Blue Jeans: «El lector es sagrado»

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Francisco de Paula Fernández González, más conocido como Blue Jeans, es uno de los escritores juveniles más famosos de la actualidad. El sevillano tiene una gran presencia en las redes sociales, un mundo en el que está perfectamente integrado y que ha sido clave en su éxito. De trato afable y actitud humilde, Blue Jeans sabe tener los pies en el suelo tras haber triunfado en el mundo editorial. Con Algo tan sencillo como darte un beso, su último libro, a punto de estrenarse el 28 de abril, el escritor ha podido sacar un rato para Le Miau Noir. Lo ha hecho acompañado de Ester, su pareja, en el Rodilla de la madrileña plaza de Callao. Y, como no, luciendo una gorra.

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

Entrevista a Blue Jeans

¿Qué margen de tiempo existe entre que acabas de escribir un libro hasta que sale a la venta?

Depende. Este libro lo acabé de corregir en febrero de 2016. El planteamiento tranquilo suele estar entre tres o cuatro meses. Lo que hacemos con Planeta suele estar entre mes y mes medio. Sacamos libro cada año y vamos a toda pastilla.

Es verdad que con el libro que sacamos ahora he necesitado más tiempo. Planeta me pidió que no fuera tan rápido, porque me veía bastante cansado después de la paliza del año pasado con la gira. Planeta me trata bien. Estoy muy contento con la editorial.

Pero antes de Planeta, estuviste con Everest.

Lo de Everest es una historia de suerte, pero ahora de miedo. Es una historia peculiar. Me dieron la primera oportunidad.

Fue un poco una flor en el culo, ¿no?

Bueno, no creas. Cuando yo escribí a la editorial tenía más de 10.000 seguidores en Internet. Había una base grande, de casi año y medio. Estuve trabajando en redes sociales, primero en Fotolog. Llegué a tener 140 cuentas de Tuenti con más de 500 personas en cada cuenta… Todo lo gestionaba yo. Esto no sale por casualidad. Everest hace un seguimiento. De hecho, la primera tirada de 5.000 libros que hago con Everest se agota. Fue una sorpresa para la editorial que saliera tan bien.

Con Everest publiqué la serie de Canciones para Paula. Sin embargo, desde que se enteran de que estoy con Planeta, baja el rendimiento de todo. El trato no ha sido bueno ni conmigo ni con el resto de autores. Ni con sus trabajadores… Ahora están en concurso de acreedores, en el que nos tienen secuestrados los derechos, nos deben un dinero importante, han dejado en la calle a 300 trabajadores… La situación ahora es muy comprometida.

¿No os dejan explotar los derechos de Canciones para Paula?

Claro. Firmé un contrato con ellos que, claro, cuando firmas algo al principio eres bastante pardillo. Firmamos por un royalty muy bajo, un porcentaje por ventas muy bajo. Y firmé un contrato por quince años. Pero al ser concurso de acreedores todo se para. Llevamos un año sin vender ni editar libros y tampoco nos dan muchas soluciones. Estamos luchando por conseguir los derechos y publicarlo con otra editorial. Hemos perdido muchísimo dinero en el año y medio en el que Canciones para Paula ha desaparecido.

En esta guerra de editoriales, ¿qué diferencia porcentual hay entre royalties?

Bueno, no me gusta hablar de cantidades. Siempre hemos llevado muy en privado cuánto dinero ganamos. Es feo. Pero sí que es verdad que tanto a nivel económico, a nivel de proyecto, a nivel de todo, Planeta es el doble que Everest, incluso en el trato humano.

El equipo que me lleva a mí lleva a Dan Brown, a Matilde Asensi, a Carlos Ruiz Zafón… Es un equipo joven con mucho talento, ganas e ideas. Hay muchas horas de trabajo detrás de escribir un libro. No es solo escribirlo y ya. Soy muy exigente y ya no podría funcionar con menos. Queremos que el lector siempre sea la parte más importante en todo esto.

La parte editorial es una de las partes que más se desconocen de tu trabajo. ¿Cómo es el proceso de escribir un libro? ¿Cuál es tu día a día?

