Pedro Solís se sienta un poco apresurado (llega unos minutos tarde) en el Restaurante Miguel Ángel de Guadalajara. Tiene dos Goya, acaba de lograr el Guinness de los récords por el corto de animación más premiado de la historia y es un referente en lo suyo. Sin embargo, el aspecto profesional es lo menos importante de él. Lo que más le hace ser merecedor de ésta y de cualquier entrevista es su sensibilidad, su sinceridad, la verdad y pasión con la que habla tanto de su trabajo como de su vida. Pedro Solís es un buen tipo, sin más.

Alcarreño orgulloso, ‘La Bruxa’ y ‘Cuerdas’ le valieron el busto del pintor, mientras que con el universo ‘Tadeo Jones’ conoció el triunfo comercial. Sin embargo, sus mayores éxitos son Alejandra y Nicolás, algo que comparte con su inseparable mujer: Lola.

Pedro Solís

Pedro Solís || Fotografía: Eduardo Bonilla Ruiz.

Entrevista Pedro Solís

Un momento perfecto para tener esta charla, tras el Guinness de los Récord. ¿Qué pasa, que como no te quedaba ningún premio por ganar, te inventaste uno nuevo?

Bueno, desde que nos concedieron el Guinness ya hemos ganado seis premios más. Hoy (31 de octubre) nos han dado dos premios más en un festival francés: el premio del público, que para mí siempre es el mejor, y el premio a la mejor banda sonora, lo que hace que me alegre un montón por Víctor Peral.

Uno de esos primeros premios fue ese Goya tan celebrado. ¿Sirvió como impulso para que fueran ‘cayendo’ los demás?

La verdad es que no lo sé, no sé cómo funcionan los festivales a la hora de hacer sus selecciones. La verdad es que con ‘La Bruxa’ el Goya también fue de los primeros premios, y su suerte fue muy distinta. Ganó 35 premios, de lo cual estoy muy orgulloso, pero no fue como con ‘Cuerdas’. Al final, cuando seleccionan tu corto entre 2.000 ó 3.000 que se presentan, es trabajo… y mucha suerte.

Y todo, siendo ‘Cuerdas’ una historia tremendamente personal, en tu caso familiar.

Nunca imaginé que algo tan íntimo y que hice para mí, que estuve a punto de meterlo en un cajón una vez finalizado, me iba a dar tantas alegrías. Es algo que ni en el mejor de mis sueños pude imaginar.

Puede ser como preguntar si quieres más a tu hija o a tu hijo, pero entre el primer Goya de ‘La Bruxa’ y el gran éxito mundial de ‘Cuerdas’, ¿con cuál te quedarías?

Pues te voy a poner un ejemplo muy gráfico con mis hijos. Mi hija probablemente me dé más satisfacciones que mi hijo, por su minusvalía, pero no voy a querer más a mi hija que a mi hijo. ‘La Bruxa’ me dio muchas alegrías, de hecho logró reconocimientos muy importantes como ser seleccionado en Francia para un pase para recaudar fondos para la Unesco. Eso fue maravilloso. De hecho, hace poco en un festival, ‘La Bruxa’ ganó a ‘Cuerdas’ (ríe). Al final, en el segundo se ve el aprendizaje del primero, algo que espero que siga ocurriendo en trabajos futuros.

‘Cuerdas’ tiene además el valor añadido de ese carácter pedagógico ante las necesidades especiales de un miembro de la familia, como es el caso del personaje inspirado en tu hijo Nicolás.

Esa labor pedagógica también me ha sobrepasado. Mira, el primer reconocimiento que tuvimos ya indicaba el camino que iba a seguir ‘Cuerdas’. Fue cuando la llevamos a calificar al Ministerio de Cultura, siendo para todos los públicos con especial recomendación para la infancia. Que recomendaran que los niños vieran mi corto fue para mí un gran premio.

