En el siglo XVI se encontró en Roma, aunque se temía desaparecida, el grupo escultórico Laocoonte y sus hijos. La obra, esculpida en una sola pieza de mármol, fue realizada por Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas en el siglo I d.C. Perteneciente a la época helenística griega.
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La escultura se caracteriza por la fuerte expresividad del sacerdote Laocoonte y de sus hijos mientras son atacados por las serpientes enviadas por Atenea. El cuerpo atlético hace mas dramática la lucha, ya que, aunque use todas sus fuerzas, no puede parar el ataque de esos dos monstruos. Los claroscuros están bastante marcados y la composición plana nos dice que esta hecha para que se vea de frente.

El grupo escultórico tiene mucha teatralidad, la cara de los hijos, uno asustado pidiendo ayuda a su padre, y el otro sin fuerzas, casi desmayado, nos hace sentir el gran temor de esos niños. Laocoonte, con todos los músculos en tensión, luchando, con un ligero movimiento de dolor por una mordedura, y su cara, se puede apreciar el temor y ternura paternal por sus hijos, con la mirada al cielo pidiéndole a los dioses que les salve.
Esta espectacular obra fue la musa de un escultor grandioso, ni mas ni menos que del gran Michelangelo Buonarroti, mas conocido en español como Miguel Ángel. Si, escultor, ya que el se consideraba escultor, pero también era pintor y arquitecto. La obra Laocoonte y sus hijos le fueron de musa para pintar un conjunto de obras, de las mas famosas en la historia del arte e incluso conocida por gente que no sabe de arte, la gran Bóveda de la Capilla Sixtina. A los dos años de ver el Laocoonte y sus hijos pinto la bóveda en la que tardo hasta cuatro años. El Jesucristo del Juicio Final, es muy parecido a Laocoonte, ese movimiento serpentino, la gran musculatura, incluso los brazos están en la misma posición.
Parece ser que Miguel Ángel se quedo abrumado por la belleza de la escultura, pero cualquiera se quedaría boquiabierto al contemplar semejante obra de arte. Y éste no fue el único que se quedo enamorado de su belleza, otros como Rafael, El Greco o Rubens quedaron abducidos por la belleza de esta gran obra.

