Breve historia del Demonio

La Historia de la Humanidad, según se recoge en el bíblico libro del Génesis, da comienzo con la caída del hombre ante las persuasivas palabras del Demonio a la hora de degustar el fruto prohibido del vetado Árbol del Bien y del Mal. A lo largo de la historia, la seducción satánica deja su impronta en leyendas y tradiciones no tan populares como se pudiera creer.
El término Satanás deriva del árabe Shayatân. En la tradición existen numerosas maneras de denominar el demonio: Asmodeo, Lucifer, Barrabás, el Ángel Caído, Belcebú….

El Demonio en el Génesis
Adán y Eva, Rubens. cvc.cervantes.es

Si el foco se dirige hacia el Renacimiento y el Barroco, época de esplendor en España, los demonios son entes integrados en el mundo. Lo que hay que distinguir entonces es la magia blanca, llamada teúrgia, y la magia negra, o goecia. Aquellos que sean de la generación de finales de los 80 y muy principios de los 90 redordarán la película Merlín el Encantador de la factoría Disney. Madame Mim y Merlín ofrecen un ejemplo, simplificado pero harto eficaz, del enfrentamiento entre estos dos tipos de magias.

magia blanca y magia negra
Merlín el Encantador

Entre los siglos XVI-XVII se imprimen multitud de libros sobre el demonio y la hechicería, por lo atractivo del tema para el público de la época. Pero Plutarco en su tratado De la superstición escribía en el siglo I d. C.: “La superstición mete el terror en el espíritu humano a quien consterna y deprime, porque piensa que existen los dioses en hecho de verdad, pero que son huraños, agrios y dañinos. No hay miedo que más aparte de toda actividad y que más obligue a vacilaciones como el originado por la superstición”.

Siglos después sus palabras caían en el olvido y ven la luz los libros como Disquisiciones mágicas, del jesuita Martín del Río, Tratado de las supersticiones del padre Castañega o el libro del maestro Ciruelo, Reprobación de las supersticiones y hechicerías. Y en absoluto esos autores deben sonar a personajes del populacho. Estos tres escritores fueron doctos personajes de ciencia que pretendían adoctrinar al público con sus estudios.

El teólogo Ciruelo afirmaba: “El Diablo se hace presente a veces con estruendo incluso en casas de religiosos; da golpes a puertas y ventanas; mueve cantos y piedras; quiebra ollas, platos y escudillas. Otras veces viene a la cama donde duermen las personas y les quita la ropa de encima y les hace algunos tocamientos deshonestos”.

El demonio: todo un Casanova

Era irrefutable la creencia de que el demonio mantenía relaciones sexuales con los seres humanos. Martín del Río cuenta la anécdota en la que una doncella, mientras rezaba sola en una capilla, fue testigo de la aparición de Satanás en la forma de un resplandeciente ángel. Asegurándole que era siervo de Dios, “se ajuntó con ella y tuvo acceso. Vuelta a su casa, empezó a echar de ver que le crecía la barriga (…) Al fin parió, en vez de una criatura humana, un gran montón de gusanos vellosos, de tan horrible figura que pasmaban a quien los miraba y echaban de si tan terrible hedor que no lo podían sufrir”. Había sido engañada por el padre de los Engaños, Satanás.

Como esta doncella, el padre Navarro ilustra un caso en el que una religiosa llamada Magdalena de la Cruz estaba espiritada por el diablo. “Abría puertas y ventanas sin ayuda de sus manos, en el aprieto del invierno tenía rosas, y nieve en el calor del verano”.

Lilith, mujer y bruja
Lilith, John Collier

Casos como este abundan en los testimonios de la época. No debe sorprender, pues de entre los adeptos de Satanás sobresalen sin duda alguna las brujas. Estas eran condenadas a la hoguera, acusadas de ser siervas del demonio y de mantener relaciones sexuales con este.

Montearagón pensaba lo siguiente sobre las brujas: “El sexo femenino es más flaco de cabeza y las cosas naturales o ilusiones del Demonio las tienen por del Cielo y de Dios; sueñan más que los hombres y piensan que son verdades apuradas (…) son más imaginativas que los hombres, pues como tengan ellas menos de juicio y discurso y menos prudencia, más se inclina el Demonio a engañar a las mujeres con aparentes y falsas imaginaciones, revelaciones y visiones”.

