El cine japonés es famoso por marcar un antes y un después en la memoria del espectador. Da un giro de tuerca al ya conocido formato de cine occidental que nos brinda Hollywood. De lo más recóndito y oscuro del cine nipón se alza glorioso Takashi Miike. Descrito por la crítica profesional como un director polémico, prolífico, violento, transgresor o incluso radical. Basta con decir que cuenta en su haber con más de setenta películas y subiendo.

Es muy complicado hablar de este ecléctico director sin dejarse algo en el tintero. Takashi Miike está considerado, muy merecidamente,como un cineasta de culto por su soberbia y extensa filmografía. Comenzó su carrera en el V-Cinema, destinando sus primeros trabajos directamente a vídeo. La controversia siempre ha ido de la mano de este polémico director, cuyos trabajos no son accesibles para el público medio por su extrema violencia y salvajismo.

Miike puede ser catalogado fácilmente como un verdadero monstruo del cinematógrafo. Es una bestia imparable que parece no descansar jamás. Echando un vistazo rápido a su inmensa filmografía podemos observar que cada año puede estrenar entre tres y cinco películas.

Takashi Miike ofrece en todos sus filmes una experiencia nueva, pequeñas golosinas para un público bastante reducido. No todo el mundo puede soportar por ejemplo Visitor Q, filme que es uno de los pilares fundamentales de todo el trabajo de Miike. Una vorágine de sexo, perversión y obscenidades se dan cita en dicha película. Uno puede pensar que Takashi estaba particularmente goloso cuando la dirigía, puesto que trata temas tan peliagudos como la necrofilia, y es que él es experto en mostrar el lado más mórbido del ser humano. Cualquiera podría echar hasta la primera papilla con este circo de vulgaridades.

El estilo de Miike no es apto para cardíacos, sus obras son bien conocidas por ser capaces de provocar muecas de asco y sorpresa. Hoy en día, con el estallido de blockbusters de Marvel, los superhéroes parecen ser una apuesta segura para el mundo del cine. En este ámbito Takashi Miike tampoco se queda atrás, presentando su personal superhéroe al estilo tokusatsu con la mítica Zebraman, protagonizada por el siempre brutal Sho Aikawa. Una divertidísima apuesta que da una vuelta de tuerca al mundo “super”.

Además de todo esto, Aikawa es también protagonista de la legendaria trilogía Dead Or Alive, en la que Miike se mete en terreno yakuza por todo lo alto. Una trilogía demencial con la firma personal de su director: violencia y comedia negra. Sin entrar en detalles las dos primeras entregas son películas de yakuza, nostálgicas a la par que violentas. Mientras tanto, la tercera y última de la saga es una película de ciencia ficción totalmente descabellada y macarra. Trilogía altamente recomendada para todo aquel que quiera introducirse de lleno en el alocado mundo de Takashi Miike.

Un aspecto muy interesante de Miike es su feroz pasión por el manga, motivo por el cual ha adaptado al formato cine obras como el ya nombrado Ichi The Killer. Otra adaptación digna de mención es Crows Zero (inspirado en el manga Crows), que contó con una secuela que sigue la estela de la primera parte. Una de las adaptaciones más recientes es As The Gods Will, película basada en el manga “Kami-sama no Iu Tori”, que cuenta con la estética característica del director nipón.

Todas impregnadas del visceral aroma a violencia y comedia mórbida que bañan las obras de este director. Se puede decir de él que “lo amas o lo odias”. Para muchos espectadores el trabajo de Miike es repulsivo y zafio, mientras que para otros es un director apasionante y cuyas películas son dignas de ser expuestas en las estanterías.

Takashi Miike no es plato de gusto para todo el mundo. Su filmografía no es de esas que se pueda recomendar a cualquier persona por su contenido violento y grotesco. Los interesados en este tipo de cine están de enhorabuena, pues Miike es uno de los mayores exponentes del gore y el cine macabro en general. Y es que nadie puede detener a la bestia.

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