Newton. El, para muchos (Lagrange, Asimov y un largo etcétera), científico más importante de la historia. Podríamos contar mucho sobre su biografía, pero como para eso ya está la Wikipedia, diremos simplemente que fue un físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés (con tanta ocupación se le olvidó hacer ciertas cosas y murió virgen) de los siglos XVII y XVIII que contribuyó, entre otros, a los campos de la óptica, la mecánica y el cálculo. Es muy conocida la anécdota de la manzana que le golpeó en la cabeza y le hizo pensar en su futura Ley de la gravitación universal. Lo que no te han contado nunca, es que no fue una manzana, lo que pasó de verdad fue esto:

Viñeta Newton

En realidad no ocurrió ni lo uno ni lo otro. Hay investigaciones contradictorias sobre si esa manzana que cambió la historia de la humanidad (la manzana debe ser la fruta del destino, primero Adán y Eva, luego Newton y ahora Apple) existió o no. Hay estudios que afirman que una manzana cayó, pero que no le cayó al pobre Newton en la cabeza, sino que él simplemente la vio caer. Los estudios que dicen que no existió, esgrimen que se trató de una historia de fácil comprensión para divulgar sus estudios sobre la gravedad.

En este artículo nos centraremos en uno de sus descubrimientos más importantes: las tres leyes de la mecánica clásica, posteriormente llamadas las tres leyes de Newton.

La Primera Ley de Newton o Ley de la Inercia dice que: “Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él”. Vamos, que si tiramos un martillo en el espacio, va a estar moviéndose a la misma velocidad para siempre, hasta que se choque con un meteorito, un trozo de basura espacial o algo que lo pare. En la Tierra, como siempre hay rozamiento (que es una fuerza que actúa entre dos superficies que se mueven entre sí), los objetos se van frenando y no hay nada que se mueva para siempre.

Newton. Primera edición

Primera edición del libro donde se publicaron entre otras las tres leyes

En cuanto a la Segunda ley de Newton o ley de la fuerza, su enunciado dice: “El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime”. Lo que viene a significar que si le pegamos una patada a un balón, éste se acelerará, y que cuanto más fuerte le demos, más se acelerará. Es un error muy común pensar que cuando se hace una fuerza un objeto “pilla velocidad”, pues realmente lo que estamos haciendo es provocar una aceleración, que obviamente, lleva asociada una velocidad. Cuando el balón se vaya moviendo, la aceleración que le provoca la fuerza de rozamiento con el suelo o el aire irá “contrarrestando” a la aceleración que le hemos dado con la patada, hasta que la aceleración provocada por la fuerza de rozamiento sea más grande que la de la patada y el balón se vaya frenando, en consonancia con lo que dice la Primera ley de Newton.

Tercera ley de Newton

Ejemplo de la tercera ley de Newton

La Tercera ley de Newton enuncia lo siguiente: “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto”.  Esta ley la podemos observar de forma práctica cuando por ejemplo empujamos un bloque muy pesado (que obviamente no movemos) y notamos que nos movemos un poco hacia atrás. Esto es debido a que con la misma fuerza que nosotros hemos empujado al bloque, el bloque nos empuja a nosotros, y como el bloque tiene más masa, nos provoca una pequeña aceleración hacia atrás.

Newton fue el culmen de la revolución científica iniciada por Copérnico en el siglo XVI y sus estudios en mecánica explicaron los movimientos de la Tierra y los cuerpos celestes hasta que sus teorías fueron desbancadas por la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein en el siglo XX. Hay una cita de Newton que dice: “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”. Él, sin duda, contribuyó enormemente a que el océano de ignorancia fuese un poco más pequeño.

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