Escritor italiano nacido en Bolzano, en 1979, ciudad en la que reside y trabaja como profesor. Es autor de la trilogía WUNDERKIND, destinada a un público infantil.

Guionista de la serie documental “Mountain Heroes”, sobre el equipo de rescate alpino, serie que inspiró su novela LA SUSTANCIA DEL MAL, convertida en un fenómeno editorial desde su publicación en Italia en 2016. Este thriller alpino ha sido traducido a 35 idiomas y se convertirá en una serie televisiva producida por los creadores de Gomorra.

Entrevista a Luca D’Andrea

¿Contar historias es una declaración de amor?

Siempre es una declaración de amor. A los personajes, a todas las personas que han influido en tu vida. Y también a los lectores que te dedican, te regalan lo más precioso que tienen: su tiempo.    

“La sustancia del mal”, tu obra más reciente, es una historia de amor y de terror a partes iguales, que sitúas en un escenario muy conocido por ti: la cadena montañosa de Los Dolomitas. Muchos consideran estas montañas como las más bonitas del mundo pero, como todas las montañas, también son un lugar amenazante. Otra vez, amor y terror. O, si lo prefieres, belleza y maldad, ¿no te parece?

Estoy de acuerdo. Y creo que la respuesta está ya en la pregunta. Amor, muerte, odio, aburrimiento y peligro forman parte de la vida. Y  los libros reflejan todo esto. Y espero que mi libro no sea aburrido, por supuesto.

Lo cierto es que la montaña ha sido, con frecuencia, escenario de algunos de los relatos de terror más famosos de la historia: los cuentos de Arthur Machen, la obra de H.P. Lovecrafft, especialmente “En las montañas de la locura”, los Cárpatos, en la obra de Stocker y de Julio Verne, “El resplandor” de Stephen King, ambientada en un hotel en lo alto de las montañas de Colorado, etc. ¿Estamos hablando de algunos de tus escritores favoritos, además de Stieg Larsson, Joel Dicker o Giorgio Faletti?

“La sustancia del mal” está ambientada en la montaña porque yo he nacido en los Alpes. Sí, la montaña ha inspirado a miles de escritores y los que citas están entre mis preferidos y claro, resulta que parte de su ADN ha terminado ahí, en mi narración. Pero “La sustancia del mal” es parte de la montaña porque yo he nacido en los Alpes y forma parte de mi historia en relación con la montaña. Siempre ha estado allí: yo me asomo a la ventana y veo las montañas. Por otra parte también pensaba que la montaña era una madre que te abrazaba y te daba todo su amor, aunque luego comprendí que también era una madrastra.

Tu novela es, por otra parte, el retrato de una pequeña comunidad de no más de setecientas personas donde sus habitantes recelan de los forasteros que pueden airear sus secretos. Algo propio de los pequeños poblados del western, pero también de todas las pequeñas localidades cerradas al exterior. En este caso el forastero es el protagonista, Salinger, un guionista de TV en busca de material para un documental. 

Sí, es como una película del Oeste, como las de Sergio Leone. Hay una pequeña comunidad y llega el extranjero, el forastero que va vestido de negro y lleva un puro en la boca. Entonces, rompe el equilibrio, rompe la baraja. Salinger hace esto precisamente, pero era necesario que el forastero llegara a la comunidad. Porque cuando las comunidades son pequeñas y quieren mantener un secreto pueden hacerlo durante siglos.

Decíamos antes que conoces a la perfección el escenario de tu historia. Eres natural de Bolzano, una provincia con identidad dividida, con un 70% de habla alemana, un 25% italiana y un 5% de ladino. ¿Esta particularidad condiciona las conductas de sus personajes?

Por supuesto que sí, porque a mí me ha condicionado como persona. Yo he aprendido a ser tolerante pero también he entendido lo que es el racismo. ¡Una comunidad con esas erosiones tan grandes, con esas tensiones! En los años ochenta, cuando yo era un chaval, se ponían bombas en mi barrio. Bueno, pues esas son experiencias que de alguna forma te forman. Sería estúpido negar esa evidencia.

El Bletterbach, escenario de tu novela, es un enorme cañón tirolés cuyos fósiles, cuentan la historia del mundo. En tu obra recuerdas el periodo Pérmico, el de las grandes extinciones que tuvieron lugar hace 290 millones de años y que, por causas aún desconocidas, originó la extinción en masa más grande de la historia. Se estima que llegó a desaparecer el 50% de las  especies vivas y eso lleva a considerar la zona como uno de los posibles lugares donde se puede recuperar material biológico vivo. En mi opinión ésa es una posibilidad con la que juegas hábilmente en el desarrollo de la historia y que constituye uno de sus grandes atractivos. ¿Estás de acuerdo?

