La bolsa de Wall Street se desplomó un jueves de octubre de 1929 dando origen a la mayor crisis económica de la historia. A pesar de que ya un año antes se empezaran a ver los primeros síntomas, los efectos del crack bursátil se materializaron de repente bajo los ojos de todos. La pérdida del empleo y la imperiosa necesidad de encontrar un medio de subsistencia dieron lugar a los flujos migratorios entre las zonas rurales y urbanas del país. Miles de personas, trabajadores y familias, emprendieron un largo viaje en busca de una oportunidad. Unos años después la situación socioeconómica del país era desastrosa. No solo no había mejora, sino que la indignación de la población crecía cada vez más.


Ese sentimiento se hizo patente a la hora de elegir al nuevo presidente de los Estados Unidos. Decepcionados por la política de Hoover, los electores votaron a Franklin Delano Roosevelt. Esto pasaba en 1933. Dos años después, Roosevelt puso en marcha una serie de medidas para contrarrestar la crisis. Entre las propuestas económicas y fiscales figuraba también la creación de una agencia de obras públicas llamada Work Progress Administration (WPA), encargada de dar empleo a millones de personas.
EUDORA WELTY Y LA WPA
Eudora Welty, originaria de Jackson, Misisipi, era una de estas personas. Al tiempo que trabajaba en una radio de la ciudad y escribía en el periódico Memphis Commercial Appeal, decidió entrar en la WPA como publicista. Ese trabajo le brindaba una oportunidad única: recorrer el estado de Misisipi como nunca lo había hecho. Por primera vez, desde que era una niña y viajaba con su familia, entraría en contacto de verdad con el lugar en el que había nacido.

De ahí a unos años, Eudora Welty consagraría su carrera de escritora tras ganar el premio Pulitzer en 1973 con la novela La hija del optimista, pero en aquellos años de la Gran Depresión americana todavía no conocía su camino. Amaba escribir y lo expresaba en forma de artículos, cuentos y, más tarde, novelas. Sin embargo la fotografía fue una sorpresa, una habilidad que descubriría en ese viaje por Misisipi.
Eudora Welty no era una profesional, a diferencia de otros ya afirmados fotógrafos como Dorothea Lange, Walker Evans, Ben Shahn o Marion Post Wolcott que en aquel período trabajaban para otra agencia, la Farm Security Administration, cuya oficina en Washington establecía los temas y los enfoques a tratar en los reportajes fotográficos. El compromiso social y ético de Welty junto con la libertad de expresión que la WPA le ofrecía marcaban la diferencia entre ella y los demás fotógrafos.


SNAPSHOTS DE LA GRAN DEPRESIÓN
Sus fotografías son snapshots, es decir, instantáneas, apuntes visuales que Welty tomó durante sus peregrinajes por Misisipi. El viaje, la carretera, los caminos por las tierras rurales del estado se convierten en los referentes de sus fotos. Espacios inciertos para la gente que tuvo que migrar a otros lugares. Un tema que a Welty importaba tanto que le dedicó la portada de su primer libro de fotografías, One Time, One Place.

En cuanto instantáneas y entonces rápidas y sacadas sin premeditación llama la atención observar qué temas Welty seleccionó para contar la Gran Depresión al mundo. Sus fotos, lejos de obedecer a los canones visuales imperantes, son un testimonio espontáneo y democrático en el que blancos y negros tienen la misma importancia.


Los negros, normalmente relegados a la invisibilidad que la discriminación racial les otorgaba, se hacen visibles en las fotos de Welty. Adultos, niños, jóvenes y viejos. Hay sitio para todos. Algunos charlan, van a la iglesia, cumplen con sus tareas cotidianas. Otros posan orgullosos frente a la cámara.


En una entrevista Welty dijo que el propósito de sus retratos no era el de exhortar a nadie, sino de mostrar que la vida real estaba ahí, justo frente a ella. Fotografiar a esas personas cumpliendo con tus tareas cotidianas a pesar de todo significaba dar visibilidad a su determinación por el trabajo y el esfuerzo. Las fotos de Welty se convierten entonces en un humilde tributo a la humanidad y a su impertérrita lucha contra la crisis. Una lucha común que no discrimina a nadie.

