La poesía es uno de los géneros más primitivos de la literatura. Desde los primeros versos de la epopeya de Gilgamesh, poema más antiguo conocido hasta la fecha (1400 a.C.), el arte de las palabras, de la belleza del lenguaje y de los sentimientos han vivido dentro de la figura del poeta. La poesía más que evolucionar en el tiempo, lo hace en la visión con la que se percibe el mundo. Es en la perspectiva, o en la percepción, del medio donde se confronta la concepción poética de oriente y occidente.
En la poesía occidental el verso nace de la mirada del hombre, de lo concebido y vivido por una mente humana. La lírica tiende a buscar la perfección artística en la fuerza de los sentimientos humanos. La obra es concebida únicamente como lo ven los ojos del poeta. Tal y como decía en su “Credo Poético” Miguel de Unamuno: “piensa el sentimiento, siente el pensamiento”.
Poesía china, un concepto diferente
Sin embargo en la poesía oriental se sitúa en el extremo opuesto a la concepción anteriormente descrita. Su visión parte de la ausencia del sujeto y de la unidad establecida entre lo divino, la humanidad y la tierra. Los objetos permiten concebir el mundo y se les otorga su propia visión. La naturaleza deja de ser vehículo de sentimiento para convertirse en cada una de sus manifestaciones en sujeto de la voz poética.

La amplia sonoridad tonal del idioma chino, junto al vasto y artístico sistema logográfico de escritura, le predisponen desde su nacimiento para ser una lengua de tradición artística. Basta analizar el carácter 詩, transcrito shī, con el que se denomina “poesía” para saber su origen. Este carácter consta de dos partes: fonética, derecha, y semántica, izquierda. La parte semántica de shī es el ideograma de una boca hablando y por lo tanto significa palabra. La parte fonética es el ideograma que significa templo. La poesía china nació en los monasterios hace unos 3000 años.
Desde su nacimiento la lírica oriental se relaciona estrechamente con la música. Los versos eran escritos para tener un acompañamiento musical y ser cantados en ceremonias religiosas. La obra más antigua conservada es el Shi Jing o Libro de los Cantos, colección de unos 300 poemas en honor al Emperador Ji Zha que figuran como canon literario clásico.
El periodo clásico de la poesía china tal y como se entiende en occidente, surge aproximadamente en el siglo dos a.C. Su evolución y desarrollo tienen lugar entre dos dinastías: Han (206 a.C.-219 d.C.) y Wei (317-557 d.C.). La temática tratada oscilaba entre la monotonía de la victoria y el destino desde la perspectiva del sujeto-nación como unión de todos los pueblos del Imperio.
La Edad de Oro
No es hasta la dinastía Tang cuando la cultura artística china llega a su apogeo. Si en España se habla de Siglo de Oro (1550-1680), en China se debe hablar de Edad de Oro. El florecimiento artístico duró casi quinientos años, del 618 al 1279. Las causas fueron variadas. En lo que concierne a la lírica, la proliferación poética se produjo gracias a la invención de la imprenta en China en el siglo X y el uso del papel, logrando así una mayor difusión y conservación de las obras.

La temática de la poesía de la época Tang es muy variada. Los numerosos conflictos bélicos del antiguo oriente obligaron al pueblo a refugiarse en las montañas o en los frondosos bosques. Así entran en contacto con diferentes corrientes filosóficas como el Taoísmo o la religión budista. Este hecho se refleja en la temática lírica y en su evolución. Se empieza a entender el poema como un medio personal pero que siempre queda acotado por la naturaleza que les rodea. Se genera de este modo en la poesía china el concepto poético del amor. El amor por la belleza del paisaje, por la historia de su pueblo o por sus costumbres serán temas recurrentes en la Edad de Oro.
La estructura formal de sus poemas se caracteriza por una marcada reducción sintáctica. La sencillez narrativa, muy similar a la de los Haikus, se logra por medio del léxico con valores polisémicos. Otro rasgo formal es la ausencia de marcas morfológicas, el cual produce la sensación de atemporalidad e impersonalidad. Estos poetas tienden a recrear en la figura estética del poema el ritmo del paisaje que les rodea. El conjunto lírico quedaba siempre a merced de la fuerza de la naturaleza.
La poesía de oriente ha conseguido durante años traspasar fronteras lingüísticas. La atracción mística de este género ha encandilado a autores muy conocidos en la lengua española. Autores como Octavio Paz, Valle-Inclán, Rubén Darío o Lorca se rindieron a la insinuación de la expresividad lírica de la Edad de Oro china. Valle-Inclán en su obra La Pipa de Kif (1919) confesó:
«Genuflexiones de mandarines,
sabias princesas en palanquines.
Y nombres largos como poemas
que evocan flores, astros y gemas.»
Los primeros textos de poesía china en llegar a España eran traducciones del inglés o del francés al español. Desde hace unas décadas este hecho cambió y se comenzaron a publicar traducciones directamente del mandarín. Lejos del impedimento de las diferentes lenguas, está la barrera racial. Una vez superada esta, se reconoce el lenguaje poético como idioma de la naturaleza cósmica.

