Un Ayuntamiento. De un lugar medianamente grande, como una capital de provincia. El líder de la oposición, en su labor, repasa en su despacho diferentes cuestiones del día a día de la ciudad. De repente, encuentra un problema, una distorsión, algo que se está haciendo de una manera desde el Consistorio y podría hacerse mejor de otra diferente. Da igual la que sea, desde la colocación de unos bancos para sentarse, o una programación cultural, hasta todo un Plan de Ordenación Municipal.

GRA561. BARCELONA, 13/06/2015.- La candidata de Barcelona en Comú, Ada Colau, ha sido proclamada primera alcaldesa de la capital catalana, con una mayoría absoluta de 21 de los 41 votos de los concejales que forman el consistorio. EFE/Alberto Estévez

El bastón de mando, símbolo diferencial entre los que mandan y los que no en un ayuntamiento.

Se reúne con el resto de los concejales de su grupo y con su responsable ante los medios de comunicación para dar forma al primer paso que va a dar: ofrecer una rueda de prensa. En ésta, plantea el problema como un ataque directo al Equipo de Gobierno, pidiendo responsabilidades ante una actuación que define como incompetente, interesada, aleatoria o malévola. O todo eso junto. Incluso, si la situación permite la exageración, exigen alguna dimisión que otra. Todo por el titular.

Ahora el balón está en el tejado del alcalde. Se reúne con su gabinete, recopila información, encuentra una estrategia y pone en marcha su movimiento de respuesta. ¿Arreglar el problema? No. Otra rueda de prensa. Delante de los mismos medios, afirma que su forma de proceder es la correcta y tilda a la oposición de desleal, partidista, beligerante, etc. También puede, si está claro que hay un problema, echarle la culpa a otra administración gobernada por el mismo color político que la oposición. Ya sea por competencias o por financiación.

Las cartas ya están sobre la mesa y empieza la partida. Otra rueda de prensa encuentra su respuesta en otra, y ésta en otra. Se lleva la cuestión a pleno, se rechaza, se buscan apoyos, hay movimientos vecinales y asociativos a un lado y a otro, visitas a programas de radio y televisión…; y más declaraciones, más comparecencias ante los medios. Eso, sin contar que la cosa pueda terminar en los tribunales, que la judicialización de la política está muy de moda.

Un salón de plenos cualquiera, lugar donde reside la soberanía popular de un municipio.

Salón de plenos, lugar donde reside la soberanía popular de un municipio.

Finalmente se soluciona el problema. Seguramente a medias, no de la forma más correcta y eficiente. Para entonces habrán pasado varios años, incluso más de una legislatura. Un tiempo en el que los vecinos habrán sufrido ese problema, viendo atónitos como se alargaba la solución mientras se desarrollaba el juego político.

Y sí. Todo esto ha pasado y está pasando cada día en nuestro país.  Por todas partes y con varios casos a la vez en un mismo Ayuntamiento.

Politikós

Frente a lo anterior se puede intentar hacer, con gran esfuerzo, un enorme ejercicio de imaginación. Pensar que en política se pueden resolver los conflictos de una forma normal, natural, centrando todos los activos en su resolución. Como se hace en el día a día de un grupo de personas que tienen que relacionarse continuamente: unos amigos, una familia, una comunidad de vecinos, compañeros de trabajo… Cualquiera.

Los vecinos de una ciudad, verdaderos “dueños” de la política que allí se ejerce.

Los vecinos de una ciudad, verdaderos “dueños” de la política que allí se ejerce.

Entonces, el primer impulso de ese líder de la oposición es ir al despacho del alcalde a plantear el problema. Un alcalde que siempre tiene la puerta abierta para cualquier cuestión que quiera plantear un miembro del pleno. También, por seguir otra vía más oficial, se plantea una moción o una pregunta en sesión plenaria.

Ese ejercicio de imaginación lleva a que el primer edil encuentra en la propuesta de la oposición una mejor solución que la que estaba llevando a cabo hasta el momento. Y no le ofende. Lo reconoce en pro de la mejor gestión para los habitantes de su ciudad. Se cambia la ley, se mueven los bancos, se aprueba la moción.

Así, la oposición se lleva el mérito ante la opinión pública, tras haber influido positívamente en la Administración. Pero el alcalde también sale bien parado, por haber tomado la mejor decisión para todos sin importar su procedencia. Unas semanas o unos meses y tema solucionado. Y todos a ‘vender’ su éxito legítimamente.

Cualquiera podría decir que el principal problema de la política, son los políticos. Sí, está claro que esta es una visión ilusa e infantil de la política, pero tampoco parece tan complicado. De hecho, para eso meten los votantes sus papeletas en las urnas. Incluso, es algo que se puede ver en algunos de los ayuntamientos más pequeños de la geografía nacional. Esos en los que no importan los partidos políticos ni los sillones y los sueldos, porque nadie cobra.

Pero son casos muy aislados, lejos de la tónica general. Y es curioso que ocurra eso cuando la palabra ‘política’, desde un punto de vista etimológico, proviene del griego politikós. Algo que viene a significar “de los ciudadanos”. Dicho así, cualquiera podría decir que el principal problema de la política, son los políticos.

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