De ese gran proyecto, el largometraje de ‘Cuerdas’, ¿qué se puede contar?

Pasada la locura del primer año, en el que no tuve tiempo para nada, me planteé el futuro y pensé que no me apetecía hacer otro cortometraje. El cuerpo me pidió escribir, y salió un largometraje basado en el mismo universo de ‘Cuerdas’. Ahora echa a volar, es un hijo que se ha ido de casa y que algún día vendrá a darme noticias. Espero que lo que me cuente es que le va bien en la vida.

Pedro Solís entrevista

Pedro Solís durante la entrevista || Fotografía: Eduardo Bonilla Ruiz.

Su hermano pequeño ya ha viajado por todo el mundo. ¿Le ha servido a su padre para ganarse la vida?

Con un corto no te ganas la vida de ninguna manera. No se vive de eso, suelen actuar como carta de presentación de los cineastas antes de hacer un largo. Decimos que tiene su propia narrativa y que es un género en sí mismo, aunque realmente es un estilo y los géneros son otros, pero tienen entidad propia. Yo hice los cortos porque me apetecía, no buscaba hacer un largo en ese momento y lo disfruté mucho, pero ningún director te dirá jamás que quiere pasarse toda la vida haciendo cortometrajes.

Entonces, ¿cómo se financian?

Es imposible. Al final necesitas la ayuda de gente. Si yo tuviera que haber pagado a los amigos que han participado, con los sueldos que tienen, me habría costado varios cientos de miles de euros. Es inviable. Tengo la suerte de conocer a grandes profesionales, siempre digo que este corto tuvo la suerte de contar con los mejores, que sólo le faltó un buen director (ríe). Pero que se le va a hacer, me tuvo a mí.

Está claro que vivimos en un mundo digital que en muchos momentos nos hace la vida más fácil. Pero, ¿qué pasó con ‘Cuerdas’ y las redes sociales?

Fue algo que me sobrepasó, porque de repente todo el mundo estaba compartiendo mi corto. Yo pensaba, “la gente no comparte los videos de Pixar por los móviles, y esos sí que son buenos”. Alucinaba, porque llegaba a casa, abría Facebook y tenía 400 solicitudes de amistad de Méjico, al día siguiente Perú, e iba viendo cómo se iba expandiendo. Y mensaje que me hacían pasar horas llorando, gente que te contaba sus casos… Pero yo temía que eso me perjudicara a la hora de presentarme a festivales y, de hecho, pasó con gente que no votaba mi corto porque ya lo había visto antes en Internet. Pero ahora, con la pátina del tiempo, creo que he aunado las dos cosas que todo creador quiere: ganar festivales, que la crítica valore tu trabajo, y, a la vez, que millones de personas lo vean. Más de 300 millones de personas han visto ‘Cuerdas’. Es bárbaro.

¿Y cuál puede ser su secreto? La sensibilidad, la verdad, la naturalidad…

El secreto del éxito no lo tiene nadie. Tuve un jefe en una empresa de videojuegos que decía una frase que me encantaba: “Si yo supiera cuál es el secreto de éxito, todos mis videojuegos lo serían”, y no era así. Había pegado un ‘pelotazo’ con uno de ellos (Commandos) pero otros no lo fueron. Yo soy una esponja a la hora de quedarme con verdades que la gente cuenta. Una persona que había vendido 1.000.000 de copias de su primer juego, que dijera eso con esa humildad… Por eso yo no sé cuál es el secreto del éxito, sé cuál es el secreto del fracaso, que es no darlo todo. Una vez hecho eso, lo demás escapa a tu control, pero hay que darlo todo para que las demás cosas buenas ocurran después.

También, como profesional, te ha definido mucho el universo ‘Tadeo Jones’. Y ahora estáis trabajando en la segunda parte.

