“Esto es una broma de mal gusto”. Fue la frase más repetida aquella lluviosa noche, un 29 de agosto de 1952. Las críticas y los reproches se plasmaban en el ambiente de aquel Maverick Concert Hall de Woodstock tras la interpretación de David Tudor al piano. Lo que se anunció como el estreno en una nueva obra pasó a ser un insulto bajo el criterio de los asistentes. Ni una cosa ni otra. Habían presenciado un hito de la historia de la música. La culminación de John Cage: 4’33”.

John Cage

John Cage con un gato || staticflickr.com

Para algunos una figura clave en la música, para otros un total desconocido. John Milton Cage fue entre otras cosas un compositor del siglo XX. Catalogado como teórico y filósofo, este músico norteamericano nacido en 1912 declinó de cualquier estilo musical en la historia para poner otra vertiente en el punto de mira. Con un nuevo pensamiento sobre el concepto esencial de la música, John Cage no tardaría en convertirse en el estandarte de la vanguardia musical. Un nuevo punto de vista. Un nuevo arte.

No obstante, cada pieza del compositor estadounidense que veía la luz estaba envuelta de polémica. Las críticas y las burlas eran constantes en sus interpretaciones, como muchos incomprendidos adelantados a su tiempo. A diferencia de estos otros, los avances tecnológicos permiten revivir esta desfachatez pública. El ejemplo más significativo, el estreno en televisión de Water Walk, interpretada por el propio Cage.

4’33”, oda al silencio de John Cage

El catálogo de composiciones de Cage es inmenso. La experimentación con nuevas formas compositivas es un breve apartado de su obra en vida. John Cage forma parte del grupo de pioneros de la música electroacústica. Sin embargo, una obra es la que resume toda su carrera, toda esta etapa musical: 4’33”. Esta obra está en la cabeza de cualquier seguidor del movimiento de vanguardia de la música contemporánea. La obra que estableció una nueva definición del silencio y de la música.

La descripción más común y simple de esta pieza es: 4 minutos y 33 segundos de silencio. También es la más errónea. Tal y como muestra la partitura, la obra se compone de tres movimientos. En el primero, el intérprete debe cerrar la tapa del piano durante 30 segundos, para abrirla tras este tiempo. Idéntico modus operandi tienen el segundo y tercer movimiento, durante 2 minutos y 23 segundos y 1 minuto y 20 segundos respectivamente. A priori se trata de no tocar, de permanecer en silencio. Pero John Cage no buscaba el silencio.

John Cage

4’33” || i.ytimg.com

Pese a la aparente simplicidad de la partitura, John Cage tardó varios años en componer 4’33”, desde sus ideas originales sobre el silencio hasta el propio estreno. La obsesión de Cage por el silencio era conocida por muchos, dando muestras de ello en numerosas clases y textos.

No obstante, fue en 1951 cuando pudo sentir la realidad. Encerrado en una cámara anecoica, se percató que existían dos sonidos constantes, uno agudo y otro grave. El propio ingeniero de la cámara le explicó que se trataba del sonido de su sistema nervioso y su circulación sanguínea respectivamente. Aquí descubrió Cage que el silencio como tal es imposible. Inalcanzable.

Cámara anecoica

Cámara anecoica || en.wikipedia.org

El silencio no existe

Y esta es la magia de 4’33”. Lo que se escucha no es silencio. Se escucha un carraspeo, una puerta, unos pasos. Se escucha el viento y la lluvia del exterior. Incluso la maquina del aire acondicionado. Ese es el sonido que fascinaba a Cage. El ruido mundano, el día a día. Así lo afirmaba en una entrevista: “La experiencia del sonido que prefiero sobre todos los demás es la experiencia del silencio. Y el silencio es casi todas partes del mundo ahora es el tráfico. Si escucha a Beethoven o a Mozart, ve que son siempre lo mismo. Pero si escucha tráfico, ve que es siempre diferente”.

Con 4’33”, John Cage no solo entregó al mundo una nueva concepción de la música. Diseñó un nuevo significado para el silencio. Y lo más irónico de todo resulta ser el antagonismo de su percepción. Cage demostró que el silencio no es más que ruido. El ruido que todos olvidan escuchar.

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