Numerosas veces en la literatura y en el cine los protagonistas enferman a causa de distintas infecciones bien reconocibles. Una de estas enfermedades a las que siempre se recurre es a la tuberculosis. Todos recordamos a Satine, interpretada por Nicole Kidman, tosiendo sangre en el pañuelo tras su actuación en el Moulin Rouge.

Bacilo causante de la tuberculosis

La  tuberculosis es una de las enfermedades más antiguas del mundo, de esas que acompañan al hombre desde que es hombre, y quién sabe si quizás desde antes. Ya en año 460 a.C. Hipócrates describió los síntomas clínicos de la enfermedad. La primera gran epidemia de tuberculosis se dio en Europa en el siglo XVII.

La tuberculosis es una enfermedad bacteriana que se propaga por el aire de una persona a otra. No fue hasta el año 1882 cuando el médico alemán Robert Koch descubrió el bacilo causante de la enfermedad.  Mycobacterium tuberculosis es su nombre. Se trata de un patógeno estricto del hombre que, ocasionalmente, puede infectar otros animales y que nunca se encuentra libre en el ambiente.

Cuando un enfermo de tuberculosis tose, estornuda o escupe emite aerosoles que contienen el bacilo tuberculoso. Con que una persona inhale los bacilos es suficiente para quedar infectada. Sin embargo, los síntomas clínicos de la enfermedad tardan años en aparecer.

Se calcula que un tercio de la población mundial presenta tuberculosis latente, sin síntomas ni signos clínicos de la enfermedad. Además aun no pueden trasmitirla, ya que es en la fase sintomática cuando es contagiosa.

Las personas infectadas tienen un riesgo de enfermar del 10%, un riesgo que crece en personas inmunodeprimidas. En este momento la persona pasa a tener una tuberculosis activa cuyos síntomas más comunes son tos productiva, a veces con sangre en el esputo, dolores torácicos, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudores nocturnos.

Antiguo sanatorio de tuberculosis

Antiguo sanatorio de tuberculosis

El tratamiento de la tuberculosis se hace con una combinación de fármacos antituberculosos de primera línea si es posible, durante un tiempo suficiente, administrados simultáneamente y en dosis única. Un fármaco de primera línea para la tuberculosis es aquel que es más eficaz y con una toxicidad relativamente baja.

El tratamiento se prolonga en el tiempo hasta los seis meses, por lo que es importante que el enfermo tenga una adherencia al mismo. O dicho de otra forma, que se lo tome. Para ello se le da al paciente supervisión y apoyo por parte de un agente sanitario o un voluntario capacitado. Es importante cumplir con el tratamiento, porque si no la enfermedad puede propagarse. La mayoría de los enfermos se curan si el tratamiento se toma adecuadamente.

Existe una vacuna contra la tuberculosis, vacuna BCG, que se fabrica con bacilos vivos atenuados de una cepa de Mycobacterium bovis. La vacunación sistemática con la vacuna BCG en los recién nacidos se abandonó en España en 1980, 1974 en Cataluña. Actualmente solo está indicada en el caso de personal sanitario en contacto frecuente con pacientes tuberculosos y en niños que se encuentren dentro de grupos de riesgo.

Sin embargo se recomienda el uso sistemático de la vacuna en países en desarrollo con altas tasas de infección, administrándose siempre en niños no infectados previamente. También se recomienda en niños de grupos de riesgo en países desarrollados cuando no se pueden aplicar otras medidas de prevención frente a la tuberculosis.

Actualmente la tuberculosis es la segunda causa de muerte a nivel mundial, después del SIDA, causada por un agente infeccioso. Pero no está todo perdido frente a nuestra compañera de hace siglos. Desde el año 1990 la mortalidad ha disminuido en un 45% y poco a poco el número de infecciones nuevas que se producen cada año va disminuyendo, porque poco a poco seremos capaces de terminar con esta enfermedad.

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