Durante muchos siglos la ciencia ha considerado que el universo entero se basa en leyes físicas deterministas, es decir, todo es predecible si se conocen los datos suficientes. Pero, a principios del siglo XX, el físico Erwin Schrödinger planteó una situación que ponía en duda el determinismo: el experimento del gato de Schrödinger.

El experimento consiste en meter a un gato en una caja totalmente opaca e insonorizada, impidiendo que nadie sepa qué ocurre en su interior. Esta caja contiene un gas venenoso confinado en un recipiente y un trozo de uranio. El uranio es un material radiactivo e inestable, y está dispuesto de tal forma en la que hay un 50% de posibilidades de que se emita una partícula en un tiempo determinado. Si esta partícula se desprende en ese período de tiempo, un dispositivo la detectará y liberará el gas venenoso por toda la caja, provocando la muerte del gato. En cambio, si en ese tiempo la partícula no se desprende, el gato vivirá. Así, el gato tiene la mitad de probabilidades de morir y la otra mitad, de vivir.

REPRESENTACIÓN DEL EXPERIMENTO DEL GATO DE SCHRÖDINGER

Representación del experimento del gato de Schrödinger

Interpretación de Copenhague: estados simultáneos

Se considera que la partícula de uranio puede ser descrita por dos ondas diferentes. La primera describe el estado en el que la partícula se desprende y la segunda describe el estado en la que no. Cuando no existe un observador, según el principio de superposición de la física cuántica, el sistema queda definido por la suma de las dos ondas. Así, se obtiene como resultante una onda en cuyo estado la partícula se desprende y no se desprende a la vez. Esto desencadena que el gato esté vivo y muerto al mismo tiempo.

Sin embargo, cuando alguien abra la caja la onda colapsará a una de las ondas iniciales y, por tanto, el gato estará exclusivamente vivo o muerto. Con este experimento se valora la presencia del observador en física cuántico como crucial. Un papel activo de lo que ocurre en su entorno para determinar el estado definitivo de cualquier sistema. Esta interpretación fue propuesta por los premios nobeles de física Niels Bohr y Weiner Heisenberg. Es la más aceptada, dado a que experimentalmente se ha demostrado su validez.

Interpretación de la realidad objetiva: todo está determinado

Considera que el gato está vivo o muerto unívocamente, aunque no haya un observador que lo compruebe. Esta teoría se basa en el sentido común, y científicos como Einstein e incluso el propio Schrödinger eran partidarios de esta interpretación. Einstein estaba tan obcecado sobre este tema que pronunció las palabras: “Dios no juega a los dados con el universo”. A lo que Bohr le contestó: “Deja de decirle a Dios cómo usar sus dados.”

Interpretación de la conciencia cósmica: existencia de un Dios

Siguiendo el planteamiento de la interpretación de Copenhague, cuando existe un observador el sistema colapsa a un único estado posible (el gato vive o muere). Ahora, si se considera a este observador como el nuevo sistema, según el principio de superposición, el primer observador estaría muerto y vivo al mismo tiempo, como el gato. Por ello, debería existir un segundo observador (al cual se suele llamar amigo de Wignet) que observe al primero, determinando si el primer observador realmente vive y, por tanto, observa al gato.

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Siguiendo este razonamiento, se necesita siempre que haya un observador que vigile a otro observador, lo cual nos llevaría a un número infinito de observadores. Así, para que haya un colapso definitivo de la onda que determine si el gato está vivo o muerto, debe haber una conciencia cósmica o Dios que limite la cadena de observadores.

Si esta teoría es cierta, debe haber un ente superior que vigile a la humanidad y haga colapsar ondas, llegando a crear la realidad de los observadores y observados. Fue propuesta por el Premio Nobel de de física Eugene Wignet. Se fundamenta más en la conciencia que se tiene de los hechos, más que en los propios hechos.

Interpretación de los múltiples universos: todo es posible y a la vez realidad

En la interpretación de Copenhague, de todos los estados posibles del gato (vivo y muerto) sólo uno era el que finalmente veía el observador. Según la teoría de los múltiples universos, el universo se divide cada vez que colapsa una onda, creándose así tantos universos como estados puede tomar el sistema. De esta forma, en el experimento del gato de Schrödinger se habría creado un universo para el cual el gato estuviese vivo y otro para el cual estuviese muerto. Así pues, continuamente se crearían una gran cantidad de universos y en su conjunto existirían todas las posibilidades, incluso las más remotas, desde el principio de los tiempos.

No se ha demostrado la verificación absoluta de ninguna de estas interpretaciones. Como mucho se ha demostrado la validez experimental de la interpretación de Copenhague. Así que puede que Einstein estuviera en lo correcto y pueda saberse todo lo que va a pasar, aunque ahora no se sepa cómo. Puede que exista un Dios que mire desde allí arriba y controle todo. Puede que todo lo posible sea realidad en diferentes universos. Quizás en un futuro alguien halle la solución, hasta entonces todo puede ser.

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