Qué triste es escribir sobre la Guerra Civil Española. Sobre cualquier guerra civil. Esas en las que tu enemigo podía ser tu compañero de juegos en la infancia. Pero se han cumplido 80 años de su inicio y es de recibo repasar lo que ocurrió, principalmente sus motivaciones, porque una sociedad que conoce su historia está más lejos de cometer los mismos errores.

Francisco Franco revista a las tropas nacionales.

Francisco Franco revista a las tropas nacionales.

Cualquiera, buscando su caldo de cultivo, podría decir que estaría en la polarización política galopante que comenzó ya en los inicios de la democracia española, cuando el Absolutismo quedó completamente obsoleto. Y en cierto modo tendría razón. Esas dos Españas ya existían mucho antes de que se vieran definidas por las trincheras que apuñalaron su territorio.

Sin embargo, se puede afinar mucho más. Todo ese enfrentamiento entre derecha e izquierda cultivado durante el siglo XIX llegó al XX aderezado con una grave crisis económica. Esto propició una inestabilidad política acusada por la monarquía de Alfonso XIII, que desembocó en la II República. Es el año 1931.

Las posiciones políticas se enconaron mucho más entonces. Desde la derecha, terratenientes y empresarios, militares y religiosos, veían peligrar sus posiciones clásicas con las reformas más populares impulsadas posteriormente con la Constitución Republicana. En la izquierda, además de socialistas y republicanos, existían las posiciones más radicales de CNT y FAI, que abogaban por el comunismo libertario.

Soldados rebeldes desfilan durante la Sanjurjada.

Soldados rebeldes desfilan durante la Sanjurjada.

Esa radicalización se fue cristalizando en diferentes alzamientos, intentonas y revoluciones a lo largo de los primeros años de la II República. Es el momento de la insurrección anarquista (enero y diciembre de 1933), la huelga general revolucionaria (1934) o la anterior Sanjurjada (1932).

Las elecciones y la violencia política

Con este clima irrespirable se llegó a las elecciones de 1936. Esas en las que dos grandes bloques de partidos de izquierdas y derechas se enfrentaron al 50% y que ganaron los primeros por un margen muy escaso. Esa poca diferencia, esa igualdad de fuerzas, derivó en el encendido de la mecha para que la bomba explotara: la violencia política.

Ataques, atentados, asaltos… Las milicias de jóvenes de derechas (principalmente de Falange Española y carlistas) y de izquierdas (socialistas, comunistas y anarquistas) sucedían unos ataques tras otros. Algunos sin víctimas mortales. Otros con fallecidos. Excusas perfectas para los que pensaban en la sublevación, alegando falta de control de la sociedad por parte del Gobierno del Frente Popular.

Foto 3

Entierro de José Calvo Sotelo, asesinado unos días antes del inicio de la Guerra Civil.

Entonces, el vaso colmó con las gotas que faltaban. Andrés Sáenz de Heredia, primo del mismísimo José Antonio Primo de Rivera, fue asesinado. Las múltiples represalias desde la derecha terminaron con el socialista José del Castillo, al que se le acusaba del crimen, también asesinado. Encontrando su respuesta en otro asesinato, el del  diputado de Renovación Española, José Calvo Sotelo. Lo siguiente, fue el golpe militar.

Aprender del pasado

Y es que no hay que olvidar, siendo simplistas, que la causa principal del inicio de la Guerra Civil Española fue ese y no otro, un golpe de Estado comenzado desde el Ejército. Desde ese momento, comenzaron tres años de batalla que fueron seguidos por 40 años de dictadura.

Pero como se decía al principio, lo bueno de conocer la historia es que se puede evitar cometer los mismos errores. No sólo en el propio conflicto armado, sino en las actitudes que lo provocaron. Por ello, en la España actual de intensa confrontación política, la confrontación es únicamente política. A nadie se le ocurre, ni tolerará, que alguien pueda pasar de ahí.

Send this to a friend