Sí, en eso estamos trabajando, soy dirección de producción igual que lo fui en la primera. ‘Tadeo Jones’ fue otro proyecto que hicimos con todo el cariño del mundo y que fue una gran sorpresa, porque no esperábamos el exitazo que fue. Con un presupuesto muy modesto, logramos hacer algo.

Pedro Solís entrevista

Detalle de las manos de Pedro Solís || Fotografía: Eduardo Bonilla Ruiz.

Sí, sobre todo llenar cines.

La verdad es que fue sorprendente. El fin de semana del estreno fue una hemorragia de felicidad, cuando nos íbamos mandando mensajes contando que todo estaba completo en nuestras ciudades. Es que me ha tocado vivir cosas muy bonitas dentro de la profesión del mundo de la animación en los últimos años.

No hay que olvidar el éxito comercial…

Un gran director dijo una vez que él no trabajaba pensando en el público, pero mucho menos pensando en su contra. Es una buena forma de ver el mercado, de ver este negocio.

Ya nos has hablado de tu anterior trabajo como desarrollador de videojuegos. ¿Qué recuerdas de aquel ‘Torrente’?

Tuve la suerte de trabajar en la empresa Virtual Toys con el primer videojuego de ‘Torrente’. Yo modelé al personaje de Torrente, de hecho. Fue una experiencia fantástica, la primera empresa en la que trabajé dedicándome al mundo de la animación, el primer videojuego, con un personaje tan peculiar… Además, ahí conocí a los profesionales que a la postre han sido compañeros míos durante los últimos 15 años.

Videojuegos y cine van de la mano, son dos industrias que se interconectan. Sin embargo, su tendencia comercial es muy diferente a día de hoy. ¿A qué puede ser debido?

Bueno, si hablamos en cuestiones de rentabilidad, cada uno cuenta la feria según le va. Hay grandes películas, con grandes presupuestos, que ya en preventas han cubierto gran parte de la película. Con los videojuegos pasa lo mismo, algunos son superproducciones y antes de salir ya han logrado una pasada. Y también hay otros más modestos con otras rentabilidades. Si es verdad que hoy en día, si te funciona un videojuego, se convierte en una franquicia increíble. Pero claro, eso no lo regala nadie.

Entonces, ¿volverías alguna vez a la industria del videojuego?

A día de hoy no es algo que me plantee. Me encanta trabajar en cine y me ha encantado trabajar en videojuegos. Más con la evolución que tuve, de modelador de escenarios a coproductor en el último que hice. Además, era para niñas de la edad que tenía mi hija en ese momento, así que se lo dejaba para que lo probara mientras lo desarrollábamos. Yo sólo la miraba, veía cómo jugaba y al día siguiente me llevaba esos datos para aplicarlos. Disfruté muchísimo. Aunque una película y un videojuego cada vez son más parecidos: las cinemáticas, la narrativa, el guión… Vamos, que no descarto volver.

Anda, que menudo viaje emocional de ‘Torrente’ a ‘Cuerdas’.

(Ríe) Pero ‘Torrente’ no era un producto que controlara yo. Emocionalmente yo siempre he sido el mismo. De hecho, hace poco escuché una canción de un grupo y me acordaba de la persona que por primera vez me puso esta canción, que fue precisamente en este proyecto. Suelo quedarme con esas cosas que te erizan la piel… Soy muy ñoño. Ese videojuego marcó un antes y un después en mi vida, fue abrirme a mucha gente distinta. Aprendí muchísimo de la gente que me rodeaba, artísticamente fue una pasada. Me influyó ese trabajo igual que me influyó el primer trabajo que tuve, en Vicasa cogiendo vasos. Todo marca. Pero a la hora de hacer algo mío, me gustan las historias que me gustan, más sensibles. ¡Aunque lo mismo un día me desmarco haciendo una de zombis! (ríe de nuevo). No, es broma.

Oye, se puede hacer una película de zombis que sea muy sensible.

Pedro Solís entrevista

Pedro Solís durante la entrevista || Fotografía: Eduardo Bonilla Ruiz.

