Cada vez que se aproximan los Oscar, nos es irremediable cuestionar como espectadores la pertinencia o no de los nominados en la gran fiesta del cine estadounidense. Preguntas en muchas ocasiones inextricables, puesto que los criterios e intereses a los que la Academia de Artes y Ciencias de la Cinematografía de Estados Unidos se adhiere no responden necesariamente a una lógica o patrón especial. Los Oscar 2016 no serán diferentes.
Y es que, si bien en las películas de habla no inglesa se demuestra el interés por las ficciones que afrontan el conflicto social y ahondan en la huella de la historia, el territorio de las nominaciones en películas de habla inglesa es mucho más ecléctico. Solo que hay rastrear los ocho largometrajes nominados para esta categoría en la edición de los Oscar 2016 para dar cuenta de ello.
“Basado en hechos reales”: La Gran Apuesta y Spotlight
En su papel de objeto cultural, el cine siempre ha buscado la manera de representar la realidad empleando sus facultades narrativas y su expresividad emocional como dispositivo. Este desafío es el que enfrentan La Gran Apuesta (The Big Short, Adam McCay, 2015) y Spotlight (Thomas McCarthy, 2015). La primera se centra en las virtudes de una serie de expertos que predicen la crisis económica y financiera global iniciada en 2008. La segunda presenta el exhaustivo trabajo de un grupo de periodistas para destapar toda una red de abusos sexuales y pederastia en la iglesia católica con la connivencia de sus altos mandos.

Ambas películas se dibujan en torno a la indagación de unos protagonistas ávidos por desenmascarar una verdad injusta. Una verdad que, además, el público ya conoce. El interés no residirá en la resolución final, sino en desgranar con prolijidad los detalles, perfectamente documentados y fieles a una realidad, que permiten el trayecto ficcional hacia ese desenlace consabido.
Un camino que finalmente expone las debilidades morales de los héroes llamados a la acción. En La Gran Apuesta los personajes evidencian un codicioso espíritu lucrativo tras el intento de prever el hundimiento de los mercados. Por su parte, Spotlight convierte el presumible encumbramiento de los protagonistas ante el éxito de sus investigaciones en un gesto de redención personal, que expía una mala praxis periodística del pasado.
Los dos títulos constituyen, en definitiva, la vigencia de un cierto cine denuncia que traza minuciosamente las deficiencias sistémicas y vulnerabilidades individuales de la sociedad estadounidense.
Resistencia del relato clásico: El Puente de los Espias y Brooklyn
Si La Gran Apuesta y Spotlight emplean los acontecimientos basados en una realidad para manifestar la función social y didáctica del cine, en El puente de los espías (Bridge of Spies, Steven Spielberg, 2015) y Brooklyn (John Crowley, 2015) la historia es el trasfondo para revitalizar el propio medio desde sus formas narrativas clásicas.

Con El puente de los espías, Spielberg vuelve al contexto de la guerra fría y al conflicto de intereses entre Estados Unidos y la URSS, ofreciendo una revisión posmoderna del tradicional cine negro. Brooklyn se abraza al melodrama reflexionando sobre la ambigua convivencia entre dos mundos del migrante y su dificultad para fraguar un verdadero sentido de pertenencia.
Dos relatos construidos desde una estructura formal sobria pero efectista, que reivindica en plena contemporaneidad las viejas constantes de la narración cinematográfica y sus géneros.
Una rara avis en los Oscar 2016: La Habitación
Quizás La Habitación (Room, Lenny Abrahamson, 2015) sea la propuesta más ensimismada y particular de las nominadas. Una película que se acerca al horror desde un inquietante lirismo visual, mostrando los métodos con los que una madre enseña a su hijo el mundo desde un forzado encierro entre cuatro paredes. Para el niño, el único mundo que ha podido contemplar en su vida.

Paradójicamente, el film se desembaraza de lo poético cuando madre e hijo logran escapar. El relato se vuelve frío, tosco, parco en palabras. La libertad se convierte, contra todo pronóstico, en un motivo de inestabilidad emocional.
A vueltas con el cine de atracciones: Marte, Mad Max y El Renacido
Bien es sabido el interés del Hollywood contemporáneo, desde el desembarco digital, por explotar las posibilidades técnicas del cine como dispositivo. Un llamado cine de atracciones donde la narración convencional sucumbe ante el potencial tecnológico del medio. Tres películas entre las nominadas a los Oscar 2016 se adscriben a este modelo.
En El Renacido (The Revenant, Alejandro G. Iñárritu, 2015) es el virtuoso dominio de la fotografía, y una impecable coreografía en el empleo del plano secuencia, los rasgos impulsores de la película. El film combina una alegórica representación de la supervivencia con un intencionado propósito de explicitar la violencia física y psicológica en los personajes ante el empeño de eludir la muerte.

Marte (The Martian, Ridley Scott, 2015) rastrea el enigmático espacio exterior, pretendiendo erradicar el carácter utópico de la llegada al planeta rojo y las esperanzas de supervivencia en un hábitat extraterrestre. Una épica basada en la fe científica y un positivismo invocado a través de una factura visual magnificente.
Y si Marte combate la utopía, Mad Max (George Miller, 2015) desciende a los bajos fondos para reavivar el mundo distópico cultivado en la trilogía de los años 80. En Mad Max el montaje marca la pauta, sublimando la acción frenética de la persecución automovilística. Esta revisión posmoderna de la saga desprende una fuente inagotable de estímulos que van desde la estridencia en la configuración de espacios y personajes, hasta un simbolismo austero en su representación visual pero poderoso en su carga emotiva.

Ocho películas, y distintas perspectivas fílmicas con las cuales la Academia no solo destaca los rasgos cualitativos de las obras más relevantes de un año. A través de las nominaciones, los premios Oscar 2016 también toman el pulso a Hollywood y a otras cinematografías anglosajonas, indagando en las formas en las que estos cines se piensan y conciben en la contemporaneidad.