Extraordinarios casos de brujas circulan por los pliegos de estos siglos. Por ejemplo, una crónica de la época recogida por el duque de Maura describe cómo una tal Catalina Mateo festejaba el nacimiento de un bonito bebé que habían tenido sus vecinos. Pidiendo harina a la madre, esta se la negó. Al día siguiente encontraron al niño “quebrados los brazos y por los riñones, torcidos los rostros y arrancadas sus vergüenzas y hechas otras muchas crueldades en él”. Catalina fue acusada de bruja.

Y como con este bebé, muchos otros infanticidios se notificaban. Era señal indudable de hechizo cuando el niño aparecía con “los muslos acardenados, vacías y negras de sangre sus partes, que parecía chupado de brujas y apretado con la boca, como es notorio que las brujas matan y hieren”, según el testimonio de dos cirujanos.

En 1640 opinaba Luisa de Padilla, condesa de Aranda, en su Elogios de la verdad e invectiva contra la mentira: “Los hechiceros y mágicos matan casi tanta gente [son sus maleficios y hechicerías] como las enfermedades; y muchas de estas, pareciendo naturales no lo son, ni los médicos las conocen”. Más adelante expone el caso de una bruja a la que ahorcaron, que ella sola “auia muerto ochozientas personas”.

Política y embrujos

Importantes figuras de la política de la época creían ciegamente en los poderes mágicos. El Conde-Duque de Olivares, en el vaivén de su difícil posición política como favorito de Felipe IV, recurría a los oráculos y magia de las hechiceras para conservar su estatus. La gente rumoreaba que en su muleta portaba un demonio del cual se ayudaba para caminar.

El Conde-Duque se dice que ejercía un notable poder sobre el rey Felipe IV, el cual era objeto de sus hechizos. En Avisos de Barrionuevo se recoge que “el tiempo santo ha hecho descubrir un hechizo puesto al rey en un espejo donde siempre se miraba al pasar. Dícese lo entregaron al fuego y que se calla por razones de Estado”.

En un despacho dirigido a Luis XIV en 1688 se sostiene que si los reyes no tienen descendencia, se debe esto al maleficio de un hechizo. Se aconseja en la carta que los reyes, en cueros, reciban los exorcismos de un fraile que les apoye en la ceremonia contra la esterilidad.

Duque de Olivares, supersticioso hechicero
El Conde-Duque de Olivares, Velázquez

Un cronista de Carlos II escribe que, estando el rey muy enfermo, la gente comenzó a sospechar que estaba maleficiado. Preocupado, tras juntas de médicos y viendo que sus remedios no eran eficaces, llegó a pedir ayuda al inquisidor general en 1698, rogándole cautela al tratar este hecho. Si la medicina no funcionada, aquello era cosa del demonio.

Vestigios de un pasado supersticioso

En la actualidad permanecen indicios de estas supersticiones. En Galicia, la popular cerámica de Sargadelos fabrica manos cerradas con un puño de donde sobresalen dos dedos. Estas son llamadas las “figas”. La tradición de este gesto de la higa se vuelca en la Antigua Grecia. En aquellos tiempos, cuando uno sospechaba que estaba siendo víctima de un mal de ojo o “aojamiento” al ver a alguien fijar su mirada con malicia, era imperativo levantar los dedos índice y corazón formando una V. Hacia abajo representaba el sexo masculino, apuntado hacia arriba el femenino.

Este gesto, mostrado al atacante le salvaba a uno de ser víctima del mal de ojo. Los síntomas no iban más allá de unos dolores de cabeza, gripes o mareos. Se suponía que los niños eran las víctimas más factibles. En Colombia esta mano salvadora se coloca en pulseritas que se distribuyen a los niños pequeños, para su protección.

Cabe destacar que en todo el mundo solo existen dos esculturas dedicadas a esta figura satánica. Una está localizada en Ecuador y la otra, en el parque del Retiro, en Madrid. Sólo existen dos representaciones conocidas. Se demuestra así el supersticioso respeto que todavía se atesora hacia esta popular e histórica figura. Y es que, en pleno siglo XXI, en ocasiones el diablo también se asoma.

El Demonio en el Retiro de Madrid
El diablo, Madrid. viendomadrid.com
Alicia Louzao

Exácticamente soy licenciada en Filología Hispánica y Filología Inglesa con Máster en Literatura. Los momeraths me llevaron de Madrid a Londres. Hago mi tesis doctoral sobre la literatura de los Siglos de Oro.