Viene hacia a nosotros, nos toca y ya es la hora. Todos pasaremos por su tétrico aro de una forma u otra algún día. No es nada personal ni de negocios, sino un hecho contundente. Sabemos que está ahí, entre nosotros, pero nunca conseguiremos estar preparados ni para conocerla ni para afrontarla.

En diferentes lugares le ponemos distintos nombres: la Muerte, Azrael, Shinigami… Pero en todas las culturas le otorgamos una misma responsabilidad, algo tan importante que no podemos decidir por nosotros mismos, sino que le concedemos plenos poderes. Nos separará de este mundo terrenal para llevarnos con nuestros difuntos,.

Al ser una realidad, no es de extrañar que el ser humano la haya personificado, aún nunca viéndola.

En la Edad Media, época tan larga como desconcertante de la historia de la humanidad, tiene lugar un hecho tan macabro, tan humano y tan lógico, que ocupa una sola estantería en la historia de nuestra vida. Se llama “danza de la Muerte” y es un género literario, pictórico y musical sobre la muerte como personaje principal y omnipresente. Esta temática aborda este asunto desde perspectivas diferentes. Como algo trágico a lo que tenerle miedo atroz, como algo justo, que iguala a todos los estratos de la sociedad, e incluso a veces lo encara desde el punto de vista cómico.danza

En 1370 encontramos en Francia el primer testimonio de la existencia de una Danse macabre. El terrible esqueleto invita a bailar a distintos personajes según su jerarquía, desde el Papa (como el más digno señor) hasta el último sirviente. A todos les pesa dejar la vida terrena, pero la Muerte es inflexible, es el poder absoluto, instrumento de la providencia de Dios que los humilla e iguala a todos y les obliga a darse la mano para la danza de las súplicas en una alternancia antifonal de súplicas. De esta manera corrige ella la injusticia humana. El juicio sobre cada uno lo dictará luego Dios.

Pintores como Pieter Brueghel “El Viejo” representaron a la muerte como  algo sin piedad y que su mano es lo suficientemente larga para llegar al último rincón del orbe. En su cuadro más famoso en cuanto a esta temática, “El Triunfo de la muerte”, representa el día del Juicio Final, con una sensibilidad bajomedieval debido a la cercana epidemia de peste que había asolado Europa doscientos años atrás, pero en la memoria de todo el colectivo. Un cuadro de grandes horrores, colores tristes e imágenes terroríficas sí, pero aun así Brughel nos dice que hay esperanza, ¿cómo? la danza de la Muerte tiene su propio abecedario y en este está la clave, pues en varios sectores del cuadro están representadas imágenes que significan letras, formando en su conjunto la palabra VITA (vida en latín).

En cuanto a la mús200px-Danse_Macabre_-_Guyot_Marchand16_-_(Man_of_law_and_Minstrel)ica, la danza de la muerte no podría estar desprovista de un ritmo propio. Una de las más representativas es la de Camille Saint-Saëns. En el poema sinfónico, un violín en solitario tocado por la misma muerte de forma alegórica, lleva la voz cantante imponiéndose sobre el resto de instrumentos, que representan a los mortales.

Con respecto a la escritura, un ejemplo perfecto para verlo es en la novela más importante de su época y la más importante de la historia de la humanidad: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Concretamente en el capítulo XI de la segunda parte, Don Quijote y Sancho Panza se encuentran con una compañía de cómicos representando “Las Cortes de la Muerte“, un auto sacramental de Lope de Vega.

“El triunfo de la Muerte” obra de Brueghel “El Viejo”

 

Sea como fuere, la muerte sigue entre nosotros danzando una pieza en la que todos estamos llamados a bailar. Algo próximo o futuro, ella se limita a esperar ya que como reza la cita anónima: “La muerte está tan segura de su victoria que nos da una vida de ventaja”.

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