La historia ha sido muy injusta con la II República Española. Ahora que se cumplen 85 años de su proclamación, se puede constatar que siempre que se habla o se escribe de ella se hace en referencia a lo que vino después, como si su único interés de estudio fuese haber sido esa etapa previa a la Guerra Civil y al Franquismo posterior. Sin embargo, sobre todo si se comparan con la situación política actual del país, algunas de las cosas que ocurrieron en aquel periodo resultan muy interesantes.
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Día la proclamación de la II República, en Madrid

El mejor de los ejemplos es las elecciones generales que tuvieron lugar los días 16 y 23 de febrero de 1936, las últimas antes del conflicto fratricida, las del Frente Popular y el Frente Nacional Contrarrevolucionario. En una España en la que prácticamente cada español era un partido político, las fuerzas del momento lograron unirse en dos grandes bloques de cara a ser lo más fuertes posibles ante las urnas. Convirtieron en bipartidismo lo que no era.

Portada del diario "Ahora" del 15 de abril de 1931

Portada del diario “Ahora” del 15 de abril de 1931

Por la siniestra, en el Frente Popular se encontraban formaciones como el PSOE, el Partido Comunista, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Partido Republicano Democrático Federal, Republicanos Independientes de Izquierda y un largo etcétera de siglas. Y también otros, en mayor o menor medida, como Esquerra Republicana de Catalunya, Partido Galleguista o Unió de Rabassaires. Todo un cóctel en el que, según que ingredientes, mezclaban mejor o peor.

Por la diestra, la cosa estaba muy similar. La famosa CEDA tuvo que aliarse, dependiendo de la circunscripción, con fuerzas antirrepublicanas, monárquicos alfonsinos o carlistas; o con fuerzas republicanas de centro-derecha, republicanos progresistas, radicales, demócrata-liberales. Como suele decirse, cada uno de su padre y de su madre.

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Y eso es precisamente lo que llama la atención, que partidos tan alejados ideológica y programáticamente fueran capaces de ir de la mano de cara a una cita electoral. Daba la sensación de que lo que realmente importante era que no ganaran los otros, más que la gobernabilidad resultante de la propia victoria.

De 1936 al 2016

En el antagonismo histórico de aquellas últimas elecciones de la II República se encuentran las últimas elecciones vividas por esta democracia. Si entonces los pactos se realizaron antes de las elecciones, ahora se está intentando llegar a acuerdos después de que las urnas hablaran.

No obstante es cierto que en el 36, una vez se había votado, cada partido articuló el Grupo Político que le convenía, al estilo de lo que quería hacer Pablo Iglesias con Podemos y las llamadas Confluencias.

Pero esa es la tendencia que marca que las diferencias siguen siendo claras. Si hace 80 años se creaba un ficticio bipartidismo, para que después se volviera a la polarización política, en la actualidad ha pasado exactamente todo lo contrario. En campaña electoral y tras las votaciones, no se dejaba de hablar por activa y por pasiva del fin del bipartidismo. Sin embargo, ahora que toca formar Gobierno, el discurso se articula a través de la suma de las derechas o la suma de las izquierdas.

 

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Cola para votar en las elecciones de 1936

 

Otro buen ejemplo es el papel de Ciudadanos. Casi todo el mundo pensará que si se hubieran hecho dos grandes coaliciones antes del 20D, Ciudadanos habría estado más cerca del Partido Popular y las derechas. Sin embargo, el único pacto real que ha tenido lugar hasta el momento ha sido el de la formación naranja con el PSOE, la fuerza mayoritaria de las izquierdas.

Pero entre estas diferencias, resalta una similitud: la complicada –casi imposible– gobernabilidad en ambos periodos. Es ahí donde toma una enorme ventaja la situación actual a la del siglo pasado, pues recordando lo que pasó en julio del 36, lo peor que puede pasar ahora es que se tengan que repetir las elecciones.

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