Oscars 2016, espectáculo y reivindicación

Desde que Spike Lee y Will Smith iniciaran el boicot a los Oscar por la falta de diversidad racial en las nominaciones, podía intuirse el sentido hacia el cual se dirigiría el discurso de la Academia en la gala de los Oscars 2016. La polémica monopolizó la ceremonia. Tanto la ácida e irónica presentación de Chris Rock, como los paródicos gags de continuación se encargaron de contestar e intentar claudicar con la crispación surgida en el entorno cinematográfico.

El humor se convirtió en medicina para apaciguar los ánimos y reorientar las reivindicaciones raciales del sector. Una lucha por la igualdad, la llevada a cabo durante la ceremonia, desde dentro de Hollywood y con una perspectiva global. Un activismo partícipe del espectáculo que la Academia, en voz de su presidenta Cheryl Boone Isaacs y de grandes premiados como el director Alejandro G. Iñárritu, trató de exponer constantemente.

Iñárritu Oscars Le Miau Noir
Iñárritu en el discurso tras recoger el Oscar || Getty Images

Politización, más allá del conflicto racial

El compromiso político trascendió el conflicto racial. El premio a La Gran Apuesta (mejor guión adaptado) trajo consigo la desconfianza de su ganador, Adam McKay, hacia la política vertebrada bajo el amparo de los poderes económicos. El premio al mejor guión original y, sobre todo, a mejor película, simbolizó el impacto social de Spotlight en el contexto americano. Una historia real, con rostros reales (el periodista encarnado por Mark Ruffalo en la ficción estuvo presente en la gala), que dignifica el periodismo y alerta de los males endémicos de la iglesia católica.

Spotlight || AP
Equipo de Spotlight || AP

Y es que el abuso sexual, abordado en el film triunfador de esta edición, fue otro de los temas capitales. La actuación musical de Lady Gaga, canción nominada al galardón presentada por Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, se convirtió en un alegato contra los numerosos abusos sexuales cometidos anualmente en el ámbito universitario americano.

En la imagen los premiados Di Caprio, Alicia Vikander, Brie Larson || AFP
En la imagen los premiados Di Caprio, Alicia Vikander, Brie Larson || AFP

El último eje vertebrador de este discurso reivindicativo lo representó Leonardo DiCaprio al recoger su ansiado y esperado premio. El actor advirtió sobre las nocivas consecuencias del cambio climático que podrían convertir el planeta en una suerte de distopía al estilo Mad Max, tal y como vaticinó Jenny Beavan al recoger el premio al mejor vestuario por dicha película.

Conclusiones, derivas, inercias

En cuanto al resto de premiados, muchas predicciones cumplidas en lo técnico, donde Mad Max acaparó gran parte de los galardones. Emmanuel Lubezki volvió a certificar el estado de gracia de su carrera, al ganar su tercer Oscar consecutivo por la mejor fotografía de El Renacido. Del Revés y su imaginativa personificación de los estados de ánimo consiguió su recompensa en la categoría de mejor animación. El hijo de Saul ganó como mejor película de habla no inglesa, demostrando que el horror del Holocausto sigue siendo una pesadilla más que presente en la cultura contemporánea.

Y para símbolo del cine moderno, el músico Ennio Morricone. A sus 87 años y tras seis nominaciones, recibió su primer Oscar en competición por la banda sonora de Los odiosos ocho.  Hasta ahora su palmarés en Hollywood se limitaba al premio honorífico que recibió en 2006. Un homenaje que suele intuir el ocaso del artista pero que, en el caso del músico italiano y fruto del estimulante binomio junto al director Quentin Tarantino, parece haber revitalizado su carrera.

Ennio Morricone posando con la estatuilla de los Oscars || Getty Images
Ennio Morricone posando con la estatuilla de los Oscars || Getty Images

El de Morricone pudo ser el momento más emotivo de una gala fuertemente pasional y socialmente comprometida, que intenta vertebrar una imagen de la Academia de Cine estadounidense más progresista y no esquiva ninguna de los problemas latentes en la sociedad americana. Una Academia que parece querer trasladar las inquietudes y estímulos que se desprenden de las propias derivas e inercias de su cine.

Alberto Navarro Valero

Graduado en Comunicación Audiovisual. Máster en Estudios de Cine y Audiovisual Contemporáneos