Las bandas sonoras originales, BSO, forman parte indiscutible del presente musical. Películas y videojuegos son inconcebibles sin un trasfondo musical que acompañe cualquier acción, sea narrada o mostrada. Cualquier asiduo a la cultura cinematográfica identifica varios nombres automáticamente cuando se habla de bandas sonoras. John Williams, James Horner o Hans Zimmer destacan entre otros. Pero un compositor se adelantó a todos los anteriores en una época en la que el concepto de banda sonora no se había ni planteado. Cuando únicamente una pianola acompañaba al espectador. Ese adelantado fue Gustav Holst. Posiblemente, el origen de las bandas sonoras actuales.

Gustavus Theodore von Holst nació en Inglaterra en 1874. Él mismo cambió su nombre a Gustav Holst al inicio de la Gran Guerra para evitar que le confundieran con un germano. Es durante el transcurso de esta Primera Guerra Mundial cuando compone su obra magna: Los Planetas. El origen de esta composición proviene de un viaje que Holst realizó a España en 1912 acompañado de un amigo suyo que le inició en el campo de la astrología. Y de ahí surgió su creación.
Gustav Holst y la primera BSO
Una suite de 7 piezas en la que cada movimiento representa un planeta. Marte, el que trae la guerra. Venus, el que trae la paz. Mercurio, el mensajero alado. Júpiter, el que trae la alegría. Saturno, el que trae la vejez. Urano, el mago. Y Neptuno, el místico. Cada uno representa un estilo y una idea. Pero son dos las que han dejado una gran huella en la música del cine: Marte y Júpiter.
Marte es la introducción a la suite. Solo con escucharla de fondo ya denota combate, acción y destrucción. Pero lo más significativo de la primera pieza de la suite es la correlación de sus melodías con el género de ciencia ficción y las películas estelares. No suena Marte. Suena “Star Wars”. Suena “Star Trek”. Suena “Serenity”. La música proyecta en la mente sables laser, naves aterrizando o intercambio de disparos en plena estación espacial. Si J.J. Abrams decidiera colocar todo este primer movimiento en algún rifirrafe entre los rebeldes y el imperio encajaría a la perfección. El espectador ni se inmutaría.
Si alguien se pregunta si John Williams plagió descaradamente a Gustav Holst, la respuesta es que no. En el caso de James Horner no se puede descartar nada. Si existe esta similitud es por la detallada reproducción que Holst realizó en sus movimientos de los significados astrológicos de cada planeta. Y en el caso de Marte supo plasmar la guerra en todos sus aspectos. Claro que el contexto histórico en el que compuso este movimiento fue propicio, durante la Primera Guerra Mundial.
Si hay otro movimiento de esta suit que destaque en la relación con el cine moderno es Júpiter. En él Gustav Holst se aleja carácter bélico de Marte. La representación del cuerpo celeste portador de la alegría invita a la fantasía y la aventura. Si Marte recuerda a las grandes aventuras espaciales, Júpiter parece estar extraída del mundo de Tolkien. Del mismo modo contiene numerosos recursos musicales utilizados en las películas de animación japonesas. Incluso el motivo principal es sospechosamente similar al tema de “La Princesa Mononoke”, uno de los grandes éxitos de Hayao Miyazaki.
Pero estas evasiones a mundos fantásticos tienen un retorno. El espacio. Los motivos restantes de Júpiter vuelven a extraer la esencia de las aventuras galácticas del cine. Y se trata de un caso sin precedentes. Se han utilizado obras de otros artistas clásicos en el cine como Mozart y Beehoven que acaban sonando a lo que son, a obras de Mozart y Beethoven. Pero si algo de místico tiene Holst es la capacidad de su obra de sonar a cosmos. De sonar a HAL9000.
Tildar de coincidencia estas correlaciones puede ser demasiado atrevido. Tampoco hay que hablar de plagio, pese a que las bandas sonoras no están exentas de ellos. Lo más certero sería destacar a Gustav Holst como un visionario involuntario. Supuso el origen de un ámbito musical inexistente en su época. Un campo que hoy en día interesa mucho al público como demuestra el éxito de la FSO. Y es que posiblemente Gustav Holst fue el padre de las bandas sonoras.

