El VIH, Virus de Inmunodeficiencia Humana, es un retrovirus y el agente causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida o SIDA, una enfermedad actualmente incurable. Es importante destacar que se denomina SIDA a la última etapa de la infección por el virus VIH. Actualmente, más de 35,3 millones de personas están infectadas por el VIH, de las que 2,1 millones son adolescentes -de 10 a 19 años-. La gran mayoría de las personas infectadas por el VIH viven en países de ingresos bajos y medios.

Tras la infección con el virus VIH, se da una primera etapa denominada fase aguda, que puede durar unas semanas o meses y que presenta unos síntomas muy parecidos a los de la gripe. Continúa una fase de latencia, en la que no hay síntomas aparentes, pudiendo el enfermo no ser consciente de la infección. Esta fase de latencia puede durar años y si el enfermo no sabe de su condición puede dar lugar a la infección de nuevos individuos.

El virus destruye las defensas del hospedador, infectando en concreto los linfocitos T CD4, que son los encargados del desarrollo de la respuesta inmune. Dentro de los linfocitos el virus se replica y la célula termina muriendo. Como consecuencia el enfermo termina por quedarse sin defensas y es en ese momento cuando otros microorganismos oportunistas, otros virus y bacterias, aprovechan para multiplicarse, desarrollando el enfermo infecciones mortales como la tuberculosis, neumonías o candidiasis. En condiciones normales una persona sana es capaz de controlar estas infecciones, pero la fuerte inmunosupresión causada por el VIH hace que no sea posible. Es en este momento cuando el enfermo entra en la fase denominada SIDA.

Los tratamientos antirretrovirales actuales consiguen alargar la fase de latencia, ya que permite la recuperación de los linfocitos T CD4, de manera que la aparición de los síntomas de SIDA se retrasa muchos años. La enfermedad no se cura, el virus siempre permanece, pero se ha logrado reducir la mortalidad.

El origen de la pandemia

Los cinco primeros casos de SIDA se describieron el 1981 en Los Ángeles, asociados a un cuadro atípico de neumonía. Solamente tres años después se publico el aislamiento del agente causa, el virus VIH.

Desde ese momento las preguntas como de dónde surgió el virus o por qué no se detectó antes asaltaron a la comunidad científica. En 1992 la revista Rolling Stone publicó una historia que relacionaba la vacuna oral de la polio con la posible fuente de VIH. Unos años después tuvo que retractarse por dicha información.

Sin embargo, en 1999 el periodista Edward Hooper retoma esta teoría y la publica en el libro El río: un viaje rumbo al origen del VIH y el SIDA. Su hipótesis se basó en que el virus de la vacuna se fabrica a partir de tejidos de monos, que para el periodista Hooper provenían de chimpancés infectados con el virus de la inmunodeficiencia en simios o VIS. A pesar de que hay multitud de evidencias científicas que contradicen esta hipótesis.

Todavía hoy en día hay gente que culpa del origen del SIDA a la vacuna de la polio y muchas campañas de vacunación contra la enfermedad se han visto afectadas.

El origen real de los virus VIH se encuentra en los retrovirus de primates, que pasaron al hombre. Debido a mutaciones y recombinaciones, los virus se adaptaron al nuevo hospedador y terminaron por convertirse en VIH humanos.

Imagen del virus del VIH

El VIH se transmite de persona a persona por distintas vías. La mayor parte de las infecciones se dan por vía sexual pero también puede pasar de la madre al hijo durante el embarazo, el parto y la lactancia. Las trasfusiones de sangre o hemoderivados suponen otra vía importante de infección, sobretodo en países sin control sanitario. Otra de las vías de infección es el uso compartido de jeringuillas en consumidores de drogas por vía venosa.

Es importante destacar que el VIH no se transmite por la picadura de mosquitos, ya que el virus no es capaz de multiplicarse y permanecer dentro de los mosquitos por un tiempo prolongado.

Aún se está lejos de terminar con la pandemia que se inició hace más de 30 años. Sin embargo la medicina ha sido capaz de mejorar la vida de los pacientes y disminuir las tasas de mortalidad.  Hoy en día, a diferencia de lo que ocurría en los años 80 en los que la enfermedad era mortal, el SIDA se ha convertido en una enfermedad crónica gracias a la medicación.

Send this to a friend