Sí, es verdad eso. No descarto hacer nada entonces. Pero al final cada uno es como es, la cabra tira al monte y siempre me saldrán cosas que intenten erizar la piel, como a mí me ha pasado con canciones, con películas o un cuadro.

¿Cómo llega Pedro Solís a dedicarse al cine de animación?

Siempre me atrajo hacer gráficos. Echo la vista atrás y recuerdo el primer ordenador que me compró mi madre, fregando escaleras. Era un Spectrum. Luego, con mis primeros sueldos, me compré una camarita y lo primero que hice fue un programa para que si le metía una frase, apareciera la frase en grande bajando las letras una a una. Tras eso, uno de mis hermanos, Juan Solís, estaba trabajando en una empresa de diseño de logotipos y se empezó a formar para hacer cosas en tres dimensiones, “como las letras de los telediarios” me decía. Eso me abrió los ojos, porque era lo que siempre había querido hacer, y me iba a casa de mi hermano para que lo que él aprendía por la mañana me lo enseñara por la tarde. Así llegué a los 30 años, cuando nació mi hija y a la vez murió mi padre, cuando que me dije “ahora o nunca”, dejé mi trabajo fijo en el que llevaba 10 años y me lancé a la aventura de intentar ganarme la vida con lo que estaba aprendiendo.

Por lo que comentas, tu experiencia vital tiene mucho que ver con las decisiones profesionales que tomas.

Y más allá. Siempre digo que como director de producción me enfrento a los problemas como me enfrentaba cuando reparaba tragaperras y máquinas de videojuegos. Primero intento ir a lo más sencillo y según se va complicando, le vamos quitando capas para llegar al centro. En mis cortos más todavía, esa experiencia vital siempre va a quedar plasmada. Mira, alguien que se leyó el guión del largo de ‘Cuerdas’ me dijo: “¿Eres tú ese personaje?”. Yo le dije que no, pero me contestó que decía cosas que yo digo. Y es normal, al final a mí no me salen películas de robots superpoderosos, me salen películas de las cosas que vivo y siento.

¿Te sientes reconocido? ¿Eres profeta en tu tierra?

Sí lo siento, pero no siento que tengan que reconocerme mucho más. Sólo soy un trabajador con un trabajo que tiene una parte glamurosa más conocida, pero tampoco es que haga algo por lo que tenga que ser reconocido. Hay una anécdota muy curiosa. Cuando gané el Goya con ‘La Bruxa’ me iban a entrevistar por la radio en Guadalajara, y mientras esperaba al teléfono hablaban en directo con el doctor Ortigado, muy conocido en la ciudad, que había resuelto un caso bastante complejo de un niño con un cuadro muy difícil. Cuando terminaron con él dijo el periodista: “Ahora vamos a entrevistar al hombre del día, Pedro Solís, que ha ganado un Goya…”. Yo pensé en ese momento, “¡yo no soy el hombre del día, es el doctor Ortigado que ha salvado una vida!”. Me fastidió no decirlo en directo, pero por lo menos se lo pude decir a la madre del doctor hace poco.

Entonces, es cuestión de que cada uno sea bueno en lo suyo.

Yo respeto todas las profesiones y disfruto viendo cómo alguien desarrolla bien su trabajo. Hace poco, recuerdo a un chico poniéndome en un catering un vino que le dije: “Me estás dejando alucinado”. Por cómo cogió la copa, el cariño con el que cogió la botella y cómo sirvió el vino me pareció algo increíble, y se lo dije. Me parece que todo el mundo, cada uno en su profesión, se merecería ser profeta en su tierra. Lo que pasa es que no todos los trabajos tienen ese tirón mediático. Conmigo, sobre todo la gente de Guadalajara, han tenido un cariño del que no me puedo quejar. Me he sentido agasajado.

