Música en streaming, ¿música que no escucha a los artistas?

Los fotomatones parece que han desaparecido porque si alguien no tiene una cámara en su móvil, debe pertenecer a la prehistoria, los e-books reemplazan poco a poco al olor y tacto de las paginas en los libros, las cartas románticas en los buzones están desfasadas porque son sustituidas por vídeo llamadas e incluso tenemos que acostumbrarnos a ver a nuestras abuelas hablando por Whatsapp.

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Al igual que nuestra sociedad ha cambiado principalmente por la irrupción de Internet, también lo ha hecho la forma en la que nos relacionamos con la música. Dejando atrás los vinilos e incluso los CD y dando paso a nuevas experiencias musicales, como el  streaming permitiéndonos escuchar de forma online los temas elegidos.

Existen múltiples portales para escuchar música online, sin embargo, algo de atractivo tiene la plataforma mundial Spotify si el Presidente Barack Obama o el Primer Ministro de Reino Unido, David Cameron, tienen una cuenta activa. En este ámbito, la manzana de Apple tampoco quiso quedarse atrás sin ser número uno, por eso, el pasado junio, la marca lanzó un nuevo sistema de música streaming llamado Apple Music. La gran diferencia entre ambos: Spotify cuenta tanto con un servicio gratuito como Premium mientras que Apple ofrece los tres primeros meses gratuitos y posteriormente de pago. Aquí radica también el número de usuarios que se decantan por uno o por otro, por ejemplo, entre los 75 millones de usuarios de Spotify, ‘solo’ 20 -millones- pagan por ese servicio.

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Es por eso que otro debate presente ante estos servicios se encuentra en la otra cara de la moneda: los artistas y sus intereses. ¿Se valora merecidamente el trabajo de los músicos? Cada vez más músicos están incluyendo a Spotify o Apple Music en sus estrategias de ventas y promoción ya que es una manera rápida y accesible para dar a conocer sus éxitos. Sin embargo, no ocurre lo mismo con otros artistas que defienden el valor y trabajo musical por encima de cualquier cosa.

Taylor Swift es una de las protagonistas en esta postura ya que retiró toda su discografía con la llegada de su último álbum 1989 de todos los servicios de streaming. La artista –una de las mejores pagadas del momento – fue duramente criticada ante esta decisión y escribió una carta abierta dirigida especialmente a Apple donde explicó  sus motivos. Era muy simple: en los tres meses de prueba gratuita, Apple no pagaría ni a los escritores, productores o artistas. No se trataba de ella, la compositora puede valerse sin problema de sus propios ingresos, era una carta en nombre de todos aquellos emprendedores y nuevos artistas que tratan de seguir adelante. Tal es la influencia de la cantante, que al día siguiente, Apple cambió su política atendiendo a Swift; creando así, un nuevo avance de música streaming con ciertos límites que respetan plenamente el trabajo de los artistas.nthrgf.jpg

¿Acaso no es lógico que alguien reclame el trabajo que ha realizado durante los últimos años? Que los tiempos hayan cambiado, es un hecho y que el mercado esté madurando, también. Pero eso no significa que los artistas deban permitir ‘regalar’ parte de sus éxitos.  En el negocio discográfico siempre existirá la romántica y eterna confrontación entre artistas (tachados de codiciosos) e internautas (tachados de justicieros y libertarios) pero está en nuestra mano saber reconocer los derechos que ciertos artistas reclaman, no por dinero (que también) sino por el futuro de la industria musical. Al igual que Apple no regala iPhones gratis, no podemos pedir a los artistas música gratis.

Sin WhatsApp y con vinilos nadie estaría descontento. En las cartas de los buzones no existen las últimas conexiones y en los discos tampoco los anuncios.

Claudia Legasa

Estudiante de Derecho y Periodismo en la URJC. La literatura, fotografía y música son el mejor ejemplo para demostrar que podemos hacer magia.