Yo suelo escribir en cafeterías. Me levanto temprano, desayuno y suelo ir al Starbucks de Callao. Me siento tres o cuatro horas por la mañana. Como y otras tres o cuatro horas por la tarde. Al volver a casa lo primero que hago es atender a todas las redes sociales. Pero durante este período no apartamos entrevistas, promociones… Planeta siempre está planteándote cosas aunque es cierto que durante los tres o cuatro meses que estoy escribiendo intentan no molestarme.

Es una exigencia con la que vivo y a veces terminas hasta las narices. Llega un momento en el que no sabes ni dónde estás.

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

Una vez escrito el libro, ¿cómo continúa el proceso?

Como vamos tan justos de tiempo yo voy mandando a mis editoras cada cierto tiempo capítulos para su corrección. No son muy exigentes con el contenido. Se fijan, por ejemplo, en una escena de sexo que está en el límite de lo que queremos o no queremos y pregunto si me he pasado o me he quedado corto. Sabemos que los libros tienen un público entre los doce y los veintiún años, entonces con las chicas de veintiuno te quedas corto por dejar la historia apta para la de doce.

En el proceso interviene la editora unas tres veces. Una vez acabado el libro, pasa una corrección de edición para eliminar fallos de estilo, alguna falta de ortografía que se cuela, etc. Una vez corregido, el libro vuelve a mí para una lectura y corrección más, se lo envío y así hasta dos o tres veces. Es un proceso de dos meses hasta que el libro sale.

Y es el momento de descanso…

Un descanso relativo. Constantemente te van mandando cosas… Que si un texto para la cubierta del libro, para la contraportada, fotos para nosequé, síntesis del libro, etc. Es verdad que son meses más tranquilos pero no paras.

Hay que estar produciendo nuevo contenido pero cuidando los anteriores…

Evidentemente. Tienes que ir retroalimentando todo lo anterior. Si ahora por lo que fuera Canciones para Paula va a Planeta se realzará todo eso otra vez, tirará de nuevo esa serie, tirará El club de los Incomprendidos… Constantemente hemos ido recuperando todo lo anterior y, además, se ha ido potenciando.

Poco a poco, con Planeta hemos ido acercándonos a los chicos, a los universitarios, a que las madres nos lean también. Ampliar el target innovando en promociones. Como ir en una furgoneta por toda España con un Youtuber grabándome.

¿La mayoría de estos contenidos los gestionas tú?

A medias. Planeta está avisado de todo. Las redes sociales las llevo yo todas. Pero por ejemplo, del contenido de mi canal de YouTube tengo a Omai, un Youtuber que ha pasado los 100.000 seguidores. Porque si no, no doy más de sí. El resto de cosas es un consenso entre Planeta y yo.

¿Cuánto tiempo suele llevar la fase de promoción del libro?

¡Hasta que me pongo a escribir el siguiente! Con el nuevo libro, que sale el 28 de abril, la promo la empezaremos por la tarde con una fiesta a lo grande en una sala de aquí de Madrid, donde se convocará a los lectores.

Desde el 28 de abril hasta finales de julio se harán sobre todo firmas. Este año, por ejemplo, he pedido ir a ciudades donde todavía no he estado firmando. Hay un plan muy bien diseñado y un plan más espontáneo donde yo intervengo para que no parezca todo tan planificado. No se puede quedar fuera el plano personal mío, el trato con los lectores. Las redes sociales es lo que a mí me dio la primera oportunidad y son sagradas para mí.

Le das mucha importancia a las redes sociales.

Es que la tienen. Todo el que se mueva de cara al público tiene que darle una importancia a las redes sociales.

Son importantes. Los lectores no se conforman con leer el libro. Quieren saber dónde estás, qué piensas sobre tal cosa… Aunque yo intento no dar mucho de mi vida privada. Ni política, ni religión, ni fútbol. ¡Aunque soy del Betis! Procuramos que la vida privada se quede al margen.

Porque las redes sociales tienen su parte buena, pero también su parte mala…

Sí, claro. Pero para mí es sorprendente no tener más parte mala. Es decir, no tener más haters, que los he tenido. Yo no me meto en polémicas, pero si veo que algo puede crecer y puede afectar al lector sí que intento buscar el medio para suavizarlo.

Por ejemplo, hace un par de meses hubo unos chicos que odiaban lo que hacía. Me hacían memes y empezó a afectar a lo personal. ¿Qué hice? Me puse a hablar con ellos de cachondeo. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Los desbloqueé, porque no me meto en jaleos, bloqueo y punto. Pero hablé con ellos de buen rollo y al final los chavales estupendos… Intento huir de polémicas. No me compensa.

