2 de marzo de 1959. Paul Chambers desliza tres suaves notas; al otro lado del piano, Bill Evans responde. El humo de incontables cigarrillos flota en el 207 Este de la Calle 30, mientras el diálogo prosigue delicado, volátil. Contrabajo y piano navegan hasta el segundo veintinueve de cinta por un mar de texturas e incógnitas sin despejar. Quizá en ese momento, Bill mira a Paul y sus labios esbozan una vaga pregunta: «So… what?». Si eso sucede, Paul Chambers vacilará desdibujando una última línea de contrabajo para, ahora sí, marcar la entrada a los dos acordes más famosos de la historia del jazz.

Desde que abandonara el quinteto de Charlie Parker en 1948, el trompetista Miles Davis perseguía el incansable propósito de dotar al jazz de un refinamiento intelectual y una mayor introspección lírica. Con ello quería responder al anfetamínico y visceral bebop que imperaba en la época. Prueba de ello es Birth of the Cool, compilación grabada tan solo un año después, cuya publicación tendría que esperar a 1957. Este trabajo constituye el fruto de la camaradería de un joven noneto de músicos con aspiraciones semejantes las de Davis, entre los que se cuentan el saxofonista Gerry Mulligan, el pianista John Lewis y el batería Max Roach.

Birth of the Cool es la piedra angular del llamado cool jazz. Las grabaciones de este álbum se caracterizaron por la relajación del tono y el tempo respecto al bebop, y la influencia de la música orquestal y el impresionismo europeo de finales del siglo XIX.
Paradójicamente, el propio Davis renegará del cool, acusándolo de desproveer al jazz de sus raíces negras, y volverá a virar el rumbo de su música. A lo largo de 1956 graba cuatro discos que le situarán a la vanguardia del hard bop: Steamin’ with the Miles Davis Quintet, Relaxin’ with the Miles Davis Quintet, Workin’ with the Miles Davis Quintet y Cookin’ with the Miles Davis Quintet. En 1957 y 1959 se editan Miles Ahead y Porgy and Bess, respectivamente. Ambos álbumes se adscriben a la corriente conocida como Third Stream, una suerte de simbiosis entre el jazz y la música clásica.
No obstante es en 1958, con la edición de Milestones, cuando Davis tendrá sus primeros escarceos con la música modal, concretamente en el tema del mismo nombre. Sin duda motivado por el resultado satisfactorio de Milestones, Davis planificará la confección de un disco basado íntegramente en el Concepto lidio-cromático de organización tonal de George Russell. O, lo que es lo mismo, el primer disco de jazz modal.
Davis y Kind of blue
John Coltrane al saxo tenor, Cannonball Adderley al saxo alto, Jimmy Cobb a la batería, Paul Chambers al contrabajo y Bill Evans al piano, además del pianista Wynton Kelly, tomando el relevo de Evans en Freddie Freeloader. Juntos conforman el sexteto que Miles Davis reunió para dar forma a una de las obras más novedosas e influyentes del siglo XX: Kind Of Blue (1959). Un plantel de músicos de lujo definido por el propio Evans como superhumanos.
Davis mantuvo a sus colegas en vilo respecto al material que iban a tocar casi hasta el mismo momento de la grabación. Al entrar en el estudio, los músicos se toparon con las deliberadamente escuetas anotaciones de las partituras que el trompetista les había preparado. De esta forma, Davis pretendía estimular la creatividad de sus socios, obligándoles a poner a prueba su rapidez mental y forzándoles a «descubrir» el tema a medida que iban tocándolo. Su objetivo era el de conferir al álbum la máxima espontaneidad posible y atender a una de sus máximas inquebrantables: la primera toma es la buena.
Aunque está bastante extendida la leyenda de que se grabó todo en un solo intento, lo cierto es que hay constancia de varias tomas fallidas en la reedición del Kind Of Blue que se realizó coincidiendo con su cincuenta aniversario: The 50th Anniversary Legacy Edition.

Kind of blue es un álbum atmosférico y sensual, cuya naturaleza viene dada por la impronta de cada uno de sus protagonistas. Así, el inconfundible sonido metálico de la sordina Harmon de Davis en la preciosa Blue in Green invita a la reflexión en forma fraseos patéticamente brillantes, llenos de melancolía y misterio. Por su parte, en So What el errático saxo tenor de Coltrane zarandea al oyente en cada rugido, en cada tentativa romper el jazz en dos. El alto de Cannonball transcurre dulce y sugerente en Flamenco Sketches. En este mismo tema, el erudito piano de Bill Evans levita frágilmente sobre el incesante ride que marca reposadamente el ritmo…
Kind Of Blue es un hito artístico que supuso una auténtica revolución en cuanto a la forma de afrontar la improvisación. Así, dio el pistoletazo de salida al free jazz y demás vanguardias que germinarían durante la segunda mitad del siglo XX.
Un pistoletazo de salida a la vanguardia
Clásico imperecedero para los amantes del género y excelente punto de partida para los oyentes menos experimentados, Kind of Blue hará las delicias de todo aquel que se postre vulnerable ante él y se deje abrazar por sus tibias llamas azules.
Así pues, no queda más que invitar al lector a cerrar las cortinas, ponerse cómodo, y darle al play en la más absoluta intimidad o la más grata compañía. Pues, como dijo el pianista Herbie Hancock: «If you want a record to make love to… Kind of Blue is the record».

