Brexit. No hay vuelta atrás. Gran Bretaña dejará de pertenecer a la Unión Europea porque sus ciudadanos lo han querido. Da igual lo que hayan votado los jóvenes, los mayores, los escoceses, los galeses o los gibraltareños. Una mayoría es una mayoría y la democracia es así.

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Banderas británicas y europeas ondeando juntas. Fuente: oirealtor.com

 Y es que si alguien iba a irse eran precisamente los británicos. No se sabe si por ser una isla, porque fueron imperio o simplemente por su carácter, pero siempre les ha gustado ir a su aire: Conducir por la izquierda, medir en pulgadas en vez de en centímetros, pesar en libras y no en kilos… Detalles del día a día que marcan una tendencia.

 

El socio extraño

Esta actitud también se ha visto dentro de la Unión Europea antes del Brexit, convirtiendo a Gran Bretaña en una especie de socio incómodo y extraño. Como si fuera ese vecino que en las reuniones de una comunidad siempre está exigiendo que cambien esto o lo otro porque a él le viene mejor, en contra del beneficio común.

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El todavía primer ministro británico, David Cameron. Fuente: excelaviation.ie

 

El caso más flagrante fue su no adhesión a la unión monetaria. En el mayor símbolo de unión entre los Estados miembro hasta la fecha, uno de los más importantes se quedó fuera. Algo, cuanto menos, sintomático. Pero no hay que olvidar el cheque británico, esa compensación anual que reciben por no beneficiarse de la Política Agraria Común (PAC).

A esto se le suma el control fronterizo, las políticas sociales, la Carta de Derechos Europeos… Todas ellas cuestiones en las que Reino Unido jugaba con otras normas en la UE, puntos recogidos en las conocidas como cláusulas opt-out.

Las causas del Brexit

Tras todo esto, el Brexit llegó. Y lo peor son las causas. Ya no la motivación del primer ministro Cameron para convocar el referéndum, buscando reforzar su posición en el Partido Conservador, sino los motivos que han llevado a los británicos a votar que sí.

Y sí, el motivo principal es la inmigración y el cierre de fronteras. Es en lo que se han apoyado ‘personajes’ como Boris Johnson o Nigel Farage, rascando en el miedo y la incertidumbre que generaba entre sus compatriotas la amenaza terrorista y la crisis de los refugiados.

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Boris Johnson, uno de los políticos que más han luchado por el “Brexit”. Fuente: ibtimes.com

 Pero no ha sido el único motivo. A Reino Unido le parecía muy bien un mercado único europeo, del que se ha beneficiado durante décadas. Lo que le costaba más era la unión política, la solidaridad entre Estados, el camino hacia una legislación cada vez más común. Más derechos, menos deberes.

Por cuestiones como estas los británicos no dejaban de presionar al resto de socios, con unas negociaciones tras otras, en las que a Reino Unido siempre le parecía lograr poco mientras que la UE pensaba que daba demasiado. Y al final, se rompió la baraja.

Sus consecuencias

Todo el mundo se pregunta qué va a pasar ahora, cuando hayan pasado los ‘revolcones’ económicos que se están llevando los británicos. Y el resto de europeos, en menor medida.

También es fácil pensar en un arrepentimiento, cuando vean que la UE juega a un juego propio a la hora de comerciar, mientras Gran Bretaña tendrá el mismo estatus que otros países como Marruecos, China o Papúa Nueva Guinea.

Pues Brexit es Brexit, y cuanto antes ocurra mejor. Sobre todo para los demás, porque la respuesta tiene que ser más Unión Europea. Ahora que no está ese vecino “tocapelotas”, el camino andado para una mayor unión política por una Unión Europea real, de europeos iguales entre sí a todos los niveles, tiene que seguir dando sus pasos.

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Jóvenes británicos, incrédulos ante los resultados del referéndum. Fuente: noticiasmvs.com

 

Vendrán los nacionalistas de turno como los Le Pen, Wilders o Salvini pidiendo también referéndums. Pero Francia, Holanda o Italia no son Reino Unido. Nunca han sido ese socio extraño y sus ciudadanos lo saben. Y lo sienten.

Todo se ha analizado ya en todos los foros. Economía, política, sociedad… De todo se ha hablado. Pero hay una cuestión igual de importante que se está dejando atrás: la romántica. No hay que olvidar que el germen de la UE fue el deseo de todo un continente por no volver a sufrir una guerra que lo destruyera, que las relaciones entre Estados dejaran de ser bélicas para pasar a ser amistosas. Por no decir fraternales.

Pero la Unión Europea seguirá sin Gran Bretaña. La idea que la sostiene es mucho más poderosa, porque se sustenta en el deseo de una sociedad que se siente tan europea como de su propio país. Eso sí, siempre se recordará que su primera piedra fue aquel discurso de Winston Churchill pidiendo unos Estados Unidos de Europa.

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