Diputaciones provinciales. Supresión, mantenimiento o reforma. Estas son las tres opciones que se mantienen actualmente en el espectro político de nuestro país.

Fachada de la Diputación Provincial de Palencia

Fachada de la Diputación Provincial de Palencia

Nacidas a la luz de la primera Constitución Española, la de 1812, fueron la opción que aquellas Cortes eligieron para la organización territorial de un país que quería sacudirse al mismo tiempo la invasión napoleónica y las estructuras heredadas del Antiguo Régimen. “En cada Provincia habrá Diputación, llamada provincial, para promover su prosperidad…”, decía La Pepa en su artículo 325.

Desde entonces forman parte del entramado administrativo español. Sin embargo, en los últimos años han encontrado detractores, sobre todo desde el nacimiento del Estado de las Autonomías. Y es que antes del pacto Ciudadanos-PSOE, voces socialistas y también de Izquierda Unida abogaban por su desaparición.

Detractores: costes y duplicidades

Los detractores de las diputaciones argumentan, principalmente, que suponen un gasto innecesario para las arcas del Estado. No en vano, gestionan anualmente 23.000 millones de euros en su conjunto. Así, afirman que sus competencias podrían ser absorbidas por las comunidades autónomas con un menor coste total, ya que se eliminarían ciertas duplicidades entre ambas administraciones en materias como empleo o turismo, por poner dos ejemplos.

Acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera

Acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera

Por otro lado, y también en la línea del ahorro, lamentan que la dimensión de las diputaciones ha ido creciendo exponencialmente, con una cifra desorbitada de funcionarios (más de 60.000). Además, afirman que este crecimiento de plantilla, legislatura tras legislatura, ha obedecido a una suerte de ‘enchufismo’ de afines al partido que gobernara en cada momento.

Y ahí radica su siguiente argumento, en la elección del que manda. Achacan falta de democracia al sistema, ya que los diputados provinciales son elegidos por los propios partidos políticos en relación a los votos conseguidos en las elecciones municipales, con los partidos judiciales como circunscripciones independientes. Es decir, que nadie sabe quiénes van a ser los diputados hasta después de que hayan pasado las elecciones, sin tener capacidad de elegirlos.

Defensores: servicio y cercanía

Pero si las diputaciones tienen detractores, también tienen defensores. Y tienen sus propios argumentos. El principal es el servicio que éstas prestan a los ayuntamientos de pequeñas poblaciones, aquellos que no cuentan con fondos para tener en plantilla un fontanero o un electricista que arregle una avería con la celeridad que merece. Los mismos que no pueden tener un servicio de recogida de basuras o que no pueden renovar sus redes. Es ahí donde entra la Diputación.

Acta de constitución de la Diputación de Guadalajara

Acta de constitución de la Diputación de Guadalajara

Pero hay más. Circuitos deportivos, ayudas a fiestas tradicionales, gestión de recaudación fiscal, inversiones en infraestructuras locales, servicio de extinción de incendios, mantenimiento de carreteras comarcales, iniciativas culturales… Como “Ayuntamiento de ayuntamientos” han sido definidas en alguna ocasión, haciendo hincapié en la funcionalidad práctica de estas instituciones provinciales.

Al mismo tiempo, estos defensores afirman que las comunidades autónomas no podrían cumplir con estas funciones de igual manera, por cuestiones como la distancia del que toma las decisiones o el desconocimiento de las sensibilidades de cada situación concreta. Sobre todo, en las zonas con menores tasas de población de la geografía nacional.

Igualmente, en cuanto a la cuestión de las duplicidades, hablan de una complementariedad que ya se ha visto en la puesta en marcha de algunas políticas regionales de gran importancia, cuando lo regional ha pedido ayuda a lo provincial.

Detractores y defensores. Pero también están los reformistas. Los que piensan que se deben limitar las atribuciones de cada administración al detalle, que se debe ir adelgazando poco a poco el tamaño de las platillas de las diputaciones y que hay que implantar un sistema democrático en la elección de sus diputados.

Tres formas de ver una una misma institución. Seguramente, alguien que viva en ciudades al estilo de Madrid o Barcelona será más cercano a su supresión. Mientras, los que viven en las pequeñas poblaciones que salpican regiones como Extremadura, Andalucía o las dos Castillas pensarán justamente al contrario. Por su parte, los que abogan por la reforma como solución serán fáciles de encontrar en las capitales de provincia.

Y es que esta polémica deja una sensación difícil de encontrar últimamente. Esta vez no es una cuestión de color político, sino del tipo de territorio.

Send this to a friend