En los últimos años la comedia se ha convertido en el género catalizador de una cierta transgresión catódica. Una tendencia históricamente presente en la televisión, pero siempre desplazada a los márgenes del medio. Fruto de los cambios en el modelo de producción y exhibición de la ficción serial, estas corrientes creativas han logrado emerger del anonimato. Obras muy particulares y adaptadas a la segmentación específica de un público que observa, piensa y discute sobre ellas.

Porque, aunque la comedia es el punto de partida, estas series no eluden el componente dramático de la realidad, exponiendo sin tapujos algunos de los conflictos fervientes en la sociedad contemporánea. Bien es conocido el caso de Louie (Louis CK, FX: 2010-) que camina desde el relato paródico de un alter ego de su creador, próximo a sitcoms como Seinfield, hacia una reflexividad propia del cine de autor más intimista. Y también el caso de Girls (Lena Dunham, HBO: 2012-), que arranca del desenfado formal para desvelar, a partir de un afilado sentido crítico, la hipocresía de una sociedad actual cargada de prejuicios.

Sin estas dos referencias difícilmente se hubiera podido concebir una serie como Transparent (Jill Soloway, Amazon: 2014-). Su showrunner, Jill Soloway, atrapa de Louie esa apariencia visual caótica e irregular que tan fácil dibuja momentos de abstracción onírica como de pausada introspección. De Girls, Soloway recoge el poder de concienciación social que puede alcanzar una ficción. Si la serie de Lena Dunham explora el movimiento feminista, Transparent se sumerge en la cuestión de la identidad de género con el objeto de enterrar falsos estereotipos y abrir un espacio, desde dentro de la cultura audiovisual, para el debate.

Jeffrey Tambor en el papel de Maura transparent

Difícilmente se entiende una serie como ‘Transparent’ sin los precedentes de ‘Louie’ o ‘Girls’. En la fotografía: Jeffrey Tambor en el papel de Maura

Complejidades del movimiento LGTB

Transparent inicia con una revelación como motor de los acontecimientos. La que realiza el jubilado profesor de universidad Morton L. Pfefferman (Jeffrey Tambor) al compartir su nueva condición de mujer con sus treintañeros hijos. Un sentimiento latente durante toda la trayectoria vital del protagonista, pero exteriorizado ya en su etapa de vejez. Morton es ahora Maura.

Lejos de allanar el camino hacia la armonía familiar, la confesión siembra todo tipo de dudas en la protagonista y en los que la rodean. Así, la serie muestra la liberación sexual como un movimiento poliédrico, con diferentes significaciones que complejizan su entendimiento. Ya sea evidenciando la incapacidad de la comunidad para adaptarse a los cambios, con el cinismo propio de una sociedad patriarcal todavía marcada por todo tipo de tradicionalismos. Ya sea por la discutible interpretación que desde dentro de las diferentes corrientes reivindicadoras se ejecuta, en ocasiones víctimas estas de la hipocresía y la contradicción.

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El cambio de sexo del padre impulsa a los hijos a buscar su propia identidad

De esta manera Transparent huye de convencionalismos, consciente de las singularidades de cada una de las personas que están detrás de un cambio de identidad sexual. De aquello que conquistan y, sobre todo, aquello a lo que renuncian para poder construir un yo más honesto con ellos mismos.

Transparent: convivir en la ambigüedad, rastrear el pasado

Uno de los rasgos más llamativos de la serie es observar como el cambio de sexo del padre impulsa a los hijos a buscar su propia identidad. Sarah (Amy Landecker), con marido y dos hijos, no desprecia la posibilidad de un buen affaire lésbico, pretendiendo hacer de esa aventura desinhibida la fórmula para erradicar su hastío. Ali (Gaby Hoffmann), inicialmente declarada muy heterosexual, termina rindiéndose a los encantos femeninos como solución para paliar su compleja identidad y orientación sexual. Josh (Jay Duplass) quiere encontrar un amor definitivo que se le resiste fruto de su carácter autodestructivo. Y entre tanto Maura, divorciada años atrás de su esposa, ha de dibujar un nuevo camino vital desde su nueva condición.

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La serie rastrea melancólicamente el pasado en busca de la felicidad

Tanto Maura como Sarah, Ali y Josh se enfrentan a lo diferente con la esperanza de que esa faz desconocida de la personalidad responda los dilemas de cada uno de ellos. Para ese cometido, la serie recurre al pretérito. Primero en los créditos y después vertebrado en la trama a través del flashback, la ficción refleja la necesidad de toparse con aquello que los personajes no pueden poseer en el presente. Algo que Maura encontraba en los años noventa con sus escapadas clandestinas que le permitían, por unos días, dejar de ser Morton. Cuestión que Sarah y Josh logran asir en su retrospección hacia la ingenuidad de la etapa adolescente, y Ali en su viaje temporal por la Alemania Nazi en busca de trazar una genealogía que aclare sus dudas sobre su propia condición sexual y la de su familia. La serie rastrea melancólicamente el pasado para rescatar aquello que está ausente durante toda la trama, aquello que no se deja ver entre tanta ambigüedad: la felicidad.

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