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

Las redes sociales al final es una forma de llevar el fenómeno fan

A mí lo de fenómeno fan… Fans son los de los futbolistas… Yo hablo de lectores. Lo mejor de todo esto es que los conocidos son los libros. Los famosos son los libros. Yo siempre me he quedado en un segundo plano.

¿Quizá, por eso, te escondes bajo un seudónimo?

Así empezó todo. Utilizar Blue Jeans viene porque me rechazaron muchas editoriales una novela de misterio que había escrito. Y cuando tú estás muchos años preparándote un libro, tu familia te dice qué bueno eres y vienen todos estos rechazos, te pegas un batacazo…

Entonces, cuando entré en Fotolog lo que quería era que se juzgara mi forma de escribir y se hablara de los personajes. En definitiva, que nadie me conociera y nadie supiera quién era yo…

¿Y cómo hace un hombre de tu edad para buscar la inspiración y escribir novelas juveniles?

Si tuviera que escribir un libro sobre la Segunda Guerra Mundial sería mucho más complicado… Tú, yo, él, todos hemos tenido doce años. Yo me he enamorado, me he desenamorado, me han dado calabazas por todos los lados… He vivido el mundo adolescente y no es difícil meterte en la adolescencia con una edad u otra. Tú siéntate un ratito en el Starbucks de Callao y verás cómo te enteras de lo que le pasa a un grupo de chicas de quince o dieciséis años. Y las redes sociales son un espejo. Te ponen todo en las redes sociales.

¿Se podría decir que tu inspiración son los lectores?

Sí. Ellos forman parte de la historia. Los tengo en cuenta. Evidentemente, la última decisión es mía. Pero los lectores se sienten reflejados en los libros y eso no es tan fácil a la hora de plasmarlo. Hay que tener mucha sensibilidad y cuidado con lo que escribes.

Por la temática de tus libros, ¿te sientes bien considerado por el alto standing literario como puede ser Pérez Reverte o Ruiz Zafón?

No he tenido nunca ningún problema con nadie. Tenemos amigos dentro de ese alto standing. Ellos entienden y se dan cuenta que lo que estamos haciendo es crear lectores. Nosotros fomentamos la lectura entre la gente joven. Esos chavales tarde o temprano se cansarán de Blue Jeans y se irán a leer a Pérez Reverte.

¿Pero nunca te han criticado por lo que haces?

Literariamente solo cuando salió la película. Esa fue la mayor crítica que he tenido. Se confundieron las críticas de la película con las del libro. Fue tema de clichés y estereotipos de los que intento huir en mis libros. Entonces las críticas salpicaron al libro.

¿Es complicado para ti huir de los estereotipos en las novelas?

Sí, es complicado. Además con lo sensibilizadas que están las cosas hoy en día, hay que mirar todo con lupa. Hace poco en un cole una chica me preguntó si no era machista la actitud de un personaje al sentir celos por su chica… Yo no soy machista, todo lo contrario. Las sensibilidades son muy altas, algo que me parece correcto, y hay que intentar huir de los estereotipos, llegar a un equilibrio. Por ejemplo mi primera protagonista, Paula, es la típica chica guapa. Pero al final todo le pasa a ella.

En El club de los incomprendidos, lo dice la propia palabra, son todos chicos que no se sienten bien con cómo son al principio. Es algo habitual en los jóvenes, ¿quién no se ha sentido incomprendido con 15 años? Algún cliché hay en mis libros, pero trato de huir de ellos.

Lo trascendente suele valorarse por encima del entretenimiento. ¿Ha influido eso en las críticas a la película?

Puede ser. De todas formas en la película hay una chica esquizofrénica, o una chica lesbiana. Se supone que es una película juvenil blanquita y pura y se habla de sexualidad. Además, hasta ese momento la productora, Bambú, solo había recibido halagos. Se metió en una película juvenil, con mucho cliché, y los que estaban esperando fueron a por ellos. Las críticas llegaron de medios especializados, no sé cómo les sentó. A mí me cayeron por el tipo de libro que era, por parte de chicos porque era de amor… Pero realmente creo que se exageró todo. La película, sin ser un boom, fue bastante bien.

