Cuando en la película de Disney titulada Hércules se observa al héroe pelirrojo de flamantes músculos descender al inframundo, una escena sobrecoge el corazón del público. Y esto ocurre sea el espectador un tierno niño o un adulto que en esos momentos mastica palomitas con melancolía: se visualiza el lago donde descansa la Muerte en forma de esqueléticos cadáveres.

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Hades cruzando el lago de los muertos || youtube.com

Es esta la llamada laguna Estigia, reposo inquietante de los muertos, de la cual Hércules pretende rescatar a su enamorada Megara. En la escena las almas atormentadas circulan empapadas de una especie de pegajoso líquido verde.

Recuerda bastante a otra secuencia, de una película totalmente diferente: El Señor de los Anillos. La llegada de los hobbits a la ciénaga de los muertos ofrece las espectaculares imágenes de cadáveres de reyes y largas melenas flotantes. Trae a la memoria a la mismísima Ofelia de Millais y a aquella Elizabeth Siddal rodeada de flores muertas.

La ciénaga de los muertos (Dead Marshes) || Tolkienion.com

La muerte ha sido siempre uno de los focos de atención en la Historia de la Humanidad. Irónicamente, nada se sabe de ella. Los que se fueron nunca regresaron para contar qué sucede después.

Disney no se alejaba de la concepción del mundo que tenían los griegos. Para ellos no existía vida más allá de la muerte. Las almas de los muertos viven una existencia sombría, parecida a perdidos murciélagos que revolotean y cubren de oscuridad el cielo. De ello es muestra el Canto XI de La Odisea.

Cuando el héroe Odiseo baja al mundo de los muertos, describe con detalle el horror de lo que se encuentra en él: “Luego que hube suplicado al linaje de los difuntos con promesas y súplicas, yugulé los ganados que había llevado junto a la fosa y fluía su negra sangre. Entonces se empezaron a congregar desde el Erebo las almas de los difuntos, esposas y solteras; y los ancianos que tienen mucho que soportar; y tiernas doncellas con el ánimo afectado por un dolor reciente; y muchos alcanzados por lanzas de bronce, hombres muertos en la guerra con las armas ensangrentadas. Andaban en grupos aquí y allá, a uno y otro lado de la fosa, con un clamor sobrenatural, y a mí me atenazó el pálido terror”.

Y recoge a su vez el instante en el que ve a su madre y lo que esta le señala, sorprendida de que haya querido separarse momentáneamente del mundo de los vivos: “Hijo mío, cómo has bajado a la nebulosa oscuridad si estás vivo. Les es difícil a los vivos contemplar esto, pues hay en medio grandes ríos y terribles corrientes…”.

La muerte: guadaña y espada

En los Siglos de Oro se desarrolla la imagen de la muerte como segadora, pues nivela tanto la hierba alta como la baja. Una de las muestras del arraigo de esta imagen es que ha llegado a la actualidad reflejada en el juego de la Oca. La Muerte es dibujada en sus tableros portando una guadaña. Muy similar también a la recreación que Peter Jackson hace los Nazgul, pero esta vez con espadas.

La sociedad de los Siglos de Oro veía en la muerte una especie de vía de salvación ante las injusticias que se estaban llevando a cabo en vida. Sin embargo, en la Grecia clásica un himno post-homérico del siglo VI a.C. ofrece una idea bastante diferente de la muerte. Cuenta cómo en el descansado y opulento Olimpo se escuchan las risas de los diversos dioses al comentar el ridículo castigo de ser mortal: “Cantan de los dioses los dones inmortales y de los hombres los sufrimientos, cuanto sobrellevan por causa de los dioses inmortales y cómo pasan la vida inconscientes y sin recursos y no pueden hallar ni remedio de la muerte, ni protección de la vejez”.

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La muerte en el tarot || yug.com

Como curiosidad los romanos, copiando del modelo griego, también conservaron un innumerable número de dioses. Por ejemplo, se puede mentar a Jano, el dios que participaba del acto de abrir y cerrar puertas, o Robrígine, que se encargaba de las plagas de las cosechas.

La luna y la muerte

En las mentalidades de los antiguos indoeuropeos el Sol era considerado el día, el principio de la vida. Por otro lado la Luna era la que preside la noche y ampara a los muertos. Es por ello que durante la noche la muerte tenía su imperio, rodeada por un halo misterioso.

La asociación entre las ideas de la noche, la luna, la magia maléfica y la muerte ha llegado hasta la actualidad. Ese “selenismo psíquico” se cristaliza en términos como “lunático”, con el que se designa a aquel que está bajo la influencia de la luna. Lorca, enamorado absoluto de la luna, recoge en estos versos el paseo de la Muerte bajo el reflejo de una noche de luna:

“Doña Muerte, arrugada,
pasea por sauzales
con su absurdo cortejo
de ilusiones remotas
(…)
La luna le ha comprado
pinturas a la Muerte.
En esta noche turbia
¡está la luna loca!”

Desde la laguna Estigia a Lorca, se puede comprobar cómo el tema de muerte ha causado gran admiración, además de pánico, en todas las civilizaciones existentes. Pero todavía ha quedado algo en el negro tintero para una continuación: Baudelaire, los ingleses y los italianos tienen mucho que decir. Hasta entonces dejemos que los cuervos vigilen nuestro sueño.

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