Se vive en una época en la que se habla mucho y se trabaja poco. Se habla demasiado sobre el trabajo y se trabaja muy poco sobre lo que se habla. Hoy día todo el mundo lee, escribe, actúa, hace fotografía y toca música. Son muchas las personas que al hablar de dichos temas dan por hecho un concepto de belleza intrínseco a la realización u opinión artística que realizan. No obstante, pocos son los que se paran a preguntarse explícitamente sobre ella.

Aquí se va a intentar sobrevolar las artes desde la metafísica para poder tener una panorámica exterior de qué se está hablando en cada caso cuando hablamos de belleza o de arte. El vuelo llevará al lector a  preguntarse sobre los límites mismos del arte. Una pregunta tan necesaria en una época de chismorreo, habladuría y “artisteo.”

Expolio de cristo

Expolio de cristo || El greco

Aunque la mayoría de las veces se piense en el arte como algo puro, como una luz reveladora que sale de la intimidad del genio, éste tiene una necesidad histórica. Las distintas perspectivas desde las que se ha enfocado la belleza y el arte tienen su porqué histórico. Van ligadas a un sistema de pensamiento y no es un simple capricho del artista. Cuando se habla de que el arte es pura expresión, pura subjetividad, se está ya dentro de un paradigma estético. Se  hará pues un pequeño recorrido por algunos de los principales paradigmas para aclarar la cuestión.

Como se ha dicho, hoy se torna difícil el pensar en arte sin pensar en libertad. No obstante, la mayoría del arte que se ha hecho en la historia siempre ha estado subyugado y no por ello ha sido menos arte. Desde la servidumbre que el arte le rendía a la verdad y al bien en la época de la Grecia clásica hasta el que lo hacía a la belleza en la era moderna, pasando por la necesidad iconoclasta que la Iglesia le demandaba a cambio de su mecenazgo.

Belleza, verdad y bien, una estética objetiva y heterónoma

Hoy hay muchos movimientos relacionados con la necesidad que el humano tiene de volver a abrazar a la naturaleza. En la Grecia clásica, ninguno de estos movimientos eran necesarios. El humano no era algo distinto a la naturaleza. Aunque viviese ya en ciudades, aún no estaba marcado ese distanciamiento de la naturaleza propio del medievo y la escolástica.

Belleza Doríforo de Policleto

Doríforo de Policleto, canon de siete cabezas

El mundo se presentaba completamente armonioso, la belleza y el bien estaban ahí fuera, inmóviles, preparados para que el humano los estudiase y los descubriese. El arte pues tenía como única función representar esa armonía y belleza que ya estaba ahí. Esta función del arte se denominó mímesis.

Y es a la vez [lo infinito, Dios] llamado bello, porque tiene una belleza absoluta, supereminente y radicalmente inmutable, que no puede empezar ni terminar, que no puede aumentar ni decrecer, una belleza donde ninguna fealdad se mezcla, ni ninguna alteración le afecta, perfecta bajo todos los aspectos, para todos los países, a los ojos de todos los hombres; porque de él mismo y en su esencia posee una belleza que no resulta de la diversidad (…)

Lo bello trascendental se llama belleza por la hermosura que propiamente comunica a cada ser como causa de toda armonía y esplendor, alumbrando en ellos proporciones de belleza a la manera del rayo brillante que emana de su fuente, la luz.”

Pseudo-Dionisios, De los nombres divinos 7 y 41 (siglo V-VI)

Se deben recalcar dos cosas de este texto. En primer lugar relaciona, o más bien subyuga, la belleza a la idea de Dios y con ello a la idea de verdad. En segundo lugar, recalca que esta belleza es inalterable y perfecta a los ojos de todos los hombres. Relacionar la belleza a algo externo de sí misma es lo que la hace heterónoma. Suponer que aparece como un rayo brillante de luz de la misma forma para cualquier hombre es lo que la hace objetiva.

Partenón Belleza clásica

El Partenón

Un claro ejemplo de la belleza heterónoma y objetiva es la escultura Griega. El canon de siete cabezas reinó primero. Después sería el de ocho al creer que guardaba más verosimilitud, es decir, una relación más cercana a la verdad.

Del mismo modo, las proporciones áureas marcaban los pasos a seguir en arquitectura. La música no se libraba tampoco de la dictadura de la armonía. Siendo imposible encontrar disonancias. Estas estaban cercanas al mal y a la locura y no al bien y la verdad.

