Jane Eyre Bertha Mason
Fan Xiaofeng, Wu Husheng y Xiang Jieyan en Jane Eyre (Shanghai Ballet Company), foto por Dave Morgan || dancetabs.com

Flores, deseo y alcohol: la precuela de Jane Eyre

Hay un personaje dentro de Jane Eyre, la novela de Charlotte Brontë, que despierta la curiosidad desde antes de su aparición física. Un personaje oscuro, apenas un borrón de lo que fue una vez. Un personaje que, además, se ha considerado el doppelgänger de la propia protagonista. Antoinette Cosway, o Bertha Mason, tuvo una vida antes de convertirse en una sombra. Jean Rhys le dedicó toda una novela, le rindió un homenaje a esa mujer loca encerrada en un ático. Un tributo, pero a su manera.

Jane Eyre Bertha Mason
Fan Xiaofeng, Wu Husheng y Xiang Jieyan en Jane Eyre (Shanghai Ballet Company), foto por Dave Morgan || dancetabs.com

Wide Sargasso Sea, o El ancho mar de los Sargazos, cuenta la historia de Antoinette desde su infancia. Por aquel entonces, su apellido era simplemente Cosway y el lector puede observar la variación de estos a medida que su vida cambia: Mason, Rochester… Incluso la variación de su nombre, pues su marido decide llamarla Bertha de la noche a la mañana, sin justificarlo especialmente. Todos los cambios que experimenta Antoinette están fuera de su propio control, y apenas tiene voz ni voto.

Bertha: sangre y colonialismo

La sangre mestiza de Antoinette es la fuente de todo mal. Además, y como no podía ser de otra forma, es rechazada por ello. Rechazada por ambas sangres, ambas versiones más puras que la suya. No forma parte de ninguno de los dos grupos sociales, de indígenas y blancos. O al menos no de forma plena. Su riqueza la convierte en producto de transacciones en vez de empoderarla. Antoinette se encuentra en una especie de estado fronterizo, acudiendo a términos de Gloria Anzaldúa en su Borderlands.

Mestizaje Bertha Mason
Portada de Wide Sargasso Sea (fragmento). || penguin.co.uk

La crítica Gayatri Spivak, especializada en feminismo y poscolonialismo, señala un ejemplo de esa especie de colonialismo machista que Rochester ejerce sobre Antoinette. Una dominación, un colonialismo light, más o menos sutil. Y es que él mismo le cambia el nombre a su esposa: Antoinette es ahora Bertha, y ella lo detesta. De hecho, se lo dice expresamente, pero él opta por ignorarlo e insistir en ese cambio de nombre. La imagen de Antoinette no hace sino deteriorarse a medida que pasa el tiempo, por lo que su identidad queda a merced del criterio de su marido, que se balancea entre sus propias mentiras y las de los demás.

La construcción de la mala mujer

Antoinette se ha movido siempre dentro del caos y del abandono. Y es que ese abandono, ese caos, comienzan desde su infancia. Tiene una familia disfuncional: un padre muerto, una madre distante y un hermano pequeño desprotegido. Además, el propio entorno favorece el aislamiento y el abuso. Las compañías de Antoinette cambian con mucha velocidad, incluso se vuelven contra ella. La construcción de una personalidad en semejante contexto resulta complicada. Todo ello sin olvidar dos elementos extra: es mujer y es mestiza.

Estos dos elementos se combinan para construir el concepto de locura que se identifica en el personaje de Charlotte Brontë. Antoinette tiene comportamientos cada vez más compulsivos a medida que fluye la novela. No ahoga sus penas en alcohol, ella misma desea ahogarse en él de cierta forma. Su deseo sexual tampoco parece encajar en el estereotipo de esposa decente, por lo que su marido, una vez agotada la emoción inicial, acaba por aburrirse. De hecho, Rochester emplea el manido mecanismo de hacerse la víctima, y así achacarle todos sus problemas a la mezcla de sangres de su esposa.

Jane Eyre Bertha mason
Ilustración de F. H. Townsend para la segunda edición de Jane Eyre en 1847. || overthinkingit.com

El ático de la vergüenza

Jean Rhys conecta la parte final de la novela con uno de los episodios de Jane Eyre que el lector no llega a conocer de primera mano, solamente a través de Rochester o de otras voces. Antoinette es aislada una vez más, esta vez por su marido y de forma total. Él lo guarda en secreto y vela por que nadie lo descubra. Intenta rehacer su vida en varias ocasiones, y Rhys prepara el terreno para su enlace con Jane Eyre.

Pero existe un problema: el secreto está vivo. Antoinette no es un hecho o unas palabras que puedan silenciarse. Es una prisionera viva, una persona que tiene la capacidad de sufrir, a pesar de que su sufrimiento parece emborronarse con la excusa de su locura. Rochester toma una decisión. Pero la solución menos mala, esto es, encerrar a Antoinette en el ático de su propia mansión en vez de internarla en un sanatorio mental, promete no tener un buen final. La verdad, como la naturaleza, se abre camino.

Cristina Lizarbe

Letras, cocina, perros, traducción (en orden de prioridad, o no). "What kind of talking was that coming from a woman?