En el Bletterbach se han encontrado ejemplares de una planta que, en teoría no debería existir en Europa pero que, gracias al microclima de la zona sobrevivió allí. A los pocos meses de la salida del libro en Italia me llamó una periodista local y me preguntó lo que pensaba sobre el tema de los astronautas en el Bletterbach. Yo pensaba que se trataba de una broma pero poco después descubrí que los astronautas de la ESA, la Agencia Espacial Europea, van al Bletterbach para simular cómo moverse en la superficie de Marte. ¡Es algo tan absurdo, pero tan real que nunca podría ponerlo en un libro!

La zona también alberga la momia más antigua de Europa, OTZI, un cuerpo momificado de 5.300 años de antigüedad que, al parecer, murió asesinado, ya que tenía una punta de flecha alojada en un pulmón. ¿Existen más datos sobre este misterioso personaje?

Sí, la muerte fue debida a una punta de flecha. Así fue. Se trata de un “caso frío” porque sería difícil entrevistar a testigos o buscar pistas sobre el terreno, de modo que no puedo ponerme en la piel de Salinger para contar cómo fue. Pero sí puedo decir otra cosa. Los que van a ver el Museo y ven a Otzi experimentan una reacción muy fuerte. La mayoría siente una gran curiosidad pero experimentan una molestia interior porque se trata de un ser humano y, creen que, tal vez, tendríamos que meterle en una tumba, llevarle al cementerio, enterrarlo. Yo tengo otra opinión porque lo encuentro muy tierno y a mí no me molesta verlo. Pero lo interesante de la momia no es tanto el cuerpo como los objetos que llevaba consigo. Su mochila, fabricada perfectamente, como se hacen las mochilas de montaña. Conocía toda la madera de la zona y utilizaba el árbol adecuado para construir el objeto que le hacía falta. Y la lección que te da Otzi es que, aunque es un hombre de hace cinco mil años, tenía que resolver los mismos problemas que tenemos hoy en la montaña: que la espalda esté derecha para que no te duela, que hay que encontrar el mejor método de fabricación de sus botas de montaña y que la única diferencia es el material. Todo esto lo encuentro conmovedor.

También acudes al folklore local, para hacerte eco de la festividad de San Nicolás, una especie de Halloween en la que los diablos son expulsados y en la que el Krampusmeister llega a convertirse en personaje de la novela. Si añadimos la labor del Socorro Alpino de los Dolomitas o el cierre de las minas de cobre en los años veinte, comprobaremos que toda tu novela tiene una apoyatura real. ¿Puede decirse, por tanto, que “La sustancia del mal” es una obra de ficción sustentada en unos hechos donde se mezclan el remoto pasado, la naturaleza, las creencias populares, las diferencias culturales y muchos aspectos más y que contribuyen a hacer que la historia alcance una dimensión mucho mayor?

Bueno, el folklore también es un fósil no muy diferente a lo que se encuentra en el Bletterbach. Es un fósil vivo y lo que yo creo es que un libro para funcionar bien. Cualquier libro, no solo el trhiller, tiene que ser verosímil. Tiene que haber al menos un 70% de realidad y solamente si yo, como lector, veo que hay realidad, entonces me llego a creer ese 30% que tú has inventado.

¿Te interesa el mundo de los niños? Da la impresión de que sí, puesto que el personaje de la niña Clara y la relación con su padre tiene una gran importancia en la novela. Además trabajas como profesor y antes habías publicado la trilogía “Wunderkind” dirigida a un público juvenil.

Voy a responder de forma muy sencilla: yo creo que los niños son lo mejor de nuestra sociedad, sobre todo cuando se equivocan. No hay un mal alumno, lo que hay es un pésimo profesor. Y uno de los grandes problemas de Italia y de toda la civilización occidental es la poca importancia que, en términos sociales, damos a los profesores. La profesión de profesor es de las más nobles que existen porque tienen que enseñar a los niños a ser responsables y los niños no quieren ni oír hablar de la responsabilidad.

¿El apellido Salinger tiene algo que ver con el famoso escritor J.D. Salinger, autor de “El guardián en el centeno” o es simple casualidad?

En principio utilicé el apellido porque llegó a la vez que la primera inspiración y pensé en cambiarlo una vez acabado el manuscrito, pero después de seiscientas páginas de errores del manuscrito me encariñé con el apellido y pensé: “Bueno Salinger es un gran escritor”, así que le hice un homenaje.

Tu novela ha sido un gran éxito, se ha traducido a más de treinta idiomas y está prevista una serie realizada por los creadores de “Gomorra”. ¿Escribirás el guion? Y en caso afirmativo,¿en qué medida será fiel a la novela?

Yo espero que la serie sea diferente del libro. Quiero encontrar cosas que hubiera podido escribir y que no se me ocurrieron. Lo que quiero es divertir como en un parque de atracciones.

Muchas gracias por la entrevista.

Muchas gracias Luca.

GuardarGuardar

Send this to a friend