Símbolos y profecías: varios apuntes sobre Macbeth

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Nunca un bosque había supuesto semejante amenaza para un rey. En Macbeth, las fuerzas naturales y sobrenaturales se imponen y marcan el destino. Lo pagano rige el mundo.

La naturaleza no obedece a los humanos: la naturaleza se obedece a sí misma. Las tres brujas con las que se encuentra Macbeth se limitan a interpretar y a transmitir una serie de realidades que ni siquiera ellas pueden cambiar. Macbeth se refugia en una profecía que le es favorable. Además, la seguridad que le da saber que triunfará lo convierte en un miope en lo que a amenazas se refiere. Los peligros son relatados de una forma muy poética y simbólica, pero él se los toma al pie de la letra.

Macbeth ópera

Macbeth de Verdi, producción de ROH || operanut.net

Resulta muy difícil imaginar un bosque desplazándose por la tierra, pero la experiencia ha demostrado algo: las profecías son trampas dialécticas. Y es por ello que Macbeth se siente protegido de cierta forma, incluso invencible, pues no existe ningún hombre que no haya nacido de una mujer. El futuro rey de Escocia juega con una serie de verdades que son superiores a él, cuyas interpretaciones no controla. Después de las victorias iniciales, primero un nuevo título y después la corona, la moral del protagonista se blinda y gira en torno a las amenazas de la profecía. Solamente en torno a eso.

Macbeth y el destino incontrolable

Macbeth lucha contra un destino que ya está fijado. Inicialmente opone poca resistencia, pues la profecía parece ser tan sencilla y nítida que no parece haber opción de engaño o de desastre. Las brujas son directas, tanto con el protagonista como con su compañero Banquo, y aciertan. Cabe preguntarse si Macbeth habría conseguido ser rey sin necesidad de asesinar al que ya había, simplemente esperando. Pero la historia ha demostrado que la paciencia puede llegar a ser agotadora.

Lady Macbeth ejerce aquí de motor para el protagonista. Lo alienta, lo desafía, sabe qué resortes tocar para activar a su marido. Pero, a pesar de que las críticas la han señalado a veces como perpetradora de todo y culpable directa, Macbeth no es un personaje pusilánime. No es una marioneta, o al menos no lo es de su esposa. Entre ambos existe una intimidad poderosa y sólida, aunque quizá fría, en la que no faltan los reproches en verso. Ambos sufren. Ambos caen.

Macbeth Steward

Patrick Stewart y Kate Fleetwood como los Macbeth, obra de 2010. Fotografía de Tristram Kenton || theguardian.com

Y es que los Macbeth están completamente solos. Él se deshace de uno de sus únicos compañeros por miedo a la competencia. Banquo es asesinado por recibir una profecía que le será favorable a sus hijos, a su estirpe, algo de lo que Macbeth carece. El hijo de la víctima consigue escapar y el destino sigue su curso. Mientras tanto, el protagonista sigue sin tener hijos que lo sucedan. Aparece ante él un futuro que tendrá un final claro, un final definitivo.

Manchas difíciles, insomnio

Hay varias referencias a las prendas de vestir en la obra. Su objetivo es señalar lo poco adecuado que es Macbeth para el puesto de rey. La ropa le queda grande. Lo que para cualquiera sería un pequeño drama, para Macbeth es una tragedia. No es posible meterle los bajos ni recortar algo de tela. Se trata de un presagio terrible para alguien que ha ascendido al poder a base de cuchilladas. Es un recuerdo constante de que ese puesto no es legítimamente suyo.

El crimen deja huella: las manchas de sangre desquician a lady Macbeth como si de un anuncio de lejía se tratase. Los remordimientos son superiores en ella. Sufre una culpa con la que su marido parece cargar sin mayor problema, a pesar de ser el asesino y no simplemente el instigador. Con todo, él sufre insomnio: es incapaz de conciliar el sueño. La sangre va acumulándose según despeja todos sus frentes. Su propia esposa cae y él acepta su destino final con toda la dignidad del mundo. Al fin y al cabo, todo estaba escrito.

Macbeth Brujas

Macbeth, Banquo y las tres brujas, 1897 || shakespeare-online.com

Macbeth es una obra oscura, visceral. Apela a instintos, a la ambición y al dolor de la culpa. Macbeth trata incluso sobre la venganza y la brujería, sobre lo que puede pasar si alguien pone todas sus esperanzas en lo pagano. Las teorías pueden ser infinitas, y eso enriquece la obra aún más. No importa hasta qué punto dé mal fario pronunciar su título.

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