Pese a que hoy día la figura del filósofo no brilla por lo que a reconocimiento público respecta, antaño ocupó un lugar rebosante de popularidad. Casi al nivel de una star system de Hollywood. Durante del siglo XX los pensadores y humanistas más emblemáticos se batían en debates políticos y sociales. Se atacaban en encarnizadas discusiones en televisión o giraban por su respectivo territorio como estrellas de rock, protagonizando ponencias con un altísimo nivel de expectación.

Nombres propios tales como Foucault, Heidegger, Sartre, Wittgenstein, Borges, Popper, Habermas, Harendt, Ortega y Gasset y un prolongado etcétera se postraban ufanos en el podio invisible de la esperanza y el futuro del intelecto bípedo. Todo el mundo los miraba, todo el mundo los odiaba y/o los adulaba. Pero ante todo, todos los escuchaban. Bertrand Russell era la crème de la crème de este grupo.

Russell

Russell en la BBC

Nació en Trellech en 1872 y desde entonces no dejó de cosechar éxitos, como obtener el Premio Nobel de Literatura (1950). Tampoco se abstuvo de vivir aventuras en sus 97 años que estuvo en este mundo. Incluso sobrevivió a un accidente de avión. Y menos aún renunció a ser la diana mediática de la controversia no solo británica, sino de todo occidente. De vez en cuando, el filósofo explotaba liberando una mezcla de partículas concentradas tan peligrosas y mortíferas como un hongo atómico.

Un hongo del que por cierto estaba totalmente en contra. A lo largo de su vida, Russell lidió una escaramuza antibelicista y encarnó un perfil con un gran sentido por la igualdad social, pese a su clase aristócrata. Fue un gran defensor de los derechos de cualquier ser vivo y se mantuvo siempre escéptico ante la religión. Crítico con la creencia de Dios. En resumen, destacó por ser uno de los más progresistas dentro del progresismo.

Russell, Papa de Roma

Se cuenta que en una ocasión, en uno de esos estallidos justicieros discutiendo con otro filósofo, Russell se encontraba defendiendo el principio de implicación lógica. En lógica se considera que una implicación es falsa sólo cuando el antecedente es verdadero y el consecuente falso. Eso quiere decir que cuando el antecedente es falso, la proposición pasa a ser por norma verdadera.

Renée Jorgensen Bolinger

Bertrand Russell || Renée Jorgensen Bolinger

El contrincante de Russell, según se recuerda, un estudiante suyo, discrepaba sobre este asunto. De tal modo que formuló que si el principio era cierto, entonces sería legítimo decir que 2+2=5, antecedente falso, y Russell es el Papa de Roma. Ésta pasaría a ser una oración veraz.

El británico, tan ingenioso como pícaro, improvisó una respuesta súbita y venenosa. Aseguró que era verdadera, y pidió al interpelado que restara 3 a cada parte de la ecuación 2+2=5. Eso daría como resultado 1=2. Él y el Papa, dijo, son dos personas, pero como 1=2, entonces Russell y el Papa son lo mismo. “Luego, yo soy el Papa de Roma”, aseveró triunfante.

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