Autonomía y Subjetividad, el nacimiento de la estética como disciplina

Con permiso del lector, el artículo saltará desde la Grecia clásica al siglo XVII con la idea de que el texto no se quede en mero contenido histórico. La razón por la que se deja sin tratar la época del medievo, interesante etapa del arte al servicio de la religión, es debido a que ésta etapa es aun completamente heterónoma. De la servidumbre que la belleza le mostraba al bien y a la verdad, se pasa a una servidumbre política y religiosa. En cambio en la modernidad la belleza, que no el arte, se vuelve autónoma.

Este claro salto en las categorías esenciales que fundamentan la pregunta por lo bello permite realizar una dialéctica didáctica que muestra mejor la esencia de lo que aquí se quiere tratar.

Baumgarten es el primero en tratar la estética como disciplina independiente. No obstante será el pensamiento kantiano el que definitivamente fundamente la estética como autónoma y subjetiva. El pensamiento Kantiano se caracteriza por hacer del objeto una mera excusa del sujeto. El sujeto no descubre al objeto, lo crea, lo modifica. Así pues el objeto deja de ser algo que está ahí fuera esperando ser descubierto para comenzar una íntima relación con el sujeto. Sin sujeto, ni siquiera se puede hablar de objeto.

Monet, Catedral de Rouen Belleza

Catedral de Rouen || Monet

Esta íntima relación se fundamenta a través de las categorías puras a priori del tiempo y el espacio. Todo lo que se ve, dice Kant, es siempre a través del tiempo y el espacio y no puede ser de otra manera. Es por ello, no debido a Kant como tal sino al ambiente y clima intelectual que se respira en general en la época, por lo que la estética pasa a ser una disciplina independiente, subjetiva y autónoma.

La mímesis ya no es posible. No hay nada “ahí fuera” que se pueda representar. La representación es ya siempre subjetiva. Es así como el arte comienza su proceso de independencia.

Hay otras categorías estéticas de la modernidad que impulsan la autonomía de la belleza que no pueden dejarse sin tratar. Éstas son el desinterés y la libertad.

En la Grecia clásica era el conocimiento el que gozaba de estás dos categorías. A partir del siglo XVII, con el auge de la ciencia moderna con Newton como padre, el conocimiento comienza a quedar atado a la ciencia y a su modus operandi. La vida en el campo comienza a ser sustituida por las grandes urbes y el modelo económico comienza a acercarse más al que hoy conocemos. Por ello el sujeto, maniatado en todos los aspectos de su vida, encuentra los reductos de libertad y desinterés  que le faltan en la belleza.

Jackson Pollock, Convergence Belleza

Convergence || Jackson Pollock

Con el desinterés estético, el pensar de la época, como moderno que es, quiere distanciarse de las épocas que le preceden. Se acabó el arte servil, lo bello es ahora necesariamente libre y desinteresado. Si el arte sirve para algo más que provocar la belleza en el sujeto, no es arte. Si la belleza se usa para cualquier cosa que no sea ella misma, no es belleza. Es así como el sentimiento de lo bello se convierte en un fin en sí mismo.

Kant define en la Estética del juicio la belleza tan solo como un juego. Concretamente, el libre juego de las facultades humanas de la sensibilidad y el entendimiento. Es tan solo un juego formal, sin principio ni fin, en el que el sujeto se encuentra ante el deslumbrante sentimiento de lo bello. Si solo se siente, no es belleza. Si solo se entiende, no es belleza. Como ejemplo de la belleza como sentimiento puro se encuentra Pollock y el arte de los niños. Como entendimiento puro, el arte de la Grecia Clásica.

Cravan vanguardia belleza

Cartel de la película Cravan vs Cravan

Esta visión kantiana, partiendo desde la subjetividad del sujeto, ha llegado a través de la historia a ser objetiva. Hoy no son pocas las personas que consideran este paradigma estético del siglo XVII como el paradigma estético por excelencia. Muchos imitadores de las vanguardias piensan que el arte consiste en ser subjetivo, pura sensibilidad del sujeto, puro juego de formas. Lo curioso es que las vanguardias justamente fueron el nuevo paradigma que desplazó definitivamente la autónoma, subjetiva, solitaria y aburrida belleza kantiana. Las vanguardias desplazan la belleza para centrarse en el arte y desplazan el arte para centrarse en la vida.  O más bien hacen de la vida un arte y del arte, la vida.

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