Posiblemente considerar que Easy Rider, película de 1969, es simple crítica social implicaría quedarse corto. El film, como sucede con la mayoría de obras de arte destacadas, incluye pasajes de un alto grado de intensidad reivindicativa y contestataria. Da igual que los protagonistas sean dos moteros libres y rebeldes. Tampoco es relevante que el mal esté representado por cuatro sureños sucios y primitivos. Ciertos pasajes de la película invitan a pensar que cierto miedo, el miedo a la libertad, es el peor enemigo del hombre.

Easy Rider refleja como el ser humano en un estado de terror, por pura genética y una crueldad idiosincrática, se limita a empujar por un precipicio al que considera su enemigo y amenaza. Por otra parte, se contempla que la libertad suele ser, per se, inocente e incrédula. El triunfo del llamado valiente, en ocasiones, se convierte en la recompensa por haber eliminado un ejemplar o un ápice de dicho miedo, y no por haberlo superado. Queda así la cuestión de si dicha forma de allanamiento del miedo puede llegar a ser contraproducente.

En el film también se caracteriza a esta clase de miedo de irracional y paranoico. Sentir pavor por la búsqueda del libre albedrío o por el anhelo de la autosuficiencia vital y material se traduce, posiblemente, en una sensación muy peligrosa.

Easy rider

Fotograma de Easy Rider

Easy Rider, personajes profundos

El Capitán América, interpretado por Peter Fonda, en realidad no es capitán y acaba siendo cazado por los americanos. Resulta también que el instigador del juicio sobre la libertad y el miedo es un abogado joven y apuesto, culto, atrevido y un tanto perdido. Lo encarna un estelar Jack Nicholson. Son guiños del director dirigidos a la política conservadora pro-belicista de un gobierno en decadencia mental e intelectual, que usa el miedo como mecanismo efectivo de defensa.

Este tema contiene una cierta reminiscencia a Foucault, que en Vigilar y Castigar hablaría de la semiotécnica del poder como administración y control del ser humano por parte de un bloque institucional, partidario al amilanamiento.

En Easy Rider, Dennis Hopper describe con precisión qué significa todo ésto. El contexto pertenece al sueño hippie de la américa de Nixon, el LSD, la luz de Woodstock y la partición de una tierra falsamente prometida. El mensaje de Hopper también se puede amoldar perfectamente a la contemporaneidad occidental.

Suena el “Wasn’t born to follow” de los Byrds o un Bob Dylan en período de transición musical. La canción protesta es la bandera de un ambiente ambiguo e inconsistente. Los espantados derrumban la esperanza un tanto utópica; los aterrados atropellan sin ningún tipo de miramiento a los que no han nacido para seguir al poder injustamente preestablecido. Después de visualizar Easy Rider, muchos encontrarán que, en gran parte del mundo, por suerte para algunos y por desgracia para otros, siguen ganando cobardes armados de medios y miedos.

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