Anoche deambulé
por el desierto de tu recuerdo.
En la arena de tu beso erosionado
vi tus labios de polvo ya caduco
cayendo sobre un mar negro,
y tus palabras se ahogaban en el silencio.
Vi tu piel de astromelia marchita
floreciendo a través de las grietas
de una roca apuñalada en el tiempo,
y ya no sentías
el susurro del viento.
Vi tus ojos azules de sauce triste
enraizados en la tierra de mi memoria,
buscando agua en acuíferos sin mí.
Oí tu voz ronca de iguana arcaica
trepando por la cueva de mis entrañas,
destripando el aire de mi respiración.
Anoche deambulé
por el desierto de tu recuerdo,
y todavía no sé quién eres,
todavía no sé qué eras,
solo sé que solo estaba yo.