¿Cómo intentas llegar a los chicos, al género masculino?

Sobre todo por los contenidos. Quizá es contradictorio con las portadas y títulos. Recuerdo que con Cartas para Paula había un grupo que me apoyó cuando no tenía editorial. Alex, un heavy grande y con barba, me dijo entonces que a dónde iba él con un libro con corazoncitos en la portada. Y es verdad. Lo que quiero entonces es que el público se dé cuenta de que el contenido no es femenino, sino mixto. Intentamos que se vea. Cuando vamos a colegios, una de las cosas que ponemos en el Power Point, el que hiciste (a Ester) es que en el libro se habla de amistad, del instituto… No solo de amor. El próximo libro arranca con una ouija, por ejemplo.

Pero te sigues enfrentando con ese choque, esa idea del No girls allowed, aunque les acabe gustando, ¿no?

Cuando vamos a colegios y la profesora les manda el libro de lectura obligatoria, cosa que no me gusta mucho, te encuentras con que los chicos tienen las mismas opiniones que las chicas. Además de besitos, hay ouijas o escenas de sexo virtual. He escrito nueve libros, imagínate la de temáticas que he tratado. Sigo teniendo la etiqueta de juvenil romántico, aunque no me guste: te tienen que categorizar.

Mencionaste a Ester, ¿cómo te ayuda en general?

Hace los Power point que dije antes, si necesito retocar una foto ella tarda 34 segundos cuando yo tardaría 5 horas… En las firmas ella hace las fotos, habla con los chavales en la cola, hace que nadie se cuele… ¡Menudos mosqueos se pilla cuando alguien quiere colarse!

Porque detrás del superventas que es Blue Jeans, hay una persona normal, ¿no?

¡Hombre, ya te digo! (risas) Eso lo decimos en el Power Point de los colegios. Salgo comiendo un sándwich aquí mismo, muerto de frío… He tenido mucha suerte, trabajado mucho también, he llegado donde quería pero soy como cualquiera de esos chavales. Los sueños se cumplen, aunque suene cursi. Es el mensaje que queremos trasmitir. Los autores no están por encima del bien y del mal. Alguno lo cree porque solo firma con pluma y necesita una tinta especial… (Ester señala que esto está basado en un hecho real).

Yo firmo como sea. Debo estar a la altura del lector. Son adolescentes que se gastan 20€, que es dinero. Hemos tenido firmas en que han estado pasando frío seis y diez horas. Nunca me voy sin terminar de firmar, aunque cierre El Corte Inglés o la caseta. En Chipiona acabamos a las tres de la mañana. Esto lo he tratado con la editorial estos años. Está la parte comercial, pero el lector es sagrado, hay que cuidarlo. Me he peleado con quien haya hecho falta por ello. Ellos te dedican su tiempo. ¿Y qué hay más preciado que el tiempo?

Hemos leído en tus biografías por Internet algo que resaltas mucho y es curioso: entrenaste a un equipo de futbol.

¡Ostrás! Es que estuve 8 años. Cuando acabé periodismo busqué trabajo y no hubo forma. Entonces un compañero de carrera me dijo que hacía falta un entrenador, en Palestra Atenea, para que se quedara con los chavales, que él ya no quería. Dije que no, pensé “que si se cae el niño, que si se pone malo…” Consiguió que fuera a probar y me encantó. Fue durante años mi salvación, sobre todo mental. Además de darme un dinerillo para mantenerme me sirvió para desconectar y hacer mi vida mejor. Los chavales me dieron la vida en unos momentos muy complicados. Me encantaba que disfrutaran, lo echo de menos.

¿Te arrepientes de no haber sido periodista deportivo? ¿Tienes esa espinita clavada?

Yo creo que esto es mucho mejor. Cualquier cosa que hubiera pasado hubiera sido peor, en todos los ámbitos. Yo conocí a Ester por esto. Mis padres antes estaban muy preocupados por mí, estaba con el carácter agriado. Vivía en Madrid en un zulo de veinte metros cuadrados. Esto de los libros ha sido un milagro. Como periodista hubiera disfrutado seguro, pero vi ese mundo por dentro y hay cosas que no me gustan. Estuve en una revista de pádel cuando empezaba a estar muy de moda en España, por Aznar y todo eso. Vendíamos un montón. Yo era la revista, hacía todo menos ir a los torneos, que iba mi jefe. Ahora espero que ese hombre vea a Francisco de Paula en los libros y diga: “igual lo tenía que haber tratado un poquito mejor.”

