Verano de 1890. A Charlotte Perkins Gilman se le ocurre escribir un pequeño relato, uno muy breve, sobre un temible papel de pared de color amarillo. Año y medio después, en enero de 1892, la escritora lo publica por primera vez bajo el título de The Yellow Wallpaper. Sin embargo, y pese a la potencia de su escritura, este relato fue casi olvidado durante décadas. The Yellow Wallpaper cobró su merecida importancia hacia los años 60 y 70, en pleno brote de estudios literarios posmodernos y, sobre todo, feministas.

Charlotte Perkins Gilman. || www.lashistorias.com.mx

Charlotte Perkins Gilman. || Fuente: lashistorias.com.mx

A pesar de que tiene una extensión de apenas unas nueve páginas, este pequeño relato posee un carácter y una fuerza que resultan algo chocantes. Más de una vez es obligado echar un vistazo, otro más, a su fecha de creación. Sí, es de 1890. The Yellow Wallpaper es un gran remedio para todos aquellos que rechazan obras no contemporáneas por lo críptico o anticuado de su lenguaje. Perkins Gilman escribe de forma fluida, rápida. Se muestra cortante en ocasiones y no hace descripciones eternas y pesadas.

The Yellow Wallpaper, basado en hechos reales

El argumento de esta historia no es sencillo de explicar. De hecho, es recomendable tener una mínima idea del contexto social, médico o cultural de esa época. De esta forma se podrá entender, por ejemplo, la terapia que se le impone a la narradora. Ella, cuyo nombre se desconoce, sufre una serie de trastornos que afectan a sus nervios y a su ánimo. No es un secreto que la propia Perkins Gilman se inspiró en su propia depresión posparto para escribir este relato.

También se basó en la desastrosa terapia de descanso que siguió para tratar la enfermedad. Tanto la autora como la narradora padecen el confinamiento, esta última en una especie de ático de suelos destrozados y ventanas con barrotes. Sin embargo, lo ofensivo para la protagonista de la historia es un papel pintado de estampados grotescos y que, además, se cae a trozos. A medida que pasa el tiempo se siente más amenazada por esas paredes amarillas, un hecho que simboliza su propio declive mental. Y es que la terapia es más bien inútil.

Imagen representando la locura de la protagonista. || Fuente: wallpaperinfinity.com

Imagen representando la locura de la protagonista. || Fuente: wallpaperinfinity.com

Cura y castigo

Además del confinamiento, otro de los consejos de la terapia es el cese absoluto de la actividad intelectual y creativa. La paciente debe reprimir cualquier brote de la imaginación que pueda poner en peligro esa desconexión total que se le ha prescrito. Nada de escribir, nada de recibir visitas que puedan dar rienda suelta a su mente. Y esto tortura a la protagonista, igual que torturó a Perkins Gilman en su momento. Una vez superada la depresión por unos medios completamente distintos, la escritora se encargó de enviarle una copia del relato a su antiguo médico.

El aislamiento y la mutilación de la creatividad hacen que el problema se agrave. Lejos de ser un remedio, estas dos prescripciones suponían un auténtico castigo para la paciente. Lo que escuece no siempre cura, y escritoras como la autora de este relato y Virginia Woolf dieron fe de ello. Tratar un problema introduciendo al que lo sufre en un medio completamente hostil para él y mutilar parte de su personalidad solo pueden conducir al desastre.

Portada época de <em>The Yellow Wallpaper</em>. || www.bbc.com

Portada época de The Yellow Wallpaper. || Fuente: bbc.com

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