El fenómeno Netflix ha llegado para quedarse. Ahora hay que tratar de entenderlo. A primera vista podría parecer la suma de unos grandes contenidos mezclados con una buena gestión de los mismos unido a una gran fuerza publicitaria. Sin embargo, el éxito de Netflix reside en un componente más estadístico.

Un catálogo ingobernable, en el que nunca puedes volver atrás. No hay opción de visualizar el total de los contenidos que ofrecen. Esto genera la falsa sensación de que eliges lo que ves. Su fuerza reside en la brutal fuerza del análisis de datos, una bigdata propia que hacen que te conozcan mejor que tú mismo, o eso creen. A la vista de los resultados parece que están en lo cierto.

La fórmula de la complacencia

Gran gestión de información para conocer al cliente; Netflix no busca espectadores, busca clientela. Utiliza ese mar de datos para atraer, convencer y mantener los soldados en sus filas. Conseguido, rotundo éxito. Con este método hay grave riesgo de generar una cultura únicamente nacida para complacer. El elemento sorpresivo, subversivo y rupturista no interesa. Ofrecer lo que la ciencia dicta que va a gustar sin el menor remordimiento, la sublimación de la época de audiencias televisivas. «Démosle al público lo que quiere».

Fotograma de Moneyball: rompiendo las reglas

Fotograma de Moneyball: rompiendo las reglas

Curiosamente, en ese laberíntico catálogo encontramos la película Moneyball: Rompiendo las reglas (2011), de Bennett Miller. Brad Pitt interpreta a un director deportivo de un modesto equipo de béisbol que utilizando la matemática y la estadística convierte a ese equipo en ganador. Finalmente no logrará ninguna victoria, porque siempre faltará en la matemática la pasión y la pulsión necesarias, pero revolucionó ese deporte para siempre.

Con Netflix pasa algo parecido. A través de ese logaritmo han alcanzado un éxito innegable pero carente de lo que siempre ha hecho grande al cine, la capacidad de innovar y sorprender.

Netflix: medios de producción

Otro acierto de la empresa americana ha sido la inversión en producción propia. Creando así ese ansiado LoveMark y ese ejército de fieles pegados a la pantalla. No es de extrañar que su primera producción a nivel nacional haya sido 7 años (2016) de Roger Gual, con una temática de rabiosa actualidad: fraude fiscal, empresarios corruptos, moralidad económica y con Paco León, símbolo nacional de distribución alternativa con Carmina o Revienta. A nivel televisivo nos traerán el drama de época Las Chicas del Cable, también muy acorde con los gustos televisivos actuales.

Fotograma de 7 años

Netflix a golpe de azada abre camino, pero HBO ya está aquí y Movistar+ se subirá a este caballo ganador. Ojalá aparezcan otro tipo de actores o que, por lo menos, de la competencia surja otro tipo de propuesta que no esté basada en crear clientes audiovisuales a golpe de logaritmo. Producción libre de matemáticas.

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