Cuando, tras estudiar periodismo le dices a tu familia que quieres ser escritor, ¿qué dijeron?

Es que yo no decidí ser escritor. Eso lo decide el público y la editorial. En España hay muy poca gente que pueda decir que se dedica a escribir libros. Con la novela de misterio, se la enseñé a mi madre y dijo que estaba muy bien… Cuando empecé con Fotolog no dije nada a nadie. Cuando al final se lo enseñé, mi madre se vino arriba. Ahí sí le dije: “creo que he pulsado la tecla correcta.” ¿Quién me iba a decir todo lo que vendría después? Es muy difícil, hay mucha competencia, por eso hay que tener los pies clavados al suelo, ir libro a libro, año a año, haciendo cuentas.

¿Consideras que hay más escritores que lectores?

Hay más lectores que escritores, pero es que hay muchos escritores que no escriben. Las editoriales son empresas. En la crisis la venta de libros ha caído mucho. Y sale, por ejemplo, una Belén Esteban y te vende 60.000 libros… Eso es oro para la editorial. Vargas Llosa vende 20.000. ¿Tú crees que a un editor, aficionado a la lectura, le gusta publicar eso? Pero hay que llegar a fin de mes.

Y gracias a la Belén Esteban de turno pueden salir otros…

De eso no se da cuenta la gente. Yo respeto a todos porque conozco el sector por dentro. Ahora el mundo youtuber está de moda. ¿Tú crees que no me hace competencia un youtuber que por tener 8 millones de suscriptores saca un libro, que a veces ni es un libro? Pero hay que tomarlo de otra forma: gracias a ese libro se mantiene una editorial, una librería, abierta. Es muy fácil decir que no lees a Esteban, o la biografía de Bono o Revilla, solo a Llosa o Mendoza. Bien, pero no es algo real. No se generan libros si no se venden libros. Es un mundo muy complicado en el que todo el mundo opina, y bien está, pero en el que habría que profundizar más. Al final el autor es el que menos cobra.

¿Estás totalmente en contra de la piratería?

Sí. No voy a ser hipócrita, he pirateado discos sin saber que estaba mal, cuando empezó todo. No te dabas cuenta del daño que hacías. Cuando entré al sector lo primero que hice es empezar a pagar por todo lo que consumimos, Ester y yo. También te digo, la piratería de libros en España todavía no ha pegado. Hay que educar a los chavales desde el principio.

Además de esa cultura de la gratuidad, ¿no crees que el mundo editorial no se ha adaptado a los nuevos tiempos?

Es una cuestión de educación. Mi público por ejemplo, te pregunta a ti, al autor, donde puede descargar gratis tu libro. Ves que el chaval hace algo mal y se lo explicas.

¿No está la cultura muy cara?

Depende del valor que le des. Un libro vale 20€, como una pizza familiar. Esto tiene cuatro tartas, quien más se lleva del libro es la distribuidora, quien menos el autor. ¿Respecto al digital? Ahí sí. ¿Cómo es posible que un libro cueste 10€ en formato digital? Yo no me llevo un porcentaje supergrande. También hay diferencia entre quien lee quince libros al mes y el que se lee uno al año. No pueden gastarse 10/20€ por libro digital. De todas formas el libro digital no es el presente, sino un futuro, y lejano. Pero sí hay que abaratarlo porque te estás saltando uno de los costes principales, la distribuidora.

¿Quizá no interese?

Ahí ya no te puedo decir nada. En lo mío sí. Percibo un porcentaje mayor que en papel, pero muchos menos ingresos totales. Además, esto interesa a las librerías, que tienen que subsistir. Si todo el mundo se va al digital, ¿qué hacemos con el papel?

Además con Internet las librerías han perdido el valor de prescripción

Claro. Recuerdo que antes iba a casa una mujer de un videoclub con una bolsa de películas y le recomendaba cual alquilar a mi madre. Ahora en una encuesta que vi sobre por qué comprabas un libro, la principal razón era por opiniones en Internet. Además la cultura ha ido desapareciendo de los medios, se ha ido reduciendo el personal, quizá porque no interesa.

Blue Jeans || Fotografía: Sergio Hevia

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