Intelectuales e Intelligentsia, el arte de un esbelto oxímoron

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Intelectuales. Amados por unos y vilipendiados por otros muchos. Disponibles en todos los colores, formas y sabores posibles. Duchos en filosofía, literatura o historia. También disponibles en formato de ciencias exactas. Han sido el sustento de generaciones enteras desde los tiempos del blanco y negro. Al margen de gobiernos, suele pensarse. Unos más que otros, eso siempre. Suelen erigirse en un estrato social definido, basado en el buen gusto y la pulcritud de rigor. Puede que hoy en día vivan en la quietud más comedida, pero hubo un tiempo en el que eran algo más. Mucho más.

Intelectuales Matisse

Estudio de Gustave Moureau, de Henri Matisse || art-matisse.com

Intelligentsia: el germen

“La cultura y la política siempre han ido de la mano. Incluso quienes sostienen lo contrario están haciendo política”, sostenía Solomon Volkov, periodista ruso, en su obra El coro mágico. Una historia de la cultura rusa de Tolstói a Solzhenitsyn. Todo se reduce a estas dos ingentes variables: la política por un lado, la cultura en el otro extremo. Aunque aparenten una coexistencia de lo más pacífica, probablemente jamás haya sido así. Los cortejos motivados entre intelectuales y políticos, lejos de ser desatendidos, han sido comúnmente consentidos, a menudo con dramático desenlace.

El ejemplo más notable de este fenómeno cultural puede encontrarse en el acaecido en Rusia durante el pasado siglo. De la mano del palabro Intelligentsia se remitía a esta casta o clase social privilegiada. Estaba formada por las élites intelectuales, responsables de la dirección de la política cultural del país. Junto a ello marcaban la el sentido de las tendencias y los gustos en la opinión pública, allí donde pudiese haberla. Personalidades como Stravinski o el escritor Aleksandr Solzhenitsyn constituían este sapiencial entramado.

Lejos de la cándida visión del hombre de letras manso y pasivo, dichos escritores intentaron hacer uso de su iniciativa creadora. Así, sus aspiraciones a influir en la sociedad llegaron al punto de condicionar la concepción del mundo, ideas y creencias que manipulaban. O por las que son manipuladas. El escritor, ya elevado al Olimpo de los intelectuales, compite inexorablemente contra su Gobierno en poder, proyección y prestigio. No por ello dejaría el Estado de prestar sus servicios. El aparato propagandístico ruso necesitaba de agitadores. Del mismo modo, también de publicistas procedentes, en líneas generales, de las filas de dicha Intelligentsia.

Aleksandr Solzhenitsyn intelligentsia intelectuales

Aleksandr Solzhenitsyn trabajando || ekladata.com

Dicha circunstancia ha experimento una serie de significativos cambios a lo largo de los años. La aparición de medios de masas mayoritarios ha podido sustraer el cariz monopolístico de la función del antiguo estudioso, entendiéndolo como escritor o teórico formado. Dicha labor, intrínseca a la denominada “sociedad del espectáculo”, llega a obedecer los preceptos de Gramsci y sus Cuadernos de la cárcel. Se confeccionan así, de la mano de nuevas tecnologías, castas de intelectuales orgánicos. Por supuesto, relacionados con los estratos o grupos sociales de influencia en tanto que mutuamente diferenciados y aun opuestos, adoptan una postura cuasi sacerdotal.

Intelectuales, la Intelligentsia en la actualidad

Asimismo, resulta interesante analizar el papel de los nuevos intelectuales en este tiempo presente. Asimílese como personalidad de moda, periodista o incluso estrella mediática empapada en lozanía. En una colectividad plenamente tecnológica, puede resultar poco útil el pleno desarrollo y ejercicio de la inteligencia, según a quién se pregunte. En su lugar se requiere especialización funcionalista, la separación del conocimiento en estrechos campos conectados sólo por su sometimiento a la lógica del mejor postor.

Así pues, el valor de estos intelectuales es su inteligencia deformada y fragmentada. Cuenta con escasa capacidad de hacer conexiones, entender relaciones o comprender totalidades. Lejos queda la búsqueda del conocimiento como capacidad cualitativa de entender y razonar sobre la propia experiencia. Mucho más atrás el hacer uso de los esfuerzos de otros para alcanzar tal comprensión. Prima la capacidad de recordar hechos inconexos o trozos de información vistosos a los ojos del marketing ideológico. Dicha degradación del concepto de “inteligencia” es lo que hoy en día se reconoce como el propio conocimiento.

Valle-Inclán intelectuales

Valle-Inclán de tertulia || 4.bp.blogspot.com

De la mano de esta racionalidad deformada resulta dicha total extravagancia, canalizada a los medios de comunicación. McCombs y Shaw dieron con la clave allá por 1972. La intelectualidad ha pasado de la biblioteca a la tertulia televisiva. Asimismo, dicha mediocridad homogénea puede lograr tildar de erudito a aquel sujeto que reúna más de tres acólitos a sus espaldas. Youtubers intelectuales, futbolistas intelectuales y escritorzuelos intelectuales. Autores como Pierre Bourdieu o el español Ignacio Sánchez-Cuenca han analizado este fenómeno en sendas publicaciones. Cualquier tiempo pasado pudo ser mejor, junto con sus pregoneros del intelecto.

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