Pedro Solís durante la entrevista || Fotografía: <a href="http://www.eduardobonillaruiz.com">Eduardo Bonilla Ruiz.</a>

Pedro Solís durante la entrevista || Fotografía: Eduardo Bonilla Ruiz.

También depende del lugar que seas y de lo acostumbrada que esté la gente al éxito.

Pero aquí hay, por ejemplo, establecimientos que llevan 20 años trabajando. Eso es el éxito. No hace falta estar en un momento dado en el candelero. El éxito se podrá valorar cuando uno tenga la edad de jubilarse y mire hacia atrás pensando que ha habido cosas curiosas en su carrera. Mientras tanto, no hay que dejar que el éxito o el fracaso se nos suba a la cabeza.

Y después de tantos premios, tantos escenarios pisados… ¿Cómo se gestiona ese éxito?

Se gestiona de la misma manera que cuando tienes un hijo y te dicen que tiene parálisis cerebral y que nunca va a andar, que nunca va a hablar y que siempre va a ser un bebé. Día a día. Si a mí me hubieran dicho, el día que estaba terminando ‘Cuerdas’, que iba a ganar un Guinness y que iba a recoger tantos premios, pues seguramente me hubiera vuelto tonto. Pero como es una cosa dividida en el tiempo, es algo que es asumible. Ojo, que yo miro para atrás y pienso: “¡Qué cosas más chulas hemos conseguido!”. Pero al rato tengo que darle de cenar a mi hijo e 11 años su puré, tengo que darle sus pastillas o tengo que limpiarle el culo. Eso te baja los pies a la tierra de una manera bárbara.

Pero cuando el día a día no es tan sencillo, ¿el éxito, las cosas buenas, no se valoran más?

Sí. Si algo he aprendido en estos años con el asunto de mi hijo es a saber cuándo estoy siendo feliz. Antes pensaba en algo del pasado y pensaba: “En ese momento fui feliz”, pero no me daba cuenta al momento. Yo ahora, cuando soy feliz, sí me doy cuenta de ello. Así es como se puede disfrutar a tope ese momento, pegándole a la vida los arañazos que puedo en cada momento, porque tengo claro que el problema de mi hijo va a ser una constante en mi vida, y que nunca irá a mejor.

Todo eso con una buena compañera de viaje, siempre será mejor.

Es que a mi realmente no me conoce nadie, a quien conocen es a mi mujer, Lola. Una anécdota. Dentro de unos días voy a ir a un colegio a dar una charla. La profesora les dijo a los alumnos que iba a ir Pedro Solís, que si sabían quién era. Y una chica dijo: “Sí, el marido de Lola”. (Ríe) Si algo he aprendido de ella es el tema de la empatía. Yo antes no era nada empático, me ponía una barrera. Pero cuando nació Nico la barrera reventó, y ahora tengo la piel más sensible a la hora de enfrentarme a los problemas de los demás, y valoro más la calidad humana de Lola, que siempre ha sido así, no ha hecho falta que le tuviera que pasar esto.

¿Hay algo de eso en tu hija? Que si no me equivoco, es la verdadera inspiración de ‘Cuerdas’.

Alex ha sacado todo lo peor mío y todo lo bueno de Lola (ríe). Es una niña muy empática, recuerdo que desde pequeña en su cole había una niña con una minusvalía que se relacionaba poco y le pusieron al lado a mi hija, porque decían que le sacaba conversación a las piedras.

Bueno, eso es tuyo y malo no es…

Pues yo soy muy tímido, de verdad. Pero luego me suelto a hablar y lo uso como terapia. Mira, hace poco he dado un par de charlas para el Colegio de Psicólogos Catalanes y les decía que iba allí a soltar mi rollo y encima me iban a pagar (ríe).

Pues Pedro, ya para terminar, ¿qué mensaje te gustaría dejar?

Pues sobre todo lo que te decía antes, lo importante que es saber que uno está siendo feliz en el preciso instante, y no días después. Mira, como ahora, por ejemplo.