De la Alcarria (y la España) de Cela a la de hoy

Termina el 2016, el año en el que se ha celebrado el centenario del nacimiento de Camilo José Cela (1916-2002). Sin duda, uno de los escritores del pasado siglo más relevantes del castellano, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Premio Nobel de Literatura y Premio Cervantes. Casi nada.

El escritor español, recibiendo el Premio Nobel de Literatura en el año 1989.
El escritor español, recibiendo el Premio Nobel de Literatura en el año 1989.

Además, se han cumplido 70 años desde que este gallego saliera de Madrid dirección Guadalajara para saber qué había más allá. Dos años después, plasmaría lo vivido en una de sus obras principales, Viaje a la Alcarria.

Del valor literario de este libro poco se puede escribir que no se haya escrito ya. Cela marca la pausa, la coma, el punto. Como si marcara al lector el mismo ritmo que él llevaba en el camino. Describe lo cotidiano dándole rango de épico, demostrando que incluso en lo más vulgar hay una historia que contar. Introduce al lector en sus pensamientos haciéndolos suyos.

Guía del Viaje a la Alcarria, Las cosas de Don Camilo, Viaje a la Alcarria versión siglo XXI,  Buscando a Cela en la Alcarria…; incluso Viaje a la Alcarria en familia. Muchas han sido las obras escritas después con Viaje a la Alcarria como protagonista. Eso lo dice todo.

Si el viaje de Cela fuera hoy

Tras ese valor literario, hay otro más sociológico que define con cierta precisión la Alcarria y la España rural de la época. Una muestra perfecta para compararla con la actualidad, para ver cómo ha cambiado.

Camilo José Cela y su mochila durante el viaje
Camilo José Cela y su mochila durante el viaje

Hay cuestiones obvias, con la evolución de los tiempos, como que ya no se pase hambre en todo un pueblo si el campo no ha dado lo necesario. Tampoco se viaja andando o en burro por los caminos, tardando jornadas entre pueblo y pueblo, o se tiene que compartir habitación con un extraño en ningún alojamiento.

Qué decir de la situación política, de las infraestructuras o de la cultura general con la que cuenta la población. Nada que haya que poner bajo un microscopio para darse cuenta de que se trata de dos sociedades muy diferentes.

Sin embargo, hay matices más destacables. Un gran ejemplo se encuentra en el viaje en tren desde Madrid a Guadalajara, en el que Cela va comiendo, fumando y charlando con sus compañeros de vagón. Hoy, habría ido enfrascado en su teléfono, casi sin mirar la cara de los que tuviera alrededor.

Una de las placas que recuerda que Cela pasó por allí en su ‘Viaje a la Alcarria’.
Una de las placas que recuerda que Cela pasó por allí en su Viaje a la Alcarria.

Tampoco habría quedado impasible ante un maltrato tan descarado hacia una persona con discapacidad como el que relata en una parte del libro. Una persona que no viviría en la calle en el más absoluto desamparo, sino que tendría el apoyo del Estado de bienestar actual. Al igual que contaría con la concienciación y el respeto general de toda la población.

Otra cuestión importante sería el patrimonio histórico. Tras una guerra, en un país azotado por el hambre, poco importaba el estado en el que se encontraran los monumentos de cualquier lugar. Así, Cela relata cómo el Palacio del Infantado de Guadalajara, el Palacio Ducal de Pastrana o toda Brihuega no pasaban por sus mejores momentos. Hoy, no solo están completamente restaurados, sino que incluso optan a algo tan importante como ser Patrimonio de la Humanidad.

También hay grandes diferencias en el papel de las mujeres y su forma de comportarse, los comerciales de cualquier cosa viajando de pueblo en pueblo, la forma de tratar a un cliente, la actitud de la Guardia Civil, el vocabulario… Comparativas, una tras otra, que volverían a mostrar las diferencias entre dos momentos de un mismo lugar.

Pastrana, final del viaje que Cela realizó en el año 1946.
Pastrana, final del viaje que Cela realizó en el año 1946.

El paisanaje

Cambios. Muchos cambios. Unos para bien y otros para mal. Pero hay situaciones que, en cierto modo, se mantienen en la Alcarria y en la España rural. Ese paisanaje que sigue preguntando «¿y tú de quién eres?» o «¿de dónde viene usted?». Esa forma de relacionarse, esa naturalidad de silla en puerta al fresco de la noche veraniega.

Igual ocurre con el respeto que se tiene por el alcalde –que no cobra por serlo–, siendo la primera persona a la que se busca ante cualquier situación anormal. O con la sensación de patria chica, de pertenencia a un lugar y no a otro. El orgullo que alimenta las amistades o los enfrentamientos entre dos pueblos, el apodo que comparten los vecinos de toda una localidad.

Sí, la Alcarria ha cambiado. España ha cambiado. Pero son estos matices los que continúan siendo el sustento de una sociedad, de una forma de ver la vida. Aquello que vio y vivió Camilo José Cela para pensar que el viaje que le dio la gana hacer por la Alcarria bien merecía un libro.

 

 

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