La filosofía no solo se encuentra en los libros. El pensamiento de rigor, el criterio racional y la visión crítica sobre los fenómenos que rodean al hombre no solo se leen. También se respiran, a todas horas y en cualquier lugar del mundo, por muy recóndito que sea. Por esa misma razón, de vez en cuando se topan lo existencial y el arte, si es que no son lo mismo. Y qué decir cuando se enlazan cine y filosofía: se unen para dar cabida a una fórmula majestuosa que bien podría pasar por una relación que roza lo erótico. Nace una combinación prodigiosa: pura magia fabricada para la contemplación y la reflexión. Aquí van tres ejemplos, pues ponerlos todos hubiera sido una empresa ardua e injusta. ¡Bon apetite!

Más allá del bien y el mal… está David Gale

En el primer caso no habrá que fijarse tanto en el cómo sino en el qué. Es decir, aunque contiene serios problemas de montaje, La vida de David Gale, del año 2003 y dirigida por Alan Parker, es una película que enseña todas las fallas del sistema judicial. Casi a la par, desnuda los prejuicios morales y apela a una regla de oro universal: no existen universales. A través de un ardid perfecto, salen a la luz la multitud de errores de aquel dogma en el que se cree ciegamente: la justicia.

The Life of David Gale (2003) || minhavisaodocinema.blogspot.com

The Life of David Gale (2003) || minhavisaodocinema.blogspot.com

Además, hay una tácita crítica a la pena de muerte y sus trámites. La trama explica el trágico final de un profesor universitario, condenado a la pena máxima y que brinda su historia a una reportera tres días antes de su ejecución. El thriller es americano, y no se escapa del estilo y el enfoque hollywoodiense. Aún así, logra adoptar una perspectiva incómoda y, por lo tanto, objetiva o al menos deja entrever un discurso que atisba la filosofía de derecho.

Lo más importante de la película es que aparte de destruir, plantea cuestiones político-sociales a través de interrogantes y dudas. A todo eso hay que añadirle un ingrediente clave: Kevin Spacey, que ejecuta una interpretación de lujo. Su narrativa trama es hipnótica y el final ruboriza a cualquiera.

¿Listo para morir? No, aún no

Puede que no sea la obra más notoria del maestro Akira Kurosawa, pero Madadayo, estrenada en 1993, se convirtió en un templo de veneración de cualquier cinéfilo. En 1943, el profesor Hyakken Uchida decide hacer frente a su retiro y a los estragos de la guerra. A partir de este punto, iniciará junto a su mujer un intento de ostracismo, pero sus antiguos estudiantes no se lo olvidarán tan fácilmente.

A lo largo de la película le irán formulando al profesor Uchida: Mahda-kai, lo que significa: “¿Estás preparado para el final?”. Madadayo, responde el profesor: “No, todavía no”. Madadayo es la muestra del amor entre el docente y el alumno; entre el maestro y el aprendiz; entre pasión y conocimiento. Se trata de un drama cariñoso y profundo, cargado de pigmentos de realismo mágico. La película también queda impregnada inevitablemente del budismo y el sintoísmo, corrientes que jugaron un papel fundamental en la vida de Kurosawa.

Madadayo (1993) || http://history.sffs.org

Madadayo (1993) || http://history.sffs.org

Muchos expertos califican a Kurosawa no sólo de sensei, sino también de gran conocedor de la vida. Si es así, y teniendo en cuenta que fue su última obra, Madadayo es un hermoso epílogo del japonés. Un final con el que Kurosawa no cierra solamente su trayectoria, sino también su vida. Después de capturar la esencia de la sociedad nipona, con sus más y sus menos, Akira Kurosawa conmocionó al mundo con este cándido testamento que transmite una serenidad zen. Madadayo es la alegoría que describe el cálido paseo de las millones y millones de almas, que vienen y van por el universo, como ligeras plumas volátiles.

Cuando mentir mola

The Man from Earth es un controvertido largometraje de serie b, producido en 2007, que puso en jaque a gran parte de la férula cinematográfica. Está escrita por Jerome Bixby y dirigida por Richard Schenkman. Como toda obra low cost, puede parecer arriesgada. Y ahí precisamente reside su mérito. La película transporta al espectador a las charlas y reuniones que unos catedráticos organizan para despedir a un compañero: John Oldman.

The Man from Earth (2007) || www.revistagq.com

The Man from Earth (2007) || www.revistagq.com

Aunque en un principio estos encuentros son amistosos y reina el júbilo, el ambiente se irá calentando paulatinamente. Todo, a causa del protagonista, que les confiesa un secretito bastante atormentador: que él es un ser que lleva existiendo desde hace catorce mil años, de forma ininterrumpida. En otras palabras, que juega a ser inmortal. Casi nada. Esto es solo el trasfondo, a partir de ahí se va tensando la atmósfera y los interlocutores reaccionan a los diferentes datos que Oldman proporciona.

Entonces, se abre el telón. La historia adquiere el clímax argumentativo y empieza el rompecabezas. The Man from Earth es como una aventura gráfica donde el público es uno más de la camada y, por lo tanto, habrá de discernir, aprobar e interactuar con el emisor de la ignominia. No es necesario profundizar más ni revelar más detalles, sería un golpe bajo para el lector que ya se haya decidido a verla.

Engaño y confianza; mentira y honestidad; arrogancia e ignorancia. Estos son algunos de los componentes que conforman The Man from Earth. Una obra de arte audiovisual, que recurre únicamente a un guion mágico y sobrecogedor. Tanto, que al espectador es probable que se le cortocircuite el cerebro en la culminación de la película. Y eso es lo que busca el director.

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