Heteropatriarcado para dummies inquietos

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“Heteropatriarcado”, esa palabra que algunos descubrieron en un cartel de la facultad, otros encontraron en los sucesos de sus vidas y no pocos habrán oído por primera vez al hilo de la actualidad. Brilla por su ausencia en el DRAE y la Fundéu acaba de incorporarla a su base de consultas.

Vía http://wickedtrick.tumblr.com/post/36215339771

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Escribir la palabra “heteropatriarcado” en cualquier procesador de texto dicta un interesante ejercicio de metáfora: según los parámetros del procesador, aparece marcada con la línea roja de los errores ortográficos o palabras extrañas que deben cambiarse u omitirse. Así funciona el heteropatriarcado: aplica la supremacía masculina y la presunción de la heterosexualidad para detectar, marcar, anular y/o cambiar todo aquello que no responde a la norma.

A veces, esa línea es tan obvia que mancha de rojo, como en el crimen de odio perpetrado en Orlando, movido por una homofobia acaso internalizada. Otras, la línea parece invisible. Los críticos de este orden social denuncian sus efectos en el pasado, su influencia en el presente y su proyección en el futuro.

Estado, colonización, jerarquía social y heteropatriarcado

En su aportación al volumen The Oxford Handbook of Feminist Theology, la profesora estadounidense Andrea Smith (Universidad de California, Riverside) realiza una interesante reflexión sobre la estrecha relación entre estos términos. Para esta autora, las políticas queer “urgen a ir más allá de la simple tolerancia a la comunidad homosexual para analizar cómo el heteropatriarcado estructura la supremacía blanca, el capitalismo y el colonialismo.

vía http://lsiete.tumblr.com/

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Tras indicar cómo en EE.UU. la derecha cristiana ha asociado el bienestar del imperio al de la familia heterosexual tradicional, Smith afirma que “el heteropatriarcado es la lógica que normaliza la jerarquía social”: las élites de la nación-Estado gobiernan a sus ciudadanos y el patriarca manda en la familia. La autora ejemplifica en los pueblos nativos de los EE.UU. la dominación colonial a través del patriarcado y la jerarquía social.

El binarismo de género, pilar del heteropatriarcado, fue otra motivación de los colonizadores para atacar a aquellos pueblos indígenas en los que habían existido múltiples géneros. Smith denuncia “la violencia de género como arma fundamental del colonialismo y la supremacía blanca”: la violencia sexual es una forma de violar y despojar a un pueblo de su identidad, invadir sus tierras y apropiarse de sus recursos. Dado el papel del colonialismo en el desarrollo del capitalismo, la reflexión histórica parece saludable.

Heteropatriarcado y normalización

Los transexuales necesitaron a Caitlyn Jenner para ser actualidad. La asexualidad cosecha burlas e ignorancia en las redes sociales. El colectivo homosexual continúa luchando por una institución matrimonial en la que el machismo sobrevive en la ceremonia nupcial o la cuestión del apellido, entre otras. La violencia de género y las agresiones basadas en la discriminación referente a la identidad sexual son lacras del siglo XXI. Para muchos, “feminismo” es aún una mala palabra.

Todos son ejemplos válidos también para las sociedades occidentales, paradójicamente caracterizadas por una diversidad que algunos juzgan como superficial. El barniz engañoso de las tendencias, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento oculta las señas de un sistema social aceptado por la mayoría, incluso por aquellos sensibilizados con la justicia social. Occidente cree erróneamente que la represión, devaluación y normalización forzosa de lo diferente o “extraño” (significado original de la palabra queer) solo subsisten en las religiones a las que demoniza y las regiones lejanas del mapa.

Vía queergraffiti.tumblr.com

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Cambios en el código penal español

Pero la lucha contra el heteropatriarcado no es una consigna de guerra. Sus claves son la educación y el cambio de las estructuras sociales y jurídicas para lograr la inclusividad y el respeto a la diversidad y complejidad humanas.

En España representó un pequeño paso adelante la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, modificación de su predecesora de 1995 en el Código Penal. Con ella se introdujo el agravante que explica el artículo 4º: “Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su discapacidad.»

¿Es necesario el debate? Los últimos titulares de prensa así lo indican.

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