen que de él se nos ha quedado grabada en la retina. Su amor por el alcohol y algún que otro enamoramiento pusieron patas arriba su vida.

Ernest HEMINGWAY
Ernest Hemingway preparándose para salir a cubrir la batalla de Teruel. Diciembre de 1937. || Magnum Photo

A pesar de estos deslices, Hemingway comenzará a desarrollar ciertos hábitos, algunos mejoraron su productividad, aunque otros, rozaban lo enfermizo. Se convirtió en una persona que dormía poco, era adicto al trabajo y muy perfeccionista en todo lo que hacía. Tanto que, a pesar de seguir manteniendo aparentemente ese estilo despreocupado en su prosa, se cuenta que tras pasar todo un día escribiendo volvía a casa con tan solo una frase escrita. Además, desarrolló cierta tendencia a llevar el conteo de cosas banales como contar palabras o realizar un seguimiento de los ciclos menstruales de su esposa.

Tras este periodo de tiempo en el que consiguió solo se dedicó a trabajar, Hemingway, se dio cuenta de que había reunido una buena cantidad de material. De esta forma, comenzó a trabajar sobre lo que ya había escrito. Como resultado nació The Sun Also Rises (1926). Esta obra puede considerarse como la primera novela de Hemingway. Además, tal y como aseguró después: «The Sun Also Rises it was the most succesful book in my career.»(‘Fiesta’ fue el libro más exitoso de mi carrera.)

Así, y tras publicar su primera novela, Hemingway proseguirá el resto de su vida dando al mundo de las letras una obra de una magnitud, en lo que se refiere a calidad, incalculable. Una obra que sigue vigente con cada nuevo lector que decide adentrarse en su prosa.

Rubén Adán Sánchez

Director de Le Miau Noir. Filólogo. Me mantengo en la lucha de saber si lo que hago tendrá sus consecuencias en el futuro, entre tanto, lo importante es el presente.