Todo el mundo conoce a Cervantes, todo el mundo sabe quién es, pocos son los que le han leído y muchos son los que le veneran en tiempos donde lo inmediato es lo que vale, lo que funciona y lo que sirve.

En esta semana se suceden las conmemoraciones por el 400 aniversario, hoy, sin ir más lejos será Trending Topic. La pregunta que queda hacerse es si se le está dando la importancia que merece, si no es otro caso más de simple postureo, como los archiconocidos #Jesuis, la muerte de David Bowie, la de Prince en las últimas horas. Entre tanto, el individuo queda afectado, consternado y hundido durante unas horas, lo comenta con el vecino, incluso puede que de repente decida comprar un disco o libro, dependiendo del interés, no vaya a ser que pierda comba. Parece que todo el mundo se sube a la cresta de la ola cuando toca. El problema: solo cuando toca.
Cervantes lleva desde enero a marzo en una especie de letargo olvidadizo, de vez en cuando podía verse o leerse algo en algún medio, paseabas por la calle y encontrabas algún anuncio en instituciones como la Biblioteca Nacional, Instituto Cervantes, alguna universidad… Pero nada más. Sin embargo, hoy sí, hoy #JeSuisCervantes, hoy sí he leído el Quijote, hoy sí corro a poner en redes #Cervantes400.
Pero, ¿y mañana?, mañana tocará convertirse en otra cosa, mañana seré quién diga Twitter o la inminente actualidad mande. Mañana hablaré de la muerte de Shakespeare, mañana me veré Hamlet o incluso ponga en redes: To be or not to be más el hastag apropiado que cope las redes.

Mañana de Cervantes solo quedarán unos pocos coleteos de las relaciones paralelas entre la obra del gran dramaturgo inglés y Cervantes. Pasado ya no quedará nada. No interesa, no gusta, forma parte del pasado. Esperaremos pacientemente un año, a otro 22 de abril que nos recuerde que sí tenemos cosas por las que sacar pecho.

