Rue animeé à Marrakech, de Albert H. Schmidt
Rue animeé à Marrakech || Albert H. Schmidt

Goytisolo y Mendiola, soldados desconocidos

Hubo un tiempo en el cual la profesión de escritor era del más alto riesgo. Una época al margen de redes sociales. Una época al margen de la continua proliferación de plumas y plumeros. Un tiempo para innovar y denunciar. Para decir realmente lo que había que decir. Un tiempo en el que el escritor plasmaba el pensamiento general so pena de caer en el ostracismo. Para eso estaban Mendiola y Goytisolo, para sacrificarse por la humanidad.

España fue testigo en la segunda mitad del siglo XX de una de las corrientes literarias más significativas de su historia. Poco tenían en común sus integrantes, salvo una guerra civil a sus espaldas. Atrás quedaba la imagen de consolidada camaradería entre sus miembros, como en la Generación del 27. La contienda los marcó de por vida. Algunos llegaron a perder a sus seres queridos bajo los bombardeos. Este es el caso de Juan Goytisolo, escritor y novelista español.

Nacido en Barcelona en 1931, su vida ha sido la del sempiterno humillado. Fue asesor literario en París en 1956. Cursó el oficio de profesor universitario en Estados Unidos años más tarde. Desarrolló las labores de ensayista y viajero, de poeta y reportero. Asiduo colaborador de El País, fue corresponsal en Chechenia y Bosnia. Fijó su residencia allá por 1996 en Marrakech, fruto de su amor incondicional por el arco de herradura califal. Pocos han podido criticar la sociedad occidental como Goytisolo, en cualquiera de sus menesteres.

Señas de identidad

Su pensamiento y temores pueden verse reflejados en la vida de su alter ego, Álvaro Mendiola. No en vano, le dedicó tres novelas publicadas en los años 1966, 1970 y 1975. La más significativa de ellas, Señas de identidad, es considerada un hito de la Literatura española. En ella se expone la presentación del ya mencionado personaje ficticio. Álvaro es un exiliado que reside en Francia. Sumido en una crónica nostalgia, decide regresar a su país natal. Allí evoca su pasado a través de historias que se alternan y alabean la trama lineal del escrito.

Goytisolo
Goytisolo

Podría ser esta una escueta síntesis de la acción acaecida en la novela. Si bien no se caracteriza por su movimiento, su valía reside en otros aspectos profundamente desarrollados en el guion. Señas de identidad es difícil, una arriesgada empresa. Netamente experimental. Puede percibirse esto si se atiende a los recursos utilizados. Una amalgama de técnicas tales como el narrador en segunda persona dominante o el monólogo interior. La reiterada deformación de lo real junto a la variedad de extranjerismos visibles hacen de ella una obra extraña a los ojos de un lector actual.

Señas de identidad es una obra digna del tiempo en el que fue concebida. Luís Martín-Santos publicó Tiempo de silencio cuatro años antes. Sería una influencia total para Goytisolo dado su rompedor carácter. El lector ha de remontarse a un periodo complejo en la Historia, plasmado en cantidad de obras como las ya mencionadas. Una dura visión de España, aquejada por su Régimen. Sibilina represión, tonos grises que bordean los edificios de Gran Vía. Este libro de Goytisolo le valió su primera toma de contacto con la censura franquista.

La metáfora española de la novela es uno de sus leitmotivs definitorios. Puede verse esto reflejado en el trato dado a la tauromaquia. Una “seña de identidad” por antonomasia.

Así pues, es vista como metonimia de la brutalidad hispánica, reunida en vertientes como la tortura o el asesinato de personas o animales. De este modo, Mendiola llega a sentirse un extranjero en su propio país. No se reconoce en esa imagen. Esta purga, o venganza purificadora, se extiende en La reivindicación del conde don Julián.

Goytisolo: reivindicación por su tierra

Haciendo alusión al periodo visigótico del país, esta novela de Goytisolo representa la protesta contra el mito de una España castiza y caballeresca. Huelga mencionar que se trató de la leyenda propugnada por historiadores y propagandistas durante el franquismo. Álvaro Mendiola, esta vez de forma anónima, se sitúa en Tánger. Así, imagina la destrucción del país que lo ha desterrado. Recrea la pasada invasión musulmana del año 711. Arremete, insulta a todo lo que se ponga por delante. Las caricaturizaciones a símbolos como Isabel la Católica o al mismo don Julián son proféticas.

callejones de Marrakech
Marrakech

Finaliza la trilogía con Juan sin tierra, de 1975. Las metamorfosis tanto de Goytisolo como de Mendiola concluyen. Fallidos los deseos de destrucción de la anterior novela, esta presenta aún esa política represiva junto a su capacidad de lucha libertadora. Al fin, Juan es dueño de una nueva personalidad acorde con su defensa de los desheredados de esa sociedad capitalista. El protagonista, arabizado, ha dejado de ser español. Juan es remedio del propio autor, también sin tierra y sometido a la revelación de su pasado.

Han pasado los años. Juan cumple con su palabra. Vive en Marrakech. Apenas hace un año recogió el Premio Cervantes, la cúspide del homenaje a las letras en España. Escribe en El País sobre yihadismo. Concede alguna que otra entrevista. Sin embargo, su suspiro sigue escondido noche tras noche. Los Álvaro Mendiola se suceden y los Juan sin tierra marchan desencantados de algo extraño. Murmuran y juran contra algo que desconocen. Todavía se espera la medida propuesta por algún partido de repartir ejemplares de la trilogía Álvaro Mendiola en el Aeropuerto de Barajas. Sólo apta para los amantes de España.

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