Levanta, pueblo,
que están a las afueras,
que cargan rifles a sus hombros
y los ojos huecos como
cráneos de la tierra.
Levanta, pueblo,
que no vienen a salvarte,
que los brazos que se ofrecen
han quebrado
y a golpes; los caballos,
las espumas, los gitanos;
se retuercen en sus fosas
Levanta, pueblo,
que yo puedo verte.
En tu cama, postrado,
adormilado, necio, insensato,
tu cabello blanco,
tu piel arrugada, faz de las minas,
avenida de carbones, pueblo condenado.
No aguardes a las serpientes
ni a la sombra de los grandes reyes
y señores
que por tu letargo suspiran
ni a los golpes de pecho
ni a los falsos profetas de tu
suelo y de tu carne.
Levanta.
Que están a las afueras.
Y la guerra se avecina.

