La llegada a la luna

El aterrizaje en la luna, el 21 de Julio de 1969, es una fecha marcada a fuego en la historia de la humanidad. El comandante Neil Armstrong, junto con Edwin Aldrin y el piloto de la nave, Michael Collins aterrizan en la Luna. Un esfuerzo épico para los Estados Unidos en el momento en el que se jugaban la reputación contra otro gigante planetario, la Unión Soviética. Solo uno iba a ser el primero, los siguientes en pisar la superficie lunar serían eternamente el resto. Cuando Armtrong apoyó su pie en Selene dijo una frase que, preparada o no, generaciones futuras la recordarán como un escolar tiene impresa en su cabeza la tabla de multiplicar: Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Virginal ella, la blanca Catalina recibió a los astronautas a las 02:56 (hora internacional UTC) con dudas, misterio y miedo. ¿Qué pasaría al aterrizar? Todo estaba medido a la perfección, o no. Se habían hecho muchas pruebas en Cabo Cañaveral sí, pero solo pruebas. ¿Tan arriesgado era mandar hombres a la Luna y tan capital el llegar como para solo quedarse a mitad de camino? Quizás Stanley Kubrick callase más de lo que decía. ¿Es acaso El Resplandor una declaración de intenciones o solo una provocación hacia el espectador? ¿Consiguió de verdad el Tío Sam plantar sus barras y estrellas en la Luna?

John Fitzgerald Kennedy afirmó que “Elegimos ir a la Luna. No porque sea fácil, sino porque es difícil”. Tal esfuerzo titánico dejaría claro quién marcaba el ritmo del orden mundial y la opción de claudicar no estaba entre la combinación querida por el pueblo americano. La carrera espacial era, a contrarreloj, donde las superpotencias se medían el tipo y el cosmonauta Yuri Gagarin había dejado a la URSS en alta posición. Los Estados Unidos no podían defraudar y la Guerra Fría solo iba a